Si bien El sombrero de tres picos se enmarca en el realismo, hay en este cuento mucho de comedia costumbrista. Alarcón idealiza a sus protagonistas -el tío Lucas y la señá Frasquita- y embellece al máximo la relación entre ambos, envolviendo el amor conyugal en un halo de profundo calado poético. Incluso el molino en el que habitan y su entorno hacen las veces de locus amoenus y aportan un clima de felicidad extrema. El tono lírico que emplea Alarcón en el retrato de ambos personajes le sirve para poner de manifiesto que la auténtica belleza y la dignidad de las personas no depende de la clase social a la que se pertenece ni del físico corporal, y convierte a dos simples molineros en modelo de perfección humana.
Manuel de Falla publicó, en 1919, el ballet “El sombrero de tres picos”, y posteriormente una versión orquestal de dicha obra, con algunas variaciones (suites 1 y 2).
Suite núm. 1.
[TALLINNA RAHVUSVAHELINE NOORTEORKESTER/TALLINN INTERNATIONAL YOUTH ORCHESTRA, dirigent/conductor ÁLVARO GÓMEZ GÓMEZ].
Suite núm. 2.
[I. Danza del vecino (Seguidilla) II. Danza del molinero (Farruca) III. Danza final (Jota) Director invitado : Alfredo Rugeles Orquesta Filarmónica Nacional Concierto 25 años de carrera artística del Maestro Alfredo Rugeles. Sala José Félix Ribas. Teatro Teresa Carreño Caracas, 17 de Junio de 2007.
El lirismo en el retrato del señá Frasquita: la idealización romántica de la gracia andaluza.
Una mujer vista por fuera
[...] La señá Frasquita frisaría en los treinta años. Tenía más de dos varas de estatura, y era recia a proporción, o quizás más gruesa todavía de lo correspondiente a su arrogante talla. Parecía una Níobe colosal, y eso que no había tenido hijos: parecía un Hércules... hembra; parecía una matrona romana de las que aún hay ejemplares en el Trastevere. Pero lo más notable en ella era la movilidad, la ligereza, la animación, la gracia de su respetable mole. Para ser una estatua [de la antigüedad helénica], como pretendía el Académico [un abogado, correspondiente de la Historia], le faltaba el reposo monumental. Se cimbreaba como un junco, giraba como una veleta, bailaba como una peonza. Su rostro era más movible todavía, y, por tanto, menos escultural. Avivándolo donosamente hasta cinco hoyuelos: dos en una mejilla; otro en otra; otro, muy chico, cerca de la comisura izquierda de sus rientes labios, y el último, muy grande, en medio de su redonda barba. Añadid a estos los picarescos mohínes, los graciosos guiños y las varias posturas de cabeza que amenizaban su conversación, y formaréis idea de aquella cara llena de sal y de hermosura y radiante siempre de salud y alegría. [...]
La señá Frasquita [trasladada de Navarra a Andalucía por su matrimonio con el tío Lucas] no había adquirido ningún hábito andaluz, y se diferenciaba mucho de las mujeres campesinas de los contornos. Vestía con más sencillez, desenfado y elegancia que ellas; lavaba más sus carnes, y permitía al sol y al aire acariciar sus arremangados brazos y su descubierta garganta. Usaba, hasta cierto punto, el traje de las señoras de aquella época, el traje de las mujeres de Goya, el traje de la reina María Luisa si no falda de medio paso, falda de un paso solo, sumamente corta, que dejaba ver sus menudos pies y el arranque de su soberana pierna; llevaba el escote redondo y bajo, al estilo de Madrid, donde se detuvo dos meses con su Lucas al trasladarse de Navarra a Andalucía; todo el pelo recogido en lo alto de la coronilla, lo cual dejaba campear la gallardía de su cabeza y de su cuello; sendas arracadas en las diminutas orejas, y muchas sortijas en los afilados dedos de sus duras pero limpias manos. Por último: la voz de la señá Frasquita tenía todos los tonos del más extenso y melodioso instrumento, y su carcajada era tan alegre y argentina, que parecía un repique de Sábado de Gloria.
Habilidades de la señá Frasquita
La señá Frasquita, la pulcra, hacendosa, fuerte y saludable navarra, sabía, quería y podía guisar, coser, bordar, barrer, hacer dulces, lavar, planchar, blanquear la casa, fregar el cobre, amasar, tejer, hacer media, cantar, bailar, tocar la guitarra y los palillos, jugar a la brisca y al tute, y otras muchísimas cosas cuya relación fuera interminable. [...]
Apoyo léxico. Señá. Pronunciación vulgar de señora. Frasquita. Hipocorístico para referirse a Francisca. Frisar. Acercarse. Más de dos varas de estatura. Cerca de 1,70 m [La vara, como medida de longitud, se usaba en distintas regiones de España, con valores diferentes que oscilaban entre 768 y 912 mm]. Recia a proporción. Fuerte, gruesa en proporción a su altura. Níobe. Tuvo catorce hijos con su esposo Anfión, rey de Tebas; hijos que fueron muertos por Apolo y Diana. Tal fue su dolor que se convirtió en roca (Ovidio, Metamorfosis, VI, 147-312). Hércules. Hijo de Júpiter y Alcmena, célebre por su fortaleza. Trastevere. Barrio de Roma, en la orilla derecha del Tíber. Mole. Volumen o corpulencia grandes. Académico correspondiente de la Historia. Miembro no numerario de la Academia de la Historia, con residencia fuera de la sede de la misma, y que colabora con ella por correspondencia. Donosamente. Con gracia. Hoyuelo. Hoyo que se forma en el centro de la barba o en la mejilla, cerca de la comisura de la boca, al reírse. Mohín. Mueca o gesto. María Luisa de Parma (1751-1818). Esposa de Carlos IV. Falda de medio paso. La que, por su estrechez, no permitía dar ni siquiera un paso completo. Campear. Distinguirse o destacarse de manera clara. Arracada. Arete con adorno colgante. Sábado de Gloria. Precede al Domingo de Resurrección, y se celebra con repiques de campanas en las iglesias. El cobre. Los utensilios de cocina fabricados con este metal. Hacer media. Hacer punto. Palillos. En Andalucía, castañuelas. Brisca. Juego de naipes, parecido al tute, en el que ser reparten tres cartas a cada jugador y se descubre otra que indica el palo del triunfo. Tute. Juego de naipes -con baraja española- en que se cantan triunfos reuniendo caballos y reyes.
COMENTARIO.
La descripción de la señá Frasquita evoca una escultural figura mitológica, de acuerdo con un canon de belleza que, por lo demás, resulta frecuente en la novelística de la época, y en el que se combinan belleza, fuerza, bravura, lozanía...; y de ahí la plástica y triple comparación que emplea Alarcón, haciéndola parecer “una Níobe colosal” [1], aun sin haber tenido hijos; “un Hércules... hembra” -adviértase la eficacia de los puntos suspensivos, que no interrumpen el discurso, sino que tienen una intención enfática o expresiva, para alargar entonativamente un texto, introduciendo, además, una pausa transitoria que expresa suspense-; y una matrona romana de las que aún pueden verse en el barrio romano situado en la orilla derecha del Tíber, el Trastevere. Sin embargo, Alarcón muestra su disconformidad con el juicio de un abogado, Académico correspondiente de la Historia, pues aun cuando su enorme corpulencia no le restaba “la movilidad, la ligereza, la animación, la gracia”, no obstante, carecía del sosiego necesario como para que se la pudiera considerar como una estatua de la antigüedad helénica (“le faltaba el reposo monumental”); y de ahí otra plástica y triple comparación: con el junco, que se cimbrea; con la veleta, que gira; y con la peonza, que baila. Además, la movilidad de su rostro le restaba carácter escultural.
Y a la donosura de los cinco hoyuelos que daban viveza a su rostro, había que añadir “los picarescos mohínes, los graciosos guiños y las varias posturas de cabeza que amenizaban su conversación”, que lo hacían más gracioso, hermoso, radiante, saludable y alegre. Las construcciones paralelísticas son ahora más evidentes:
* determinante artículo [A]+adjetivo [B]+nombre [C]:
“los [A1] picarescos [B1] mohínes [C1]”;
“los [A2] graciosos [B2] guiños [C2]”;
“las [A3] varias [B3] posturas [C3] (de cabeza)”.
* nombre [A]+adjetivo [B]+preposición [C]+nombre [D]
+conjunción [E]+preposición [F]+nombre [G]:
“cara [A1] llena [B1] de [C1] sal [D1] y [E1] de [F1] hermosura [G1]”;
“(cara) [A2] radiante [B2] de [C2] salud [D2] y [E2] (de) [F2] alegría [G2]”.
Y Alarcón introduce una variante en el tiempo y modo verbal: hasta ahora, la mayor parte de los verbos se encuentra en tercera persona del singular del pretérito imperfecto de indicativo: era (tres veces como verbo copulativo), parecía (tres veces como verbo copulativo), pretendía, faltaba, se cimbreaba, giraba, bailaba (el condicional frisaría tiene valor hipotético; y carácter imperfecto tiene, igualmente, el gerundio avivándo[lo]; mientras que el pretérito pluscuamperfecto de indicativo había tenido posee, como tiempo compuesto, valor perfectivo). Sin embargo, en este último periodo sintáctico irrumpe la segunda persona del plural, ya sea del presente de imperativo (añadid), ya sea del futuro simple (formaréis), lo que implica que Alarcón se está dirigiendo directamente a los lectores, logrando hacer más viva en su mente el retrato de la señá Frasquita -“la pulcra, hacendosa, fuerte y saludable navarra”-, y más efectiva, por lo tanto, la interacción escritor-lector.
Seguidamente, Alarcón se detiene en la vestimenta de la señá Frasquita, sencilla desenfadada y elegante -es decir, sin ostentación ni adorno, y exhibiendo desenvoltura, así como buen gusto y distinción-; ataviada como las señoras de aquella época, con el traje de las mujeres pintadas por Goya, aunque con falda muy corta y estrecha que, no obstante, permitía dar un paso completo; y en cuanto al escote, era “redondo y bajo”, al estilo madrileño. Y, como atavío, además de “todo el pelo recogido en lo alto de la coronilla”, complementando su indumentaria llevaba pendientes en forma de aros metálicos con colgantes, y muchas sortijas. La descripción que hace Alarcón capta también algunos de los rasgos físicos de la señá Frasquita lo suficientemente significativos: cabeza y cuello garboso, orejas extremadamente pequeñas, dedos agudos, y manos fuertes siempre aseadas. Y, finalmente, y como ya hizo con el tío Lucas, Alarcón repara en su voz, de gran amplitud tonal, dulce y agradable al oído, capaz de emitir sonoras carcajadas similares a las del repique de campanas en Sábado de Gloria, comparación esta que destaca por su enorme y sugestiva expresividad.
Y si con respecto a las labores habituales de la señá Frasquita, de nuevo ha recurrido Alarcón a la acumulación de una gran cantidad de formas verbales para expresarlas -que se presentan, así, de forma paralelística en los retratos de ambos cónyuges, de manera que sus cualidades quedan perfectamente equilibradas, si bien no hay ninguna referencia al estatus cultural de la señá Frasquita, presentada como una solícita y diligente ama de casa, dedicada a tareas domésticas-. Sin embargo, hay que reconocer que son las habilidades extraordinarias del tío Lucas las que merecen una mayor atención por parte del escritor, que nos ofrece una perfecta semblanza psicológica de un personaje cuyos valores morales compensan sobradamente sus deficiencias físicas, y que se erigirá en contrapunto del Corregidor, figura por lo demás detestable, tanto física como moralmente, y que intentará, sin lograrlo, romper la felicidad de matrimonio.
NOTAS.
[1] La hermosa Níobe era hija de Tántalo y de Dione, además de esposa de Anfión, rey de Tebas, con el que tuvo siete hijos y siete hijas, por lo que presumía de fertilidad. Su orgullo la llevó a cuestionar que en la ciudad se adorase a Leto, que solo había tenido dos hijos (Apolo y Artemisa). Considerándose ultrajada, Leto le pidió a Apolo que acabara con los hijos varones, y este los mató a todos menos a uno -Amiclas, que había ofrecido plegarias a Leto-; y lo mismo hizo Artemisa con sus hijas, salvo con la más pequeña -Melibea, llamada Cloris a partir de la matanza, por su palidez en el rostro-. La pena hizo que su padre Anfión se suicidara y que Níobe se convirtiera en piedra.
En su viaje a Italia, Alarcón visitó los grandes museos italianos -tal y como recuerda en su obra De Madrid a Nápoles (de 1861)-, y probablemente contempló esculturas que representan a Níobe defendiendo a sus hijos.
Bibliografía.
Yánez, María-Paz: “Una lectura carnavalesca de El sombrero de tres picos”. Actas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas (AIH), 1995a). Volumen IV (Del Romanticismo a la Guerra Civil), págs. 293-301.
https://cvc.cervantes.es/literatura/aih/pdf/12/aih_12_4_039.pdf
Material audiovisual.
Pedro Antonio de Alarcón: El niño de la bola.
RTVE. En 15 episodios.
https://www.rtve.es/play/videos/el-nino-de-la-bola/nino-bola-capitulo-1/5669681/
Pedro Antonio de Alarcón: El clavo.
RTVE. En 5 episodios.
https://www.rtve.es/play/videos/el-clavo/clavo-capitulo-1/4859126/
Pedro Antonio de Alarcón: La pródiga.
RTVE. En 20 episodios.
https://www.rtve.es/play/videos/la-prodiga/
Pedro Antonio de Alarcón: La buenaventura.
RTVE.
https://www.rtve.es/play/videos/cuentos-y-leyendas/cuentos-leyendas-buenaventura/4329562/
Pedro Antonio de Alarcón. De "Historietas nacionales".
El carbonero alcalde.