LOS IMPRESCINDIBLES - Álvaro Bermejo

“EL UNIVERSO EN TU COPA”

Científicos en un observatorio siguen al cometa 3I/Atlas bajo una noche estrellada y lunar. (Foto: Imagen generada por inteligencia artificial - Cibeles AI).
Álvaro Bermejo | Sábado 03 de enero de 2026

Fue avistado durante el último verano sin que se supiera a ciencia cierta de qué se trataba. Un vertiginoso cuerpo celeste, cruzando a doscientos mil kilómetros por segundo la órbita de Júpiter. Nuestro tercer visitante interestelar después de 1I/Oumuamua y 2I/Borisov. Lo que llevó a bautizarlo como 3I/Atlas por sus siglas en inglés -Última Alerta de Impacto Terrestre de Asteroides-.



Hoy sabemos que no es un asteroide, sino un cometa. También que alcanzó su máxima cercanía con nuestro planeta el pasado 19 de diciembre, afortunadamente, sin impactar con nosotros. Un regalo navideño cargado de promesas de fin de año. No tanto acerca de nuestro futuro, sino en torno a lo esencial de lo que somos.

Desde tiempos inmemoriales los cometas han sido considerados mensajeros de vida y muerte. Al impacto de un asteroide se atribuye la extinción de los dinosaurios. Hoy se especula con que la de los neandertales pudo deberse a otra alteración astrofísica, el Evento Laschamps.

La cosmología moderna concilia paradojas: mira muy lejos para poder ver, no sólo muy atrás. También hacia el futuro que nos aguarda. Naturalmente, en magnitudes cósmicas.

En ‘Breves respuestas a las grandes preguntas’, Stephen Hawking se preguntaba si podría haber más vida inteligente en el universo. “Incluyendo a la especie humana”, matizaba, “a pesar de que su comportamiento viene siendo bastante estúpido”. 3I/Atlas llevó la conjetura al delirio cuando se detectó que “latía” cada 16,16 horas. Un “latido cósmico” avanzando hacia nosotros, y no sólo eso. Expulsaba moléculas clave para la vida en magnitudes descomunales. Apasionante, ¿verdad?

La ciencia ya ha resuelto el misterio de ese latido: se debe a la rotación de su núcleo y a la bolsa de hielo que alberga. Al cruzarse con la radiación solar cada 16,16 horas, eyecta nubes de gas hidroxilo, un indicador de vida. También con su paradoja. Esa misma ciencia que busca vida en el cosmos, ha conjeturado tres modelos para su final. Por un frío apagamiento -Big Freeze-. Por constricción -Big Crunch-. Y por desgarramiento -Big Rip-. Lo último que subsistirá, una vez que todas las estrellas sea apaguen, serán los agujeros negros, a la deriva en un frío sideral. Como para no abrigarse.

El latido cósmico de 3I/Atlas guarda un último mensaje -aunque seamos pequeños formamos parte de algo grandioso-, con dos variables. Las que contempló Arthur C. Clarke: Estamos solos en el universo o no lo estamos. “Y ambas posibilidades son aterradoras”. Pensándolo bien, vale para el aquí y ahora de cada cual. Feliz 2026.

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