Dámaso Alonso publica Hombre y Dios en 1955. un libro que entra de lleno dentro de la por él denominada “poesía desarraigada”. Alonso analiza la compleja relación existente entre el ser humano y Dios -entre la criatura y su creador-, y el silencio de este ante su sufrimiento; y en un contexto histórico en el que gravitan las guerras. En efecto, al poeta le resulta enormemente difícil entablar una comunicación directa con Dios, que parece que ha abandonado a la Humanidad. Esta línea de “tensión” -que va mucho más allá de la pura emoción lírica- entre el yo del poeta y el Dios ausente- originará las primeras obras de Blas de Otero (Ángel fieramente humano y Redoble de conciencia).
Alonso perfila en este poema una entrañable imagen que es propia de la infancia: la emoción con que un niño hace volar al viento una cometa. Pero por debajo de ese sentimiento de aparente felicidad, quizá late -al menos en el corazón del poeta-el deseo inconsciente de querer huir, impelido por el viento, de la realidad cotidiana y trascenderla en busca de utopías menos amargas. Hay, pues, una traslación de los sentimientos del niño protagonista del poema al propio Dámaso Alonso, que se hace evidente en los tres octosílabos que cierran un poema de tan breve como intenso contenido existencial: “Pues el corazón quería / huir -pero no podía, / pero no sabía- al viento”. Adviértase el valor semántico de los tres verbos usados en tiempo imperfectivo -lo que implica la continuidad de la acción- y no en pasado perfectivo: frente a “quería huir”, la reiteración de la idea de adversatividad que introduce la combinación del adverbio “no” precediendo a los verbos: “pero no podía” (verso 8)/“pero no sabía” (verso 9). Existe, pues, una clara gradación en el significado de los tres verbos empleados: “quería/no podía/no sabía”. Por eso, el “corazón soñoliento” (verso 6), asimilado a la “cometa” que vuela como un “ave” (verso 5) “en el viento” (verso 3), no pasa de ser “cometa de un día” (verso 5), ante la imposibilidad de elevar el vuelo; lo cual, metafóricamente interpretado, y trasladado al corazón del propio Dámaso Alonso, no es sino la expresión de la frustración del poeta, inserto en un mundo que no comprende y del que quisiera huir sin poderlo hacer, sin saber cómo hacerlo. Parece como si el viento en el que se cierne ese objeto formado por unas pocas piezas de plástico, tela y metal, y metafóricamente convertido en el corazón del ser humano, estuviera marcando el trágico destino de los mortales, llevando el texto a sus límites interpretativos. ¡Qué distintos, pues, los cuatro primeros versos del poema, que coinciden con momentos de ilusión, y los cinco restantes, cuando llega la decepción! Y es precisamente la métrica de una estrofa llamada “copla novena” (una redondilla seguida de una quintilla) la que se encarga de dividir en dos partes la estructura del poema, de acuerdo con su opuesto contenido:
(/-ía/, /-énto/, /-énto/, /-ía/): la cometa en el viento se cernía, ante la atenta mirada del niño, que la maneja con poca habilidad (cometa = ave = corazón);
(/-ía/, /-énto/, /-ía/, /-ía/, /-énto/: el corazón, aun queriendo, no puede ni sabe volar al viento.
**********
Son muchos los poetas que han llevado a sus versos la cometa como protagonista. Nos viene a la memoria el poema de Pedro Casas Serra (Barcelona, 1948), miembro del grupo Metáfora de poesía, de la biblioteca Mercè Rodoreda de Barcelona. (Es el moderador del foro de poesía en Internet “Aires de Libertad”, donde mantiene un Taller de poesía).
https://www.airesdelibertad.com
Si traemos aquí su poema, es porque el arranque tiene que ver con el de Dámaso Alonso; pero su final rezuma el optimismo del que aquel otro poema carece: hay que alzar el vuelo todos los días para que el viento siga elevando la cometa...
Publicaciones (traducciones y poesía) de Pedro Casas en bobok:
https://www.bubok.es/autores/hombrito/2