El poeta toledano Garcilaso de la Vega escribió tres églogas. Recordemos que la égloga es un género de poesía enmarcada en la vida campestre, y en la que distintos pastores entablan diálogos, por lo general de tipo amoroso, rodeados de un paisaje totalmente idealizado (el llamado “locus amoenus” o lugar agradable). La que goza de mayor popularidad es la Égloga I, compuesta en estancias: Salicio se lamenta de los desdenes de Galatea, mientras que Nemorosa llora la muerte de Elisa.
Ambos pastores representan al propio Garcilaso la Vega y las dos ninfas a Isabel Freyre, dama portuguesa por la que el poeta sintió un sentimiento amoroso transido de platonismo y expresado con sinceridad conmovedora. La más perfecta es la Égloga III, escrita en octavas reales, que trascurre en las riberas del Tajo, y en cuya primera parte diferentes ninfas tejen en ricas telas escenas mitológicas; y no podía faltar la amada de Nemoroso, degollada sobre la hierba (Isabel Freyre murió en el parto de su tercer hijo, sumiendo al poeta en una terrible desolación: “Cerca del agua, en un lugar florido, / estaba entre la hierba degollada, / cual queda el blanco cisne cuando pierde / las dulce vida entre la hierba verde”.
Y vamos a recalar en la Égloga II, la más extensa, con casi dos mil versos (1885, exactamente) y variada métrica: hay más de ochocientos versos agrupados en tercetos, ciento cuatro estancias, alrededor de novecientos versos con rima interna… La Égloga consta de dos partes. La primera gira en torno al amor entre Albanio y Camila, su compañera de juegos infantiles; y dado que Camila solo desea su amistad, Albanio intenta ahogarse en una fuente, pero Salicio y Nemoroso se lo impiden. En la segunda parte, Nemoroso, en forma alegórica, traza una apología de la casa de Alba.
Y nos interesa el arranque, al comienzo de la obra, de la primera intervención de Salicio, porque en esta estancia se introduce el tema de la vida retirada y el elogio de la soledad. De Horacio procede el beatus ille...” , un épodo que fray Luis de León adaptará a la lengua castellana en su célebre oda “Vida retirada”, que ofrece una visión amable de lo que es la vida en la paz del campo, alejada del bullicio mundano y de las ansias de poder y riqueza.
Esta es la estancia puesta por Garcilaso de la Vega en boca de Salicio:
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SALICIO
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Garcilaso de la Vega ha empleado una estancia, que se va a repetir con el mismo esquema:
7a-7b-11C-7a-7b-11C-7c-7d-7e-7e-11D-7f-11F
Es decir: de los trece versos, nueve son heptasílabos (1, 2, 4, 5, 7, 8, 9, 10 y 12) y cuatro endecasílabos (3, 6, 11 y 13). Por otra parte, este es el esquema de las rimas consonantes:
versos primero con cuarto: /-ádo/;
versos segundo con quinto: /-árse/;
versos tercero con sexto y séptimo: /áza/:
verso octavo con undécimo: /-érta/;
verso noveno con décimo: /-óres/:
verso duodécimo con decimotercero: /-óso/.
La estancia recoge, en efecto, el ideal renacentista de la búsqueda de la paz interior y el rechazo de las servidumbres que impone una vida pública centrada en la ambición desmedida; lo cual facilita el encontrarse con uno mismo y el descanso anímico. Y de ahí que en el texto se contraponga la tranquilidad del entorno rural al bullicio urbano (“la llena plaza”), “la dulce soledad” -auténtico estado idílico- a ”la soberbia puerta de los grandes señores”, donde abundan adulaciones y lisonjas. Los sustantivos verbales que cierran la estancia indican claramente las obligaciones que embargan a quien no es dueño de su propia vida y se ve arrastrado a “rogar, fingir, temer y estar quejoso” (ruego, fingimiento, temor y descontento, frente a la condición de “bienaventurado); un riesgo que se puede evitar si se elige abrazarse a la “dulce soledad”.
Conviene, no obstante, hacer hincapié en el contexto global de la primera parte de la Égloga, para “situar” esta exaltación de la vida rústica: la pasión desenfrenada de Albanio contrasta con la serenidad de ánimo que proporciona el aislamiento en un marco natural embellecido.
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Un enfoque temático parcialmente parecido desarrolla fray Luis de León (nacido nueve años antes -1527- del fallecimiento de Garcilaso de la Vega -1536-) en su no menos célebre oda “La vida retirada”, inspirada en el “Beatus ille...” del poeta latino Quinto Horacio Flaco; una oda que analizamos en esta misma revista digital (“Anotaciones para una lectura comprensiva de la Oda a la vida retirada, de Fray Lujs de León”); véase el siguiente enlace:
Fray Luis de León manifiesta en dicha oda su ansia de paz espiritual, su deseo de sosiego en un marco rural, como contrapunto a la vida convulsa de la ciudad; y allí se encuentra “libre […] de odio, de esperanzas, de recelo”. y escuchando la armonía del universo manejado sabiamente por la Providencia divina.
Nos basta con recordar las tres primeras liras de esta composición del poeta agustino para poder reparar en las coincidencias con la estancia de Garcilaso de la Vega:
¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruïdo,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!
Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio moro, en jaspes sustentado.
No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.
Anotaciones a la estrofa 2. Verso 6. Que no le da envidia (al que huye del mundanal ruido). Verso 7. Hipérbaton: “el estado de los grandes soberbios” (con su riqueza y poder). Versos 8-9. No le causan admiración los palacios más suntuosos. Versos 9-10. Construido por el sabio moro (hipérbaton: “el dorado techo en jaspes sustentado”; la suntuosidad se atribuye a las antiguas obras moras).
Anotaciones a la estrofa 3. Verso 11. No se preocupa (el que huye del mundanal ruido) de la fama. Verso 12. Hipérbaton: “canta su nombre con voz pregonera”. Versos 13-14. No se preocupa de las alabanzas lisonjeras (hipérbaton: “si la lengua lisonjera encarama [ensalza]”). Versos 13-15. No se preocupa de si los lisonjeros y aduladores dicen mentiras, alabándolo.