EL RINCÓN DE LA POESÍA

Las tierras de Soria

Retrato del joven Antonio Machado, pintado por su hermano José hacia 1903 (Foto: José Machado).

Nuestro poema de cada día

Fernando Carratalá | Viernes 20 de febrero de 2026
El poema "Otros días" de Antonio Machado describe un paisaje primaveral en Soria, lleno de vida y color. La riqueza de la tierra se contrasta con la tragedia del asesinato del labrador Alvargonzález por sus hijos. El fragmento refleja la belleza natural y la conexión del hombre con su entorno.


CXIV
Otros días, I
Ya están las zarzas floridas
y los ciruelos blanquean;
ya las abejas doradas
liban para sus colmenas,
y en los nidos, que coronan
las torres de las iglesias,
asoman los garabatos
ganchudos de las cigüeñas.
Ya los olmos del camino
y chopos de las riberas
de los arroyos, que buscan
al padre Duero, verdean.
El cielo está azul, los montes
sin nieve son de violeta.
La tierra de Alvargonzález
se colmará la riqueza;
muerto está quien la ha labrado,
mas no le cubre la tierra.

Antonio Machado: Poesía completas. Madrid. Espasa Libros, 1988, 13.ª edición.
Colección Austral, A-33. Manuel Alvar, editor literario.

Texto completo.

https://www.poesi.as/amach114.htm#google_vignett

La ruta de Alvargonzález.

El poema forma parte del largo romance “La tierra de Alvargonzález”, dedicado a Juan Ramón Jiménez, y constituido por 712 versos, estructurados en varias partes: I-IV; “El sueño” (I-IV); “Aquella tarde” (I-VI); “Otros días (I-V); “Castigo” (I-III); “El viajero (I-V); “El indiano” (I-II); “La casa” (I-II); “La tierra” (I-IV); y “Los asesinos” (I-VI). Este poema va precedido del cuento-leyenda del mismo título, publicado en la revista Mundial, de París (núm, 9, enero de 1912).

Juan y Martín -los dos hijos mayores de Alvargonzález-, movidos por la codicia, asesinan a su padre, en ausencia del tercer hijo -Miguel-, que regresa, rico, de lejanas tierras, cuando ya se has perpetrado el crimen. Al final, los asesinos se ahogan en la Laguna Negra (“¡Padre!, gritaron; al fondo / de la laguna serena / cayeron, y el eco ¡padre! / repitió de peña en peña”; versos estos con los que concluye el trágico romance).

El fragmento transcrito contiene una nueva descripción de las tierras sorianas; y concluye -versos 15-18- con una voz anónima, a modo de copla popular, que anuncia el crimen -y que más adelante se repetirá (“Otros días”, III, IV y V)-: “La tierra de Alvargonzález / se colmará la riqueza; / muerto está quien la ha labrado, / mas no le cubre la tierra”. Machado insiste en la rima asonante /é-a/, repetida en todos los octosílabos pares.

El paisaje descrito es primaveral: "zarzas florecidas" -verso 1-, "abejas doradas" -verso 3-, "cielo azul" -verso 13-, "montes violeta" (y ya sin nieve; versos 13-14); Otras veces son los verbos -y no los adjetivos- los encargados de poner la nota cromática propia de la llegada de la primavera: "los ciruelos blanquean" -verso 2-, "los olmos [del camimo] y los chopos [de las riberas / de los arroyos]... verdean" -versos 9 a 12-; y estos árboles se humanizan, en cuanto que son hijos del "padre Duero". Y de la descripción de la flora pasa Machado a la de la fauna; las abejas liban el jugo de las flores para generar néctar en sus colmenas; y las cigüeñas que regreasan a sus nidos construidos en las torres de las iglesias, unas cigüeñas que son "garabatos / ganchudos", en sorprendente imagen plástica acrecentada por el encabalgamiento de los versos 7-8.

NOTAS.

A propósito de este romance pueden consultarse, de entre los mucnos trabajos disponibles, los siguientes:

Panizo Rodríguez, Juliana: "Anotaciones al romance La tierra de Alvargonzález".

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/anotaciones-al-romance-la-tierra-de-alvargonzalez/html/

Paredes, Juan: "La prosa de los poetas: algunos aspectos de la prosa machadiana". [https://books.openedition.org/cvz/2305].

En Antonio Machado hoy (1939-1989). Paul Aubert, director. Madrid, Casa de Velázquez, 1994, págs. 121-128. Nueva edición en línea generada el 29 de julio de 2019. [https://books.openedition.org/cvz/2281].

La Laguna Negra. Antonio Machado la describe con estos versos:

"Llegaron los asesinos / hasta la Laguna Negra, / agua transparente

y muda / que enorme muro de piedra, / donde los buitres anidan / y

el eco duerme, rodea; / agua clara donde beben / las águilas de la

sierra, / donde el jabalí del monte / y el ciervo y el corzo abrevan; /

agua pura y silenciosa / que copia cosas eternas; / agua impasible

que guarda / en su seno las estrellas”.

Las tierras de Baeza (Los olivos", I).

CXXXII (págs. 226-228)
Los olivos
I
¡Viejos olivos sedientos
bajo el claro sol del día,
olivares polvorientos
del campo de Andalucía!
¡El campo andaluz, peinado 5
por el sol canicular,
de loma en loma rayado
de olivar y de olivar!
Son las tierras
soleadas, 10
anchas lomas, lueñes sierras
de olivares recamadas.
Mil senderos. Con sus machos,
abrumados de capachos,
van gañanes y arrieros. 15
¡De la venta del camino
a la puerta, soplan vino
trabucaires bandoleros!
¡Olivares y olivares
de loma en loma prendidos 20
cual bordados alamares!
¡Olivares coloridos
de una tarde anaranjada;
olivares rebruñidos
bajo la luna argentada! 25
¡Olivares centellados
en las tardes cenicientas,
bajo los cielos preñados
de tormentas!…
Olivares, Dios os dé 30
los eneros
de aguaceros,
los agostos de agua al pie,
los vientos primaverales,
vuestras flores racimadas; 35
y las lluvias otoñales
vuestras olivas moradas.
Olivar, por cien caminos,
tus olivitas irán
caminando a cien molinos. 40
Ya darán
trabajo en las alquerías
a gañanes y braceros,
¡oh buenas frentes sombrías
bajo los anchos sombreros!… 45
¡Olivar y olivareros,
bosque y raza,
campo y plaza
de los fieles al terruño
y al arado y al molino, 50
de los que muestran el puño
al destino,
los benditos labradores,
los bandidos caballeros,
los señores 55
devotos y matuteros!…
¡Ciudades y caseríos
en la margen de los ríos,
en los pliegues de la sierra!…
¡Venga Dios a los hogares 60
y a las almas de esta tierra
de olivares y olivares!

Apoyo léxico. Canicular (verso 6). Fuertemente caluroso. Loma (versos 6, 11, 20). Altura pequeña y prolongada. Lueñe (verso 11). Lejano o distante. Recamadas (verso 12). Adornadas, engalanadas [las tierras con los olivos]. Macho (verso 13). Mulo. Abrumado (verso 14). Agobiado, fatigado, exhausto [por el peso que transporta en plena canícula]. Capacho (verso 14). Sera [capazo] redonda de esparto [adecuada para contener olivas]. Gañán (versos 15 y 43). Mozo de labranza. Arriero (verso 15). Persona que trajina [lleva productos de un lugar a otro, en este caso olivas] con bestias de carga [en este caso machos]. Soplar (verso 17). Beber en cantidad, emborracharse. Trabucaire (verso 18). Valentón, osado; [es palabra de origen catalán que originariamente significa "el que lleva trabuco" -arma de fuego más corta y de mayor calibre que la escopeta ordinaria-]. Alamar (verso 21). Adorno [cairel, guarnición a modo de fleco]. Rebruñido (verso 24). Reluciente; [el prefijo re- tiene aquí un valor de intensificación]. Argentada (verso 25) Plateada. Centellados/centelleados (verso 26). Que despiden vivos destellos de manera intermitente. Cenicienta (verso 27). De color gris claro semejante al de la ceniza. Flores racimadas (verso 35). Que forman racimos. Bracero (verso 43). Jornalero no cualificado que trabaja en el campo. Matutero (verso 56). Que frecuenta casas de juegos prohibidos [y, por tanto lo hace clandestinamente, a escondidas]

El largo poema Los olivos tiene dos partes bien diferenciadas, de 62 y 42 versos respectivamente (104 en su conjunto), y también dos enfoques temáticos completamente diferentes. En la primera parte, que es la que pasamos ahora a analizar, Machado repara en los olivos que constrituyen la base del paisaje en que está ubicada la ciudad de Baeza; y se extasía en su contemplación, y en la de las gentes que trabajan la tierrra (gañanes, arrieros, braceros); y ruega a Dios por que olivos y olivareros -que son "las almas de esta tierra" (verso 61) gocen de sus bendiciones. En la segunda parte, Machado pasa del entusiasmo a la imprecación, denunciando la estructura sociológica de una Baeza de señoritos ociosos en la que la iglesia es cómplice de una religiosidad hipócrita -fuera y dentro de los conventos-, y de la que Dios está completamente alejado; aunque, como contraste, "los olivos / están en flor" (versos 23-24); y en ese "triste burgo de España (verso 3), en ese "burgo sórdido" (verso 40), "la tierra da lo suyo; el sol trabaja; / el hombre es para el suelo: / genera, siembra y labra / y su fatiga unce la tierra al cielo." (versos 27-30). Y de ahí que el poeta, consciente del trabajo abnegado que implican las labores agrícolas, pueda calificar estos campos -frente a la falsa piedad que se respira por doquier en la ciudad- como "ubérrimos" (verso 26).

Entremos, pues, en los 62 versos que conforman la primera parte del poema. Y antes de adentrarnos en su contenido propiamente dicho, reparemos en algunos aspectos métricos necesarios para valorar estilísticamente los aspectos emocionales con que Machado afronta dicho contenido, realzados por las estructuras métricas empleadas.

De los 62 versos, 10 son tetrasílabos (versos 9-10, 29, 31-32, 41, 47-48, 52 y 55), y los 52 restantes, octosílabos. Esta combinación mantiene el ritmo fundamentalmente cuaternario del poema -aunque no siempre coincida la combinación métrica con la estructura morfosemántica- y facilita las diferentes rimas; así, por ejemplo, en los versos 9-10, 31-32 y 47-48 figuran dos tetrasílabos seguidos, y el resto de los tetrasílabos se encuentran en una posición de relevancia expresiva (versos 29, 41, 52 y 55). Por otra parte, a ese ritmo sostenido del poema contribuyen los continuos encabalgamientos sirremáticos, que le aportan una "movilidad" de alto valor intensivo:

"olivares polvorientos / del campo de Andalucía" (versos 3-4);

"El campo andaluz, peinado / por el sol canicular" (versos 5-6);

"de loma en loma rayado / de olivar y de olilvar" (versos 7-8);

"Son las tierras / soleadas" (versos 9-10);

"anchas lomas, lueñes sierras / de olivares recamadas" (versos 11-12);

"machos / abrumados" (versos 13-14);

"Olivares coloridos / de una tarde anaranjada" (versos 22-23);

"olivares rebruñidos / bajo la luna argentada" (versos 24-25);

"bajo los cielos preñados / de tormentas... (versos 28-29);

"los eneros / de aguaceros" (versos 31-32).

Y a todo ello hay que añadir las abundantes rimas consonantes en las estrofas empleadas, que le aportan al poema una grata musicalidad difundida a lo largo de los 62 versos. Estas son las aludidas estrofas y rimas, en las que las redondillas (abab) tienen un papel predominante:

Versos 1-4. Estrofa: redondilla; rimas: /-entos/, /-ía/; esquema: abab.

Versos 5-8. Estrofa; redondilla; rimas: /-ádo/, /ár/ (las de los versos 6 y 8 son rimas agudas). Esquema: cdcd.

Versos 9-12. Estrofa: redondilla; rimas: /-érras/, /-ádas/. Esquema: efef.

Versos 13-18. Estrofa: sextilla; rimas: /-áchos/, /-áchos/; /-éros/, /-íno/, /-íno/, /-éros/. Esquema: gghiih.

Versos 19-25. Combinación estrófica de siete versos, en la que se entrelazan dos redondillas (gracias a la reiteración de la rima /-ídos/); rimas: /-áres/ (versos 19 y 21), /-ídos/ (versos 20, 22 y 24), /-áda/ (versos 23 y 25). Esquema: jkjklkl.

Versos 26-29. Estrofa: redondilla; rimas: /-ados/, -/éntas/; esquema: mnmn.

Versos 30-33. Estrofa: cuarteta; rimas: /-é/, /-éros/, /-éros/, /é/ (las de los versos 30 y 33 son agudas; y los versos 31 y 32 repiten la rima /-éros/ de los versos 15 y 17) ). Esquema: ñhhñ.

Versos 34-37. Estrofa: redondilla; rimas: /-áles/, /-ádas/ (en los versos 35 y 37 se repìte la rimas de los versos 10 y 12). Esquema: ofof.

Versos 38-41. Estrofa: redondilla: rimas: /-ínos/, /-án/ (las de los versos 39 y 42 son agudas). En este caso, la estructura métrica no coincide con la morfosemántica. Esquema: pqpq.

Versos 42-45. Estrofa: redondilla; rimas: /-ías/, /-éros/ (los versos 43 y 45 repiten la rima /-éros/ de los versos 31-32 y 15 y 17). Esquema: rhrh.

Verso 46. Inicia una nueva estructura morfosemántica completa, que se prolonga hasta el verso 56. Pero su rima /-éros/ es la misma de los versos 43 y 45; sin embargo, con los versos 42-46 no pueden formar unas quintilla, porque los versos 45-46 constituirían un pareado. Por lo tanto, este verso rima simplemente con el 45, sin formar con él estrofa alguna. Este sería, pues, el esquema métrico: rhrh/h.

Versos 47-52. Estrofa: sextilla; rimas: /-áza/, /-áza/, /-uño/, /-íno/, /úño/, /-íno/ (en los versos 50 y 52 se repiten las rimas de los versos 16, 17). Esquema: sstiti.

Versos 53-56. Estrofa: redondilla; rimas: /-óres/, /-éros/ (en los versos 54 y 56 se repiten las rimas de los versos 15, 17, 31, 32, 43, 46 y 46). Esquema: uhuh.

Versos 57-62. Estrofa: sextilla; rimas: /-íos/, /-íos/, /-érra/, /-áres/, /-érra/, /-áres/ (los versos 60 y 62 repiten las rimas de los versos 19 y 21). Esquema: vvwkwk.

Este es, pues, la aparentemente sencilla -pero no exenta de complejidad formal- distribución de rimas y estrofas, responsable -junto a los encabalgamientos y el ritmo fundamentalmente cuaternario de esa suave musicalidad a la que aludíamos, y que se expande a lo largo del poema:

abab//cdcd//efef//gghiih//jkjklkl//mnmn//ñhñh//

ofof//pqpq//rhrh-h//sstiti//uhuh//vvwkwk

redondilla (versos 1-4), redondilla (versos 5-8), redondilla (versos 9-12), sextilla (versos 13-18), redondillas enlazadas (19-25), redondilla (versos 26-29), cuarteta (versos 30-33), redondilla (versos 34-37), redondilla

(versos 38-41), redondilla (versos 42-45+[46]), sextilla (versos 47-52), redondilla (versos 53-56), sextilla (versos 57-62).

El texto de Machado -su devoción por los olivos y por las gentes que se encargan de su mantenimiento- se entenderá mejor si recordamos que los campos de Baeza -y, en general, los de toda la provincia de Jaén- están constituidos por inmensos olivares que incluso ocupan el suave relieve de lomas y colinas, y aportan al paisaje la sensación de un movimiento marino; y de ahí la sugestiva metáfora "mar de olivos", acuñada popularmente porque, en efecto, en el paisaje se proyecta un mantro plateado originado por hileras de olivos que se prolongan hasta el horizonte. Y Machado expresa estas impresiones -que continúan dejando boquiabiertos a quienes contemplan ese "mar de olivos"- con una profusa adjetivación que incide en los olivares propiamente dichos; en los diferentes momentos de día que, con su cromatismo, varían la percepción de los mismos: y en los trabajos agrícolas de sus labradores.

Ya en el verso 1 Machado, anteponiendo y posponiendo adjetivos al nombre, alude a los "viejos olivos sedientos", refiriéndose tanto a su carácter ancestral como al hecho de que no necesitan abundante riego para producir excelentes cosechas; unos olivos bajo el "claro sol" (verso 2), y a los que califica con el adjetivo "polvorientos" (verso 3), en alusión al campo andaluz que pueblan ("peinado" -verso 5, "rayado" -verso 7-, adjetivos que añaden una enorme fuerza plástica a la descripción), con ese "sol canicular" de "tierras soleadas" (versos 9-10, en los que los adjetivos reiteran la potencia calórica del sol estival). Esos olivares se extienden por "anchas lomas", por "lueñes sierras" (verso 11), a las que hermosean ("sierras / recamadas" -versos 11 y 12-). Y este adjetivo -"recamadas"- se intensifica con otro participio con valor adjetival, en el verso 20: "prendidos" ("olivares [de loma en loma] / prendidos": versos 19-20 vinculados por un encabalgamiento), embellecimiento que culmina en el símil del verso siguiente (el 21): "cual bordados alamares"; y ese proceso de hermoseamiento continúa en los versos 22 ("olivares coloridos" en tardes anaranjadas), 24 ("olivares rebruñidos", es decir relucientes), y 26 ("olivares centellados", es decir, resplandecientes; nuevo participio con valor adjetival que reitera y refuerza el significado del participio, también con valor adjetival, "rebruñidos"); y, finalmente, en el verso 37 alude Machado al fruto del olivo: "olivas moradas" (que es uno de los colores de la oliva en origen).

También le sirve a Machado la adjetivación para describir los paisajes del campo repleto de olivos, ya sea a la caída de la tarde ("tarde anaranjada" -verso 23-, que traslada su color a los propios olivos -verso 22-; "tardes cenicientas" -verso 27-, de cielos plomizos y tormentosos: "preñados / de tormentas" -versos 28 y 29-; ya sea al anochecer ("luna argentada -verso 25-, que hace que los olivares brillen con luz trémula -verso 24-); ya sea con los "vientos primaverales" -verso 34- que coadyuban a que los olivares se pueblen de "flores racimadas" -verso 35-, o con las "lluvias otoñales" (verso 36).

Y no se olvida Machado de las duras labores de gañanes, arrieros, braceros y labradores; que opone -en durísima adjetivación llena de connotaciones peyorativas- a "los bandidos caballeros, / los señores / devotos y matuteros” (versos 54-56: ya en el verso 18 aludía Machado a los “trabucaires bandoleros”). Y la adjetivación recalca los penosos trabajos de aquellos: “Mil senderos. Con sus machos, / abrumados de capachos, / van gañanes y arrieros” (versos 13-15); “¡oh buenas frentes sombrías [las de gañanes y braceros] / bajo los anchos sombreros” (versos 44-45); son esos “fieles al terruño / y al arado y al molino, / de los que muestran el puño / al destino, / los benditos labradores” (versos 49-53). Es decir: bondad generosa, honestidad en el trabajo, virtuosa ejemplaridad... Así son los olivareros, en la percepción que de ellos tiene Machado.

Y aún nos queda por insistir en la invocación protectora de Dios. Del verso 30 al 37, Machado le pide a Dios que “cuide” de los olivares en todo tiempo: “aguaceros” en enero (versos 31-32); “agua al pie”, en agosto (verso 33); vientos de primavera que permitan floraciones “racimadas” (versos 34-35); y lluvias de otoño (versos 36-37). Y en los tres últimos versos del poema (60-63), vuelve a rogarle a Dios -con verbo en subjuntivo de claro valor exhortativo: “Venga Dios...”- que proteja tanto los hogares de quienes hacen posible la existencia de los campos de olivos, como esos mismos campos “de olivares y olivares”. ¡Qué distante está de estos sentimientos ese anticlericalismo manifestado en otros momentos por Machado con el sentido de la religiosidad ferviente que encontramos en este poema, transido de espiritualidad!

Finalmente, de que nos encontramos ante una descripción impresionista basada en un estilo nominal da cuenta el número escaso de verbos: solo 8 en 62 versos; verbos que están o bien en presente (de indicativo: “son” -verso 9-, “van” -verso 15-, “soplan” -verso 17-, “muestran” -verso 51-; de imperativo: “” -verso 30-, “venga” -verso 60, subjuntivo con valor exhortativo-), o bien y en futuro con valor hipotético (“irán” -verso 39-, “darán” -verso 41-).

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A modo de comparación: olivos andaluces/olivos mallorquines.

Texto de José María Salvatierra.

... Los olivos. Estos son los hermanos de los pinos mallorquines. Son igualmente humildes, porque se contentan con cualquier terreno pedregoso, y crecen sin cuidados en los sitios más salvajes; son bíblicos también por lo que se multiplican y por la función piadosa que ejercen de vestir al desnudo. Visten de plata los roquedales, los barrancales y a todas las partes de la isla llevan su presencia pacífica y sus simbólicos ramos. No son los simétricos olivos de Córdoba y Sevilla, mimados, cuidados exageradamente, pomposos y robustos, bellos y arrogantes, como una auténtica creación andaluza. Estos olivos de Mallorca se diría que alguien los hubiera plantado de cualquier modo, en no se sabe qué remota fecha. Todos parecen árboles de otra edad, de otra civilización. Olivos repetidamente podados, cuyos vástagos nuevos luchan por defender sus pobres ramas juveniles, mientras los gachos y seniles troncos, como esqueletos que se arragasen a una triste apariencia de vida, se curvan y encogen, se distienden y quiebran en trágicas contorsiones. Y esos troncos torturados, dramática imagen de la mayor vejez, inventan toda suerte de figuras monstruosas, como las de las quimeras de las antiguas catedrales, pero más fantásticas, más demoniacas y horriblemente sugeridoras aún.

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Human Traces. Revista cultural.

"Antonio y Manuel Machado: Vida, obra y legado de dos grandes poetas".

https://humantraces.net/hermanos-machado/

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