EL RINCÓN DE LA POESÍA

Dos autorretratos de Manuel Machado

Manuel Machado. Ilustre poeta (Foto: Cartagena).

Nuestro poema de cada día

Fernando Carratalá | Jueves 05 de febrero de 2026

El 23 de enero de 2026, en esta revista digital, en el artículo titulado “Manuel Machado retrata su imagen abúlica”, comentamos dos autorretratos del poeta sevillano, pertenecientes a distintas épocas: “Adelfos”, incluido en Alma, y “Yo, poeta decadente”, que se encuentra en El mal poema. Ambos textos, acompañados de sus correspondientes comentarios, se encuentran en el siguiente enlace:

https://www.todoliteratura.es/noticia/62161/el-rincon-de-la-poesia/manuel-machado-retrata-su-imagen-abulica.html



Pero el tema del autorretrato es un tema recurrente en Manuel Machado, y contamos con otros dos, que llevan por título “Retrato” y “Nuevo autorretrato”. Dichos textos y sus comentarios los reproducimos a continuación.

Retrato

Ésta es mi cara y ésta es mi alma. Leed:

Unos ojos de hastío y una boca de sed...

Lo demás... Nada... Vida... Cosas... Lo que se sabe...

Calaveradas, amoríos... Nada grave.

Un poco de locura, un algo de poesía, [5]

una gota del vino de la melancolía...

¿Vicios? Todos. Ninguno... Jugador, no lo he sido:

no gozo lo ganado ni siento lo perdido.

Bebo, por no negar mi tierra de Sevilla,

media docena de cañas de manzanilla. [10]

Las mujeres... -sin ser un Tenorio, ¡eso no!-,

tengo una que me quiere, y otra a quien quiero yo.


Me acuso de no amar sino muy vagamente

una porción de cosas que encantan a la gente...

La agilidad, el tino, la gracia, la destreza, [15]

más que la voluntad, la fuerza y la grandeza...

Mi elegancia es buscada, rebuscada. Prefiero,

a olor helénico y puro, lo chic y lo torero.

Un destello de sol y una risa oportuna

amo más que las languideces de la luna. [20]

Medio gitano y medio parisién -dice el vulgo-,

con Montmartre y con la Macarena comulgo...

Y, antes que un tal poeta, mi deseo primero

hubiera sido ser un buen banderillero.

Es tarde... Voy de prisa por la vida. Y mi risa [25]

es alegre, aunque no niego que llevo prisa.

Machado, Manuel: El mal poema. Madrid, Ediciones Castalia, 2000. Colección Clásicos Castalia, núm. 255;
pág. 201. Rafael Alarcón Sierra, editor literario. El volumen incluye también Alma y Caprichos.

El poema “Retrato” se publicó en la sección “Poetas del día” de El Liberal, el 25 de febrero 1908, acompañado de un retrato fotográfico, y formando parte de “una galería de autopinturas poéticas” [1]; y encabeza el libro de polémico título -en su época- El mal poema (1909) que, en cierta manera, se relaciona con Las flores del mal (Les fleurs du mal), que Baudelaire publica en 1857, y que fue catalogado de inmoral, por exaltar el goce de la vida y de las pasiones”. [2]

En este un poema, escrito en ligeros y entrecortados pareados de catorce sílabas, Manuel Machado ha sabido plasmar cuantos rasgos definen su temperamento: vividor y hastiado, gracioso y melancólico, cosmopolita y castizo. Y ya en los primeros versos, el poeta nos sitúa ante lo que enuncia la célebre frase proverbial “La cara es el espejo del alma” -es decir, que en el rostro se refleja el estado de salud y de ánimo, así como su carácter- (“Esta es mi cara y ésta es mi alma. Leed:” (verso 1); y continúa con la descripción de sus rasgos físicos a través de dos audaces metonimias: “Unos ojos de hastío y una boca de sed...” (verso 2): una mirada tediosa, que delata fastidio; y una boca sedienta de deseo. (Precisamente Baudelaire cierra la dedicatoria “Al lector” de su obra Las flores del mal con estos versos: “¡Es el Tedio! […] / Tú conoces, lector, este monstruo delicado, / –Hipócrita lector, –mi semejante, –mi hermano.” [C’est l'Ennui! [...]. / Tu le connais, lecteur, ce monstre délicat. / –Hypocrite lecteur, –mon semblable, –mon frère!”]). [3]

En los versos 2-6 se acentúa la vaguedad de un carácter en que se mezclan superficialidad y reflexividad, y que ayudan a recalcar con innegable valor expresivo los puntos suspensivos: “Lo demás... Nada... Vida... Cosas... Lo que se sabe... / Calaveradas, amoríos... Nada grave. / Un poco de locura, un algo de poesía, / una gota del vino de la melancolía...”. Y en el conjunto de las restantes cosas (esa referencia a “Lo demás...”), que engloba juego, vino y mujeres, late una calculada ambigüedad (versos 7-12), que arranca con el juego dialógico del vero 7: “¿Vicios? Todos. Ninguno...”. Porque no ha sido un jugador compulsivo, y que ahí que “no gozo lo ganado ni siento lo perdido” (verso 8); tampoco ha sido bebedor adicto, aunque, como buen sevillano, no desprecia el vino blanco gaditano: “Bebo […] / media docena de cañas de manzanilla.” (versos 9-10); y en cuanto a mujeres, rechaza del donjuanismo sevillano (verso 11: “[...] sin ser un Tenorio, ¡eso no!”), pero cínicamente confiesa: “tengo una que me quiere, y otra a quien quiero yo.” (verso 12).

Desde el punto de vista rítmico y sintáctico, son muchos los casos de bimembración en este primer agrupamiento de seis pareados. En efecto, algunos versos están divididos en dos miembros equidistantes, de manera que las palabras incluidas en cada miembro pertenecen a la misma categoría gramatical y están colocadas en el mismo orden. En este caso se encuentran los siguientes versos, cuyos alejandrinos, que son todos ellos versos esticomíticos -porque coincide la unidad sintáctica con la métrica- adquieren un ritmo lento y sostenido:

Verso 1: [Ésta es mi cara] y [ésta es mi alma] Leed:

Verso 2: [Unos ojos de hastío] y [una boca de sed...]

Verso 5: [Un poco de locura], [un algo de poesía,]

Verso 8: [no gozo lo ganado] [ni siento lo perdido.]

Verso 12: [tengo una que me quiere], y [otra a quien quiero yo]. (En este caso, el segundo hemistiquio llevaría implícita la siguiente construcción, que impiden la sintaxis y la métrica: “Tengo otra a quien yo quiero”). [3]

El segundo agrupamiento de pareados -otros seis, versos 13 a 24-, arranca con dos versos en los Manuel Machado reconoce que mantiene actitudes vitales distantes, con una negligencia intencionada, contraria a lo que resulta habitual: “Me acuso de no amar sino muy vagamente / una porción de cosas que encantan a la gente...” (versos 13-14); y seguidamente antepone “la agilidad, el tino, la gracia, la destreza” (verso 15) -que son consustanciales a la tauromaquia- a “la voluntad, la fuerza y la grandeza...” (verso 16); y frente al esplendor helenístico, se inclina por el andalucismo, que combina “lo chic” y lo torero” (verso 18), y de ahí su elegancia “buscada, rebuscada” (verso 17); y a “las languideces de la luna” (verso 19) opone ahora, en sus preferencias, “un destello de sol y una risa oportuna” (verso 20).

No obstante, los rasgos espirituales que mejor definen la personalidad de Manuel Machado -tal y como el poeta se ve a sí mismo- se recogen en los versos 21-22: “Medio gitano y medio parisién -dice el vulgo-, / con Montmartre y con la Macarena comulgo...”; todo un alarde de casticismo que no traiciona su pasión por las letras francesas, porque, en efecto, su poesía une las audacias y renovaciones técnicas de los poetas franceses contemporáneos -simbolistas y parnasianos- al tratamiento aristocrático de los temas andaluces. [4]

Los versos 23 y 24 (“Y, antes que un tal poeta, mi deseo primero / hubiera sido ser un buen banderillero”) tienen cierta coherencia con los versos 17-18, en los que declara Manuel Machado su preferencia por “lo torero”: parece como si la creación poética quedara relegada a un segundo plano, pero ahí está el grandioso poema de tema taurino La fiesta nacional [5] para desmentirlo -toda una verdadera revitalización de la lírica ligada a la tauromaquia-; y por eso se inclina por “la agilidad, el tino, la gracia, la destreza” de lo torero, según reconoce en el verso 15.

El pareado final (versos 25-26), en agrupamiento estrófico separado de los dos anteriores (versos 1-12 y 13-24) es el reconocimiento explícito -y reiterativo- de que el poeta se conduce en la vida con más rapidez de la normal, acompañado por una gratificante sonrisa, lo que manifiesta una actitud menos abúlica que la mostrada en el poema “Adelfos”, su primer autorretrato poético: “Es tarde... Voy de prisa por la vida. Y mi risa / es alegre, aunque no niego que llevo prisa”. Y en estos dos versos, de nuevo la distribución vocálica con asonancias internas (í-a, en el verso 25; -e-o, en el verso 26), origina esa tenue musicalidad que ya encontramos en un verso anterior al que estos otros remiten -el 19-: “Un destello de sol y una risa oportuna”.

**********

Todavía escribirá Manuel Machado un “Nuevo autorretrato”, incorporado a su obra Phoenix, de 1936 y que, por su interés -en comparación con los anteriores retratos- reproducimos en su totalidad; y aunque el poeta no es “Hoy, ni rubio ni dulce, más bien moreno y duro”, hay algo de lo que se sigue sintiendo orgulloso: “La música me sirve de almohada” -adviértase el ritmo y la rima de los pareados-; porque, en efecto, su poesía está transida de musicalidad.

Nuevo autorretrato

Un niño es una fiera... Y yo era un niño el día

en que me hicieron la primer fotografía.

Mi padre, que era un clásico, sabía, por Orfeo,

cómo amansa a las fieras la música... Yo creo

que -instrumento inconsciente del destino- entre todos [5]

hallaron, de aquietarme procurando los modos,

el libro-caja de música en que apoyada

mi sien se ve. La música me sirve de almohada.

Rubio y tierno, de dulces ojos, cara redonda,

el alma toda albor, y la guedeja blonda, [10]

aparezco en aquel retrato, calladete,

escuchando encantado el bello soniquete.

Hoy, ni rubio ni dulce, más bien moreno y duro,

voluntarioso el maxilar, el pelo obscuro,

los ojos fatigados..., al mirarme no acierto [15]

si soy yo mismo o si aquel niño habrá muerto...

… … … … … … … … … … … … … … … ...

Así dejé, hace quince años, este poema

por otro mas complejo autorretrato. El tema

-Manuel Machado, en fin, pinta a Manuel Machado-

definitivamente, me pareció agotado.

Hoy, al hallar de nuevo la vieja cartulina,

en que se desvanece mi efigie chiquitina,

-a través de la bruma de mi inquieto destino,

espuma del torrente y polvo del camino-

reconozco que aquella fierecilla domada

por la música... es toda mi vida retratada.

Y me ofrezco de nuevo como fui, como soy

y seré finalmente, ayer, mañana, hoy.

En medio del amor, de la ambición y el miedo,

la música no más logra tenerme quedo.

De la vida y el libro sólo sé la armonía.

Mi propia obra es sólo una polifonía

de gritos de mi tiempo, lentos, o subitáneos,

que dio a veces el son a mis contemporáneos.

Oí la voz de todo, de la paz, de la guerra,

el silencio del campo. que la cigarra asierra...

Y mientras escuochaba la compleja sonata,

pasó la vida a un lado como una cabalgata.

Tendí la mano, a veces, y le arranqué una rosa,

y otras la retiré sangrante y temblorosa.

Mas dolor y placer se disipaban luego

y el desfile seguía como cosa de juego.

… … … … … … … … … … … … … … … ...

Cuando me dé la mano el Ángel de mi guarda

para ir a esa región que a todos nos aguarda,

sobre la eterna música me hallará adormecido

y yo abriré los ojos a un mundo conocido. [6]

Con toda razón, escribe Charles Vincent Aubrun: “Un niño es una fiera... Y yo era niño. Con su presente eterno y su imperfecto de duración este primer verso pone de manifiesto la vuelta del poeta sobre sí después de un largo recorrido, sugerido por puntos suspensivos. Introvertido, Manuel Machado retorna a su punto de partida y se conoce idéntico a sí mismo, invitando al lector, si se interesa causado como él, al egocentrismo: Y me ofrezco de nuevo cómo fui, cómo soy y seré finalmente, ayer, mañana, hoy”. Y en una nota, al final de su artículo, añade: “Las comparaciones son odiosas cuando valorativas. Pero no deja de tener su interés una comparación entre las «gramáticas» poéticas y existenciales de los dos Machado. En la guerra civil don Manuel se comprometió (pretérito reflexivo pero abolido), estuvo comprometido (pretérito y estado efímero). En 1936, como si esa actitud estuviera ya inscrita, prefijada, escribe en «Nuevo autorretrato»: «Tendí la mano, […] y la retiré sangrante y temblorosa.» Pero «me ofrezco de nuevo como fui, como soy / y seré finalmente, ayer, mañana, hoy». Durante la guerra civil don Antonio era, ha sido, es comprometido. Su ser, existencialmente, se confunde con su actuar en pro de una causa circunstancial. Muchos años antes, su actitud vital le dictaba en «Dios ibero» [incluido en Campos de Castilla] una larga serie de futuros y presentes compuestos con el pasado, es decir, con el ayer no abolido de España: «¡hombres de España, ni el pasado ha muerto / ni está el mañana -ni el ayer- escrito! // ¿Quién ha visto la faz al Dios hispano? // Mi corazón aguarda / al hombre ibero de la recia mano, / que tallará en el roble castellano / el Dios adusto de la tierra parda». [Para una mejor comprensión del texto de Cabruna, hemos completado la cita de Antonio Machado]. [7]

Bibliografía de referencia.

Alarcón Sierra, Rafael: El mal poema de Manuel Machado: una lírica moderna y analógica. Madrid, Biblioteca Nueva, 2008. Colección Estudios críticos de literatura.

NOTAS.

[1] Manuel Machado, que era consciente del carácter “transgresor” de su libro, efectuó una autocrítica mediante el recurso de “carta abierta”, dirigida a Juan Ramón Jiménez (e incluida, en 1914, en el ensayo La guerra literaria [Madrid, Narcea Ediciones, 1981. Colección Bitácora, núm. 71]). El poeta sevillano le decía al de Moguer: “Habrás recibido El mal poema, por el que te suplico que no me quieras del todo mal. Conozco la delicadeza de tu espíritu y sé que te chocan ciertas trivialidades y malsonancias de que por desgracia está lleno nuestro vivir. Pero creo haberte dicho en mi descargo que, no sólo se canta lo que se ama, sino lo que se odia más cordialmente. En suma, todo lo que de veras nos impresiona”.

[2] Baudelaire, Charles: Las flores del mal. Madrid, Visor Libros, 1982, 2.ª edición. Colección Visor de poesía, núm. 72. Jacinto Luis Guereña, traductor (del francés).

[3] En esta tanda inicial de doce versos -seis pareados-, hay dos que son son alejandrinos, sino tridecasílabos -el 4 y el 10-, lo que tal vez haya que inscribir en esa voluntad propia de los poetas modernistas de explorar las más inusitadas posibilidades métricas. En cualquier caso, la cesura marca un claro ritmo en los dos hemistiquios de ambos versos, con una grata distribución de las vocales, que produce un suave musicalidad

Verso 4: “Calaverádas, amoos... // da gráve. (9//4):

a-a-e-á-a a-o-í-o á-a á-e

Verso 10: “media docena // de cañas de manzanilla.”

(5//8):

é-i-a o-é-a e á-a e a-a-í-a

[4] “Manuel Machado se califique a sí mismo como “medio gitano y medio parisién”: Medio gitano y medio parisién —dice el vulgo— / con Montmartre y con la Macarena comulgo... No se vaya a creer, por esta declaración, que don Manuel es un ecléctico, dispuesto a comulgar con todo lo que le echen. AI contrario: hay muchísimas cosas que no son ni la Macarena ni Montmartre con las que no comulga, y sólo puede comulgar a un mismo tiempo con una cierta Macarena y con un cierto Montmartre sin que la calidad de su poesía se resienta de ello. Su elitismo —como ahora se dice— parisién y sevillano se deja fuera casi todo lo que pasa por ser sevillano o parisién.” (cf. Luis Felipe Vivanco: “El poeta de Adelfos. (Notas para una poética de Manuel Machado)”. Cuadernos Hispanoamericanos, núms. 304-307, I, (X-XII- 1975, I-1976), págs. 77-78.

http://www.cervantesvirtual.com/obra/el-poeta-de-adelfos-notas-para-una-poetica-de-manuel-machado-780408/

[5] Machado, Manuel: La fiesta nacional. Madrid, Establecimiento tipográfico de Fortaner, 1906. Edición digital:

https://bibliotecadigital.jcyl.es/es/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=10078573

[6] Machado, Manuel: Unos versos, un alma y una época. Madrid, Ediciones Españolas, 1940, págs. 26-28. (Discurso de Manuel Machado en su recepción en la Real Academia Española, leído el 19 de febrero de 1938). En el poema hemos introducido modificaciones posteriores a la versión del discurso de ingreso en la RAE.

[7] “Phoenix. Nuevas Canciones (de Manuel Machado)”. Cuadernos Hispanoamericanos, núms. 304-307, I, (X-XII- 1975, I-1976), págs. 93-101.

http://www.cervantesvirtual.com/obra/phoenix-nuevas-canciones-de-manuel-machado-780413/

Otros artículos de Fernando Carratalá sobre Manuel Machado publicados en todoliteratura.es:

9 de enero de 2026.

“Castilla”.

https://www.todoliteratura.es/noticia/62081/el-rincon-de-la-poesia/manuel-machado-y-su-poema-castilla.html

17 de diciembre de 2025.

“Verano”, “Alfa y omega”, “Jesús del Gran Poder”, “A Nuestra Señora de la Esperanza”, “Las lanzas”.

https://www.todoliteratura.es/noticia/61969/el-rincon-de-la-poesia/la-innovacion-metrica-en-los-sonetos-de-manuel-machado-un-analisis-detallado.html

7 de diciembre de 2025.

Los hermanos Machado y la descripción del estado de abatimiento.

https://www.todoliteratura.es/noticia/61919/el-rincon-de-la-poesia/los-hermanos-machado-y-la-descripcion-del-estado-de-abatimiento.html

20 de octubre de 2025.

“El caballero de la mano en el pecho”.

https://www.todoliteratura.es/noticia/61683/el-rincon-de-la-poesia/manuel-machado-la-fusion-del-modernismo-y-la-tradicion-andaluza-en-su-poesia.html

17 de septiembre de 2025.

“Felipe IV”.

https://www.todoliteratura.es/noticia/61525/el-rincon-de-la-poesia/alma-de-manuel-machado-un-recorrido-por-la-estetica-modernista-y-el-simbolismo-en-la-poesia.html

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