EL RINCÓN DE LA POESÍA

Dámaso Alonso: De la poesía pura a la poesía “desarraigada” de corte existencial

DÁMASO ALONSO (1898-1990) [Retrato realizado en 1968 por Hernán Cortés]

Nuestro poema de cada día

Fernando Carratalá | Sábado 31 de enero de 2026

Poética, valoración global de la obra y significación de Dámaso Alonso. Entre el primer libro de Dámaso Alonso (de 1921: Poemas puros. Poemillas de la ciudad; Madrid, Editorial Galatea):

https://archive.org/details/poemaspurospoemi00alon/mode/2up

y los dos siguientes (publicados en 1944, con pocos meses de intervalo: Oscura noticia -Madrid, Editorial Hispánica- e Hijos de la ira -Madrid, Revista de Occidente-) se produce un busco cambio en su concepción de la poesía, cuyo origen hay que buscar en la terrible sacudida que la guerra española produce en sus impulsos creativos. Y así, Alonso pasa de una poesía tildada de pura -en la que el sentimiento intimista y el lirismo emocional recuerdan, en cierto modo, la poesía de Juan Ramón Jiménez y de Antonio Machado- a otra de corte existencial, que le sirve para expresar el desprecio que le inspira un mundo radicalmente injusto.



En la antología Poesía española contemporánea (Signo, Madrid, 1934), Gerardo Diego recoge la siguiente “explicación de la poesía” con que Dámaso Alonso expone su credo estético en los albores de su quehacer poético.

La poesía es un fervor y una claridad. Un fervor, un deseo íntimo y fuerte de unión con la gran entraña del mundo y su causa primera. Y una claridad por la que el mundo mismo es comprendido de un modo intenso y no usual.

Este fervor procede del fondo más oscuro de nuestra existencia. El impulso poético, por su origen y dirección, no está muy lejano del religioso y del erótico: con ellos se asocia frecuentemente.

Poeta es el ser humano dotado en grado eminente de este fervor y esta claridad y de una feliz capacidad de expresión.

Poema es un nexo entre dos misterios: el del poeta y el del lector.

El objeto del poema no puede ser la expresión de la realidad inmediata y superficial, sino de la realidad iluminada por la claridad fervorosa de la Poesía: realidad profunda, oculta normalmente en la vida, no intuible, sino por medio de la facultad poética, y no expresable por nuestro pensamiento lógico.

Históricamente, se da con mucha frecuencia el “falso poema”, expresión lógica de la realidad superficial. Esos “falsos poemas” tienen a veces un valor retórico (Ayer don Ermeguncio, aquel pedante... -Cuando recuerdo la piedad sincera...).

Mecanismo de la producción poética. En el poeta, excitado por algún objeto de la realidad, se produce una conmoción de elementos de su profunda conciencia. El poeta siente el deseo de la creación artística: fijar aquel momento suyo, hacerlo perenne. Resuelve en palabras los elementos de su profunda conciencia, elimina los menos significativos, los enlaza por medio de un número mayor o menor de elementos lógicos y no poéticos... (El automatisno no ha sido practicado ni aun por sus mismos definidores.).

El poema ya está creado. Y ahora su virtualidad consiste en producir en el lector una conmoción de elementos de conciencia profunda igual o semejante a la que fue el punto de partida de la creación, hacer que el hombre volandero se abstraiga un momento en la velocidad de su camino, hacerle comprender bellamente el mundo, comprenderse a sí mismo y comprenderlo todo.

La publicación de Hijos de la ira sitúa a Dámaso Alonso en el ámbito de una poesía de intención anticlasicista y antiformalista -en respuesta al neogarcilasismo de José García Nieto y de otros poetas de la llamada “Juventud Creadora”-, más humana y auténtica. En efecto, Dámaso Alonso ha distinguido dos actitudes en los poetas de posguerra: la de quienes contemplan el mundo como un todo armónico y ordenado -poesía “arraigada”-, y la de aquellos poetas que sienten repulsión por un mundo caótico en el que se ha instalado la injusticia -poesía “desarraigada”, en denominación del propio Dámaso Alonso, y a la que el poeta va a quedar adscrito-: “Para otros, el mundo nos es un caos y una angustia, y la poesía una frenética búsqueda de ordenación y de ancla. Sí, otros estamos muy lejos de toda armonía y de toda serenidad. Hemos vuelto los ojos en torno, y nos hemos sentido como una monstruosa, una indescifrable apariencia, rodeada, sitiada por otras apariencias tan incomprensibles, tan feroces, quizá tan desgraciadas como nosotros mismos... Y hemos gemido largamente en la noche. Y no hemos sabido hacia dónde vocear”.

Seleccionamos -y comentamos brevemente- cuatro poemas del libro inicial de Alonso (Poemas puros. Poemillas de la ciudad) y comentamos un poema y presentamos otro de Oscura noticia, publicado 23 años después. En este primer libro se aúnan la impulsividad y la ensoñación propia de un poeta adolescente con temas profundos que irá ampliando a lo largo de toda su obra. En cualquier caso, existe en los poemas de este libro una mezcla de ilusión y de deseo de superación de la realidad, junto a la expresión de un sentimiento de melancolía.

¿Cómo era?

La puerta, franca.
Vino queda y suave.
Ni materia ni espíritu. Traía
una ligera inclinación de nave
y una luz matinal de claro día.
No era de ritmo, no era de armonía
ni de color. El corazón la sabe,
pero decir cómo era no podría
porque no es forma ni en la forma cabe.
¡Lengua, barro mortal, cincel inepto,
deja la flor intacta del concepto
en esta clara noche de mi boda,
Y canta mansamente, humildemente,
la sensación, la sombra, el accidente,
mientras ella me llena el alma toda!

Estamos ante un soneto que, en lugar de cuartetos, presenta en los ocho primeros versos dos serventesios, de acuerdo con el siguiente esquema de rimas consonantes: ABAB, BABA; en cambio, los tercetos se ajustan a un esquema de rimas menos infrecuente: CCD, EED. Por otra parte, la pausa interna del primer verso lo corta en dos partes, que el poeta escribe en renglones diferentes para recalcar su cointenido: por un lado, el nombre con adjetivo pospuesto (“La puerta, franca”); y, por otro, el verbo acompañado de dos adjetivos en función predicativa, que se refieren al sujeto elíptico “poesía” (“Vino queda y suave”; es decir, de manera sosegada y tranquila, por lo que ambos adjetivos son prácticamente sinónimos y recalcan la idea de apacibilidad). Esa misma idea resurge en cierto modo en el verso 12 que inicia el segundo terceto: “Y canta mansamente, humildemente” (ahora son adverbios en -mente los que modifican a la forma verbal “canta”, y la idea de apacibilidad se vincula con la de sencillez). Y el poeta no busca ornamentación para su poesía ni compleja formalización lingüística, ni musicalidad, ni cromatismo, sino emoción casi inefable, tal como manifiesta en el segundo serventesio: “El corazón la sabe… / pero decir cómo era no podría” (versos 6-7), precisamente “porque no es forma ni en la forma cabe” (verso 8). El primer terceto recoge alegóricamente el matrimonio del poeta -“barro mortal”-, todavía titubeante -“cincel inepto”- (verso 9) con la poesía (verso 11); una poesía que ha de expresar los conceptos de la forma más pura posible, cual “flor intacta” (verso 10). Y esta visión de la poesía nos traslada al universo poético de Juan Ramón Jiménez, y en concreto al libro Piedra y cielo, donde se encuentra su poema más breve: “¡No le toques ya más, / que así es la rosa!” (título: “El poema”, I). Concebida así la poesía, el segundo terceto recoge expresamente cómo es la poesía de Alonso en esta primera etapa de su quehacer poético: poesía ingenua, simplemente sentida (verso 14: “mientras ella me llena el alma toda”), y que responde a un afán de depuración y de sencillez, cantando “la sensación, la sombra, el accidente” (verso 13).

Y ya que hemos recurrido a Juan Ramón Jiménez, podemos recordar aquí este poema. recogido en el libro Eternidades (1916-1917):

Vino, primero, pura,
vestida de inocencia;
y la amé como un niño.
Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes;
y la fui odiando, sin saberlo.
Llegó a ser una reina,
fastuosa de tesoros…
¡Qué iracundia de yel y sin sentido!
… Más se fue desnudando.
Y yo le sonreía.
Se quedó con la túnica
de su inocencia antigua.
Creí de nuevo en ella.
Y se quitó la túnica,
y apareció desnuda toda…

¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre!

**********

Los contadores de estrellas
Yo estoy cansado.
Miro
esta ciudad
-una ciudad cualquiera-
donde ha veinte años vivo.
Todo está igual.
Un niño
inútilmente cuenta las estrellas
en el balcón vecino.
Yo me pongo también...
Pero él va más deprisa: no consigo
alcanzarle:
Una, dos, tres, cuatro,
cinco...
No consigo
alcanzarle: Una, dos...
tres...
cuatro...
cinco…

“Los contadores de estrellas” bien podrían ser, alegóricamente considerados, unos seres mitad soñadores, mitad nostálgicos, que enjugan su soledad alzando sus ojos al cielo en busca de horizontes utópicos de felicidad y equilibrio. Y el poeta quiere sumarse a ese niño que, desde un balcón contiguo al suyo, cuenta inútilmente estrellas; porque se encuentra “cansado” en una ciudad cualquiera en la que se ha instalado la indolencia y en la que vive desde hace 20 años. Y como ese niño cuenta estrellas más deprisa que él, se apodera del poema el hastío de una existencia abatida, pese a la juventud del poeta, lo cual ya anunciaba en primera persona y en el primer verso: “Yo estoy cansado” Pero por todo el poema corre un aroma de realismo trágico, de abatimiento: el escritor, a pesar de su juventud, se declara cansado, hastiado de su existencia (yo estoy cansado). Y quizá la razón se encuentre en la biografía de sus primeros veinte años, llenos de experiencias intensas y traumáticas -pérdida del padre a los tres años, abandono de los estudios de ingeniería por graves problemas de salud, ecos de la Primera Guerra Mundial...-; unas experiencias que forjaron su conciencia personal y social.

Hemos reproducido el poema con la disposición tipográfica del original, que resulta fundamental para conferirle una innegable movilidad. Al final resulta que el niño va más deprisa que el poeta contando estrellas, y que este no logra alcanzarlo.

Calle del arrabal
Se me quedó en lo hondo
una visión tan clara,
que tengo que entornar los ojos cuando
pretendo recordarla.
A un lado, hay un calvero de solares;
enfrente, están las casas alineadas,
porque esperan que de un momento a otro
la Primavera pasará.
Las sábanas,
aún goteantes, penden de todas las ventanas.
El viento juega con el sol en ellas
y ellas ríen del juego y de la gracia.
Y hay las niñas bonitas
que se peinan al aire libre.
Cantan
los chicos de una escuela la lección.
Las once dan.
Por el arroyo pasa
un viejo cojitranco
que empuja su carrito de naranjas.

Calle del arrabal” se compone de 17 versos con rima asonante /á-a/ en los pares: cinco heptasílabos (1, 2, 4, 12 y 16) y los doce restantes endecasílabos (3, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 13, 14, 15 y 17). El poema es una descripción costumbrista de una barriada humilde de cualquier núcleo rural: ropa tendida en las ventanas, niñas jugando y peinándose en la calle, estudiantes recitando la lección, campanas que marcan las horas, vendedores ambulantes paseando su mercancía…; una descripción salpicada de matices multisensoriales de diversa índole: sonidos (“Cantan / los chicos de una escuela la lección. / Las once dan)”); imágenes en movimiento (las sábanas goteantes, el agua del arroyo, las niñas peinándose...), olores (el aroma de las naranjas)… Las casas esperan “que de un momento a otro / la Primavera pasará” (versos 7-8); el corazón de las sábanas parece palpitar con la savia del agua que corre por su tejido (versos 8-9); las ventanas cobran vida y contemplan risueñas los divertidos juegos en los que se encuentran enfrascados el viento y el sol (versos 12-13); y en la calle “hay las niñas bonitas / que se peinan al aire libre” (versos 12-13). Incluso los estudiantes rompen el silencio del aula con sus monocordes cantos escolares (versos 13-14). Y no podían permanecer inmóviles las campanas de la iglesia, que se suman con sus repiques al trasiego general; el agua del arroyo fluye animada acompañando al pobre viejo que a la vez que empuja su carrito de naranjas arrastra el peso de su historia y su maltrecha anatomía.

Y la anarquía en la ubicación de algunos versos es simplemente aparente: las pausas internas establecen amplias divisiones conceptuales de carácter temporal que implican la escritura en diferentes renglones de un mismo verso. Es el caso de los versos 8 (“La primavera pasará. / Las sábanas…”, 13 (“que se peinan al aire libre. / Cantan…) y 15 (“Las once dan. / Por el arroyo pasa…”).

Madrigal de las once
Desnudas han caído
las once campanadas.
Picotean la sombra de los árboles
las gallinas pintadas
y un enjambre de abejas
va rezongando encima.
La mañana
ha roto su collar desde la torre.
En los troncos, se rascan las cigarras.
Por detrás de la verja del jardín,
resbala,
quieta,
tu sombrilla blanca.

La palabra “madrigal”, presente en el título del poema, responde a un determinado patrón métrico: “Poema breve, generalmente de tema amoroso, en que se combinan versos de siete y de once sílabas”. Y esto es exactamente l,o que ha hecho el poeta: combinar heptasílabos (versos 1, 2, 4 y 5) con endecasílabos (versos 3, 6, 7, 8, 9 y 10). Adviértase, por otra parte, la especial disposición tipográfica del endecasílabo que cierra el poema: “resbala, / quieta, / tu sombrilla blanca”. Casi podemos visualizar el delicado movimiento de la sombrilla, describiendo un tenue desplazamiento de la mano femenina que la sostiene (si consideramos que el adjetivo “blanca” no califica solo el color de la sombrilla, sino también la “blancura” de la piel femenina de cuya mano pende).

El poema “Madrigal de las once” refleja un estilizado ambiente campesino, en una mañana estival; ambiente en el que contrastan las monótonas e incluso vulgares acciones de los animales (gallinas, abejas, cigarras) con esa elegante sombrilla que oculta la figura de la amada. Son ajenos al poema, por tanto, la expresión de sentimientos íntimos o de problemas humanos.

Si por algo se caracteriza este poema es por su sencillez formal, acorde con la ingenuidad temática: simplicidad métrica, sintáctica, léxica… Hay, no obstante, una imagen muy lograda: “La mañana / ha roto su collar desde la torre” (versos 6-7), que expresa en qué se truecan “las once campanadas” del verso 2.

Dos poemas de “Oscura noticia”: “Vida” y “Ciencia del amor”.

Oscura noticia es un libro de poesía existencial en el que asoma la preocupación religiosa de Dámaso Alonso, su anhelo de espiritualidad y trascendencia y su angustia ante la muerte. Reconoce la necesidad de Dios, pero no está seguro de que, de confirmarse su presencia, tengamos garantizado su apoyo. Es un libro hecho de paradojas de fe y de dudas, de contradicciones y conflicto íntimo.

Vida
Entre mis manos cogí
un puñadito de tierra.
Soplaba el viento terrero.
La tierra volvió a la tierra.
Entre tus manos me tienes,
tierra soy.
El viento orea
tus dedos, largos de siglos.
Y el puñadito de arena
-grano a grano, grano a grano-
el gran viento se lo lleva.

El poema “Vida” nos muestra la angustia del poeta ante la fugacidad de la vida y la inevitable destrucción de nuestra existencia individual. Al viento, simbólicamente, se le confiere el poder aniquilador del tiempo, que acaba con todo. El poeta “juega” con una imagen cercana: la de quien se agacha en la playa y toma entre sus dedos un puñado de arena, no tanto para percibir todo su finura y suavidad, cuanto para observar su huida, en un empeño en escurrirse entre los dedos para volver al regazo de su madre-tierra: “Entre mis manos cogí / un puñadito de tierra. / Soplaba el viento terrero. / La tierra volvió a la tierra” (versos 1-4).

Esta fusión “arena-tierra” encierra la auténtica simbiosis que se produce cuando un ser muere y su cuerpo se funde con el polvo universal que habita el planeta. Lo dice expresamente el Génesis (3:19): “Recuerda, hombre, que polvo eres y al polvo volverás" (Memento, homo quia pulvis es, et in pulverem reverteris). Dámaso Alonso expresa de forma dramática esa dependencia del hombre respecto a Dios, que lo tiene en sus manos, y que maneja a su antojo su suerte desde el origen del tiempo. Nada se puede hacer ante la fuerza de ese gran viento que se lleva todas las vidas: “Entre tus manos me tienes, / tierra soy. / El viento orea / tus dedos, largos de siglos” (versos 5-8).

El ser humano -parece decirnos Alonso- no es sino un minúsculo granito de arena que forma parte del cosmos, abocado al capricho irreductible del Gran Viento-Dios que todo lo domina y que separa “el puñadito de arena”; y lo hace “grano a grano, grano a grano” (verso 10). Una visión esta muy pesimista y desesperanzada, con la que se cierra un poema que, paradójicamente, lleva el título de “Vida”: “Y el puñadito dearena / -grano a grano, grano a grano- / el gran viento se lo lleva” (versos 10-11).

Por lo demás, el poema está compuesto por 11 versos, todos octosílabos salvo el 6 y el 7 (“tierra soy. / El viento orea”); aunque la suma de ambos podría mantener el ritmo octosilábico. En cuanto a la rima, predomina la asonancia /é-a/ en algunos versos (2, 4, 7, 9, 11).

**********

En un plano muy diferente situamos este soneto, incluido también en “Oscura Noticia”. El tema del soneto refleja el inefable asombro del poeta ante la presencia del amor, cuya naturaleza ignora, pero que le lleva a exclamar, en el último verso, “Solo sé que soy hombre y que te amo”. La eficacia de la adjetivación y la calidad estética del lenguaje metafórico empleado por Dámaso Alonso elevan la calidad literaria del poema a las más altas cimas de la creación poética.

Ciencia del amor

No sé. Sólo me llega en el venero
de tus ojos, la lóbrega noticia
de Dios; sólo en tus labios, la caricia
de un mundo en mies, de un celestial granero.
¿Eres limpio cristal, o ventisquero
destructor? No, no sé... De esta delicia,
yo solo sé su cósmica avaricia,
el sideral latir con que te quiero.
Yo no sé si eres muerte o si eres vida,
si toco rosa en ti, si toco estrella,
si llamo a Dios o a ti cuando te llamo.
Junco en el agua o sorda piedra herida,
sólo sé que la tarde es ancha y bella,
sólo sé que soy hombre y que te amo.

Bibliografía.

Gonzalo Luque: “La ciudad desde el paradigma de la poesía pura. Lo urbano en Poemas puros. Poemillas de la ciudad, de Dámaso Alonso”.

https://papiro.unizar.es/ojs/index.php/tropelias/es/article/view/8629/8206

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