EL RINCÓN DE LA POESÍA

Aclaraciones poéticas (“desfaciendo entuertos”): de Rafael Alberti a Carlos Guastavino, [II]

Rafael Alberti y Carlos Guastavino

Nuestro poema de cada día

Fernando Carratalá | Domingo 08 de febrero de 2026

El poema titulado “La paloma” fue escrito en París por Rafael Alberti, adonde llegó en compañía de su esposa, Maria Teresa León, al termino de la Guerra Civil; y en esta ciudad el matrimonio vivió -hospedado en casa de Pablo Neruda y su pareja Delia del Carril- hasta que en 1940 el gobierno del Mariscal Petain le retiró el permiso de trabajo (Alberti trabajaba como locutor en Radio París-Mondiale).



El poema está incluido en la sección tercera (“Metamorfosis del clavel”) de la obra Entre el clavel y la espada, compuesta entre 1929 y 1940, y publicada en 1941 en Buenos Aires por la editorial Losada. Este es el poema, dedicado precisamente al poeta chileno Pablo Neruda:

La paloma
Se equivocó la paloma,
se equivocaba.
Por ir al norte fue al sur,
creyó que el trigo era el agua.
Creyó que el mar era el cielo
que la noche la mañana.
Que las estrellas rocío,
que la calor la nevada.
Que tu falda era tu blusa,
que tu corazón su casa.
(Ella se durmió en la orilla,
tú en la cumbre de una rama.)

En La arboleda perdida, Alberti nos ilustra acerca de cómo nació esta composición:

“Cuando llegué a París mi estado espiritual era negro, desesperado [...], apoderándose de nosotros, los recién exiliados españoles, el túnel de la más tremenda incertidumbre. En Francia no había escrito aún ninguna poesía [...] pero una de aquellas noches, de las más solitarias, poseído de no sé que extraños impulsos, comencé a escribir una canción, cuyo comienzo era “Se equivocó la paloma. / Se equivocaba. / Por ir al norte fue al sur…”. Cuando llegué al final me quedé sorprendido: “Ella se durmió en la orilla. / Tú en la cumbre de una rama.” No comprendía yo cómo en aquel sumergido estado de angustia en que me hallaba me había podido salir una canción como aquélla. La leí, la releí, no hallándole ni el más remoto rastro del estado que me invadía. Era un misterio su aparición. Abriéndose vuelo entre los cielos y campos de muerte que arrastraba conmigo, aquella paloma había llegado hasta mis manos, traspasándola con aire de escritura a una hoja blanca de papel que tenía sobre la mesa”.

Hasta aquí, Alberti y su poema “La paloma”, del que más adelante nos ocuparemos brevemente. Pasemos ahora al compositor y pianista argentino Carlos Guastavino (Santa Fe, 1912-2000; conocido como “el Schubert de las Pampas”), quien musicó en 1941 el poema de Alberti, publicado ese mismo año por la editorial bonaerense Ricordi Americana (Se Equivoco la paloma: Para canto y piano / Poesía de Rafael Alberti). Guastavino, en cuanto a la letra del poema de Alberti, fue agregando en su canción, tras cada pareado del poema original, el verso segundo: “se equivocaba”. Esta es, pues, la letra de Guastavino, que toma como título el verso primero:

Se equivocó la paloma
Se equivocó la paloma,
se equivocaba.
Por ir al norte fue al sur,
Creyó que el trigo era agua,
se equivocaba.
Creyó que el mar era el cielo,
que la noche, la mañana,
se equivocaba.
Que las estrellas, rocío,
que la calor, la nevada,
se equivocaba.
Que tu falda era tu blusa,
que tu corazón su casa,
se equivocaba.
(Ella se durmió en la orilla
Tú, en la cumbre de una rama.)

Algunas grabaciones.

Registro de la interpretación de “Se equivocó la paloma”, con música de Carlos Guastavino, a cargo del coro de cámara Palestrina de la ciudad chilena de Valdivia, en la iglesia San Francisco de la misma ciudad, en el año 1996.


Guastavino integró la canción en el ballet “Suite Argentina”, orquestándola para coro femenino, conjunto de cuerdas y timbales. El ballet está compuesto por cuatro piezas: “Gato”, “Se equivocó la paloma”, “Zamba” y “Malambo”; y fue estrenado Londres por el Ballet Español de Isabel López, acompañado de conjunto de cuerdas, timbales y coro femenino, dirigidos por el propio Carlos Guastavino.

Grabación de la “Suite Argentina”. Usina del Arte de Buenos Aires. Orquesta, Escuela y Coro del Conservatorio Superior de Música de la Ciudad de Buenos Aires “Astor Piazzolla”. Dirección de Edgar Ferrer. (28/10/2016).

Parte I.

Parte II.

Parte III.

Parte IV.

En el siguiente enlace se pueden escuchar las cuatro partes de la “Suite argentina”, en grabación efectuada en junio de 2012 (Orquesta de guitarras. Conservatorio Superior del Liceo de Barcelona):

En 1953, Guastavino efectuó una versión para piano de la “Suite Argentina”. La profesora Sonia Ursini Stronatti explica brevemente la obra y la interpreta (piano y voz):

Y en 1969, y editado por la compañía Zafiro/Novola, el cantautor Joan Manuel Serrat grabó por primera vez la letra de la canción de Guastavino -aunque con el título de “La Paloma”-, y la incluyó en su cuarto álbum -el primero en lengua castellana-, con arreglos y dirección musical de Ricard Miralles, excepto en tres temas, con arreglos de Juan Carlos Calderón. En este enlace se encuentra dicha grabación:

Y de nuevo el poema de Alberti.

La estructura métrica elegida por Alberti hizo posible la canción de Guastavino, al utilizar este el “cosante” (composición lírica gallego-portuguesa y castellana, formada por una serie de pareados, entre los que se suele repetir un breve estribillo (“se equivocaba”), y en la que cada uno recoge parte del sentido del anterior y añade algún nuevo concepto). Alberti se ha limitado a emplear seis pareados de versos octosílabos sin rima, a excepción del segundo (“se equivocaba”), que es pentasílabo.

Los ocho primeros versos están dedicados a la desorientación de la paloma, de vuelo errático; hasta llegar al 11, cuyo contenido es el resultado de su aturullamiento: “Ella se durmió en la orilla”. Sin embargo, en el verso 12 y último, aparece la figura de un “tú femenino” algo enigmático (“Tú, en la cumbre de una rama”), como forma de sugerir, indirectamente, el mismo estado de contradictoria confusión: la que duerme en la orilla es la paloma; en cambio, el tú femenino duerme “en la cumbre de una rama”. Parece, pues, como si ambas compartieran el mismo estado de desconcierto, que a la paloma le ha llevado a cometer continuas equivocaciones, quizá en la persecución de un ideal que no se acaba de concretar -porque el poema es pura emoción lírica, sugestión irracional-. El poeta pone en pie un auténtico “juego de contrarios”, a base de palabras hasta cierto punto antónimas en el contexto: “norte/sur”, “trigo [cultivo que requiere tierra firme]/agua”, “mar/cielo”, “noche/mañana”, “estrellas [cuerpos celestes que brillan en la noche]/rocío [condensación de vapor en forma de gotas menudas que se depositan sobre la superficie terrestre”, “calor/nevada”, “falda [prenda de vestir que cae desde la cintura]/blusa [prenda de vestir que usan las mujeres y cubre la parte superior del cuerpo]. Y al llegar al verso 9, aparecen por primera vez los determinantes posesivos de segunda persona (“tu falda, “tu blusa”; y en el verso 10 “se enfrenta” ese mismo determinante (“tu corazón”) con el de tercera persona (“su casa”); lo cual justifica la presencia de los pronombres “tú/ella” en los versos 12 y 11, respectivamente, y dotan de coherencia semántica a todo el poema, en el que, aparentemente, solo la paloma es la que está extraviada -llena de contradicciones- y sin un certero rumbo fijo. Porque la contraposición de vocablos en el contexto- continúa hasta el final del poema: “corazón/casa”, “orilla/cumbre”. Además, el poeta ha llevado a cabo una certera selección léxica de verbos que inciden en la “idea de equivocación”, empleados tanto en tiempo perfectivo (“se equivocó”, “creyó”), como perfectivo (“se equivocaba”). En definitiva, la “idea de incertidumbre” ha recorrido el poema de arriba abajo, y se ha extendido a todos los ámbitos, ya sea la ubicación (“norte/sur”), el tiempo (“noche/mañana”), los cambios en la naturaleza (“estrellas/rocío”, “calor/nevada), la cosas cotidianas expresadas con total sencillez (“falda/blusa”), el mundo exterior e interior (“casa/corazón”); y, por fin, “ella/tú”, los dos polos del poema.

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