EL RINCÓN DE LA POESÍA

Juana de Ibarbourou: La belleza oculta de la higuera en su poesía

Juana de Ibarbourou

Nuestro poema de cada día

Fernando Carratalá | Viernes 08 de mayo de 2026
La poetisa Juana de Ibarbourou expresa su piedad hacia la higuera, un árbol considerado feo y triste en comparación con otros más bellos de su huerto. A pesar de su apariencia, ella la elogia, deseando que su mensaje de belleza resuene en su alma sensible. Al final, la higuera se siente hermosa por sus palabras.


La higuera
Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.
En mi quinta hay cien árboles bellos,
ciruelos redondos, 5
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.
En las primaveras,
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera. 10
Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos que nunca
de apretados capullos se viste...
Por eso,
cada vez que yo paso a su lado, 15
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
«Es la higuera el más bello
de los árboles todos del huerto».
Si ella escucha, 20
si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!
Y tal vez, a la noche,
cuando el viento abanique su copa, 25
embriagada de gozo le cuente:
¡Hoy a mí me dijeron hermosa!

Juana de Ibarbourou: Raíz Salvaje. Montevideo,
Máximo García, editor; 1922.

Editado, junto a Las lenguas de diamante, por Ediciones Cátedra, Madrid, 2018 (1988); Colección Letras Hispánicas, núm. 447. Jorge Rodríguez Padrón, editor literario.

Poema recitado por Manuel López Castillejos (con fondo musical de Bach).

Apoyo léxico.

Áspera (verso 1). Desagradable al tacto por falta de suavidad (en alusión a las hojas de la higuera). Quinta (verso 5). Hacienda, finca agrícola. En Uruguay, casa de campo, finca o propiedad de descanso situada en la periferia de las ciudades, caracterizada por tener un terreno amplio, parque, jardín y muchas veces cultivos. (A diferencia de la casa urbana, se asocia al ocio -fines de semana y veraneo-). Rectos (verso 6). Que no están torcidos, por lo que no se inclinan hacia los lados. Lustrosos (verso 7). Brillantes, relucientes, Gajos (verso 12). Acento (verso 17). Hará nido (verso 22). Abanique (verso 25). Embriagada de gozo (verso 26). Henchida de satisfacción.

Antes de comentar el poema de Juana de Ibarbourou, reproducimos la información que sobre la higuera nos aporta el DRAE, atendiendo a sus características botánicas:

“Árbol de mediana altura, tronco grisáceo y hojas grandes, ásperas y lobuladas, cuyas frutas son la breva (primer fruto anual) y el higo (segundo fruto, o el más tardío, de la higuera, menor que la breva, blando, de gusto dulce, por dentro de color más o menos encarnado o blanco, y lleno de semillas sumamente menudas; exteriormente está cubierto de una piel fina y verdosa, negra o morada, según las diversas castas de ellos)”.

La información del DRAE se expresa en un lenguaje discursivo, perfectamente estructurado para comunicarla con cbjetividad, claramente denotativo y sin la menor concesión a la subjetiviismo, con objeto de garantizar su univocidad -es decir, con una significación “estable”, independiente del usuario. O, dicho de otra manera, el DRAE nos ha proporcionado una información de las características más relevantes de una higuera haciendo un uso conceptual y no afectivo de la lengua, limitada, así, a la comunicación de conocimientos, y a la que son ajenos cuantos recursos pudieran sugerir emociones estéticas, lo que implica que las palabras están empleadas con cuidada propiedad léxica, de acuerdo con su significado nocional o denotativo, y atenuando al máximo sus valores expresivos.

El lenguaje científico va incluso más allá, si se define la higuera empleando la jerga específica de la Botánica. Como simple curiosidad, basta con leer la información que, al respecto, se encuentra en la wikipedia:

https://es.wikipedia.org/wiki/Ficus_caric

Leamos ahora el poema de Juana de Ibarbourou dedicado a la higuera. La poetisa, recurriendo a un uso connotativo de la lengua, ha evocado un conjunto de sentimientos y sensaciones del todo subjetivos que en ella provoca; y se los ha trasladado al lector produciendo la impresión de belleza merced a una enorme expresividad lograda a través de una lengua en la que los valores connotativos de las palabras tienen mayor relevancia que los meramente conceptuales. Atrás ha quedado, pues, la descripción más o menos detallada de lo que es una higuera -porque no se trata de comunicar conocimientos-, para entrar en el mundo de la literatura, sugiriendo emociones: lo relevante es la forma de expresión -la formalización lingüística de los contenidos- ajustada a criterios estéticos. Y, sin más preámbulos, adentrémonos en el bello poema de la poetisa uruguaya.

Empecemos por los aspectos métricos, que resultan del todo relevantes. La poetisa distribuye los 27 versos del poema en 7 agrupamientos estróficos, más un verso final o de cierre -separado por un espacio- que actúa a modo de conclusión o resumen de la idea principal, y adquiere una especial importancia rítmica y enfática: “¡Hoy a mí me dijeron hermosa!”.

Predomina el verso endecasílabo (17 en total, lo que supone algo más del 63 % (versos 2, 3 / 4, 7 / 9 / 11, 12, 13 / 15, 17, 19 / 21, 22, 23 / 25, 26 / 27. (El verso 23 contiene un doble hiato: “en-su-al-ma-sen-si-ble-de-ár- bol”). Los versos 5, 6 / 8, 10 / 16 son hexasílabos (5 en total); y heptasílabos los versos 1 / 18 / 24 (3 en total): tetrasílabo el verso 20 y trisílabo el verso 14 (ambos a comienzo de agrupamiento estrófico). El ritmo se logra gracias a la ubicación de cada verso, según su número de sílabas, a lo largo del poema, así como a las diferentes asonancias en razón de los distintos agrupamientos estróficos:

  • Versos 1 y 3: /é-a/ (“fea/higuera”); el verso 2 queda libre. Tipo de estrofa: soleá.
  • Rimas cruzadas: versos 4 y 6, /é-o/ (“bellos/rectos”), y versos 5 y 7, /ó-o/ (“redondos/lustrosos”). Tipo de estrofa: cuarteta asonantada.
  • III. Versos 8 y 10: /é-a/ (“primaveras/higuera”; es la misma rima de los versos 1 y 3); el verso 9 queda libre. Tipo de estrofa: soleá.

  • Versos 11 y 13: /í-e/ (“triste/viste”; rima que coincide con la asonancia del verso 3); el verso 12 queda libre. Tipo de estrofa: soleá.
  • Versos 14, 17, 18 y 19: /é-o/ (“eso/acento/bello/huerto”); es la misma rima de los versos 4 y 6. Versos 15 y 16: /á-o/ (“lado/procurando”). La agrupación de versos 14-19 no se ajusta a ninguna combinaciòn estrófica convencional.
  • Versos 21 y 23: /á-o/ (“hablo/árbol”; es la misma rima de los versos 15 y 16; los versos 20 y 23 quedan libres, aunque la asonancia /ú-a/ del verso 20 coincide con la del verso 12 (“escucha/nunca”). Tipo de estrofa; copla asonantada.
  • VII. Los versos 24, 25 y 26 careen de rima, si bien la asonancia /ó-a/ del verso 25 se repite en el verso que cierra el poema, el 27 (“copa/hermosa”); y de esta forma resultaría una copla asonantada.

    Dos son los protagonista del poema: la propia poetisa y la higuera, emotivamente humanizada, a los que habría que añadir el viento, igualmente humanizado. Y el contenido no puede ser más simple: Ibarbourou se apiada de una higuera que hay en su quinta, a la que considera “el más bello / de los árboles todos del huerto» (versos 18 y 19), aunque sea “áspera y fea” (verso 1), sus ramas sean “grises” (verso 2), siempre parezca “triste” (verso 11) y sus “gajos torcidos”; adjetivos con claras connotaciones peyorativas, muy distintos a los que le sirven para caracterizar otros de los árboles del huerto: los “ciruelos redondos” (verso 5), los “limoneros rectos” (verso 6) y los “naranjos lustrosos” (verso 7). Y de ahí que esté convencida de que la higuera, si es capaz de interpretar el lenguaje humano, percibirá la dulzura del mensaje afectuoso que le dirige, porque, a fin de cuentas, posee “un alma sensible de árbol” (verso 23). Hasta aquí lo que podríamos considerar la primera parte del poema: la poetisa y la higuera frente a frente: “yo le tengo piedad a la higuera” (verso 3). Adviértase la construcción catafórica, merced a la cual, el pronombre “le” -anticipado en el discurso- se refiere al nombre “higuera”, que aparece después. Y, nuevamente, poetisa e higuera (primera y tercera persona: “yo/”/“ella”) relacionadas en el mimo verso: 15: “cada vez que yo paso a su lado [al lado de ella, de la higuera], si bien la construcción es ahora anafórica, porque el nombre “higuera” va anticipado. El “yo” de la poetisa está ademas presente en las formas verbales (“yo paso” -verso 15-, “digo” -verso 16-, “hablo” -verso 21-) y en los determinantes posesivos de primera persona (“mi quinta” -verso 4-, “mi acento” -verso 17-). Para la higuera, en esta parte del poema la poetisa utiliza la tercera persona gramatical, ya mediante formas verbales (“parece” -verso 11-, “se viste” -verso 13-, “es” -verso 18-, “si ella escucha” -verso 20-, “si comprende” -verso 21-), ya por medio del determinante posesivo de tercera persona (“su alma” -verso 23-). Y, sin duda, es la estrofa IV una de las que mejor condensa los sentimientos de la poetisa hacia la higuera, al contemplar que “Y la pobre parece tan triste / con sus gajos torcidos que nunca / de apretados capullos se viste…”, (versos 11-13), frente a la belleza de ciruelos, limoneros y naranjos (versos 5-7). Porque la higuera “nunca / de apretados capullos se viste” (versos 12 y 13), es decir, que no tiene una vistosa floración como la de los otros árboles del huerto, que “En las primaveras / todos ellos se cubren de flores” (versos 8-9). Y, “por eso” (verso 14), cuando la poetisa pasa junto a ella, con entonación [“acento”] “dulce y alegre” (17) le dice.: «Es la higuera el más bello / de los árboles todos del huerto» (versos 18-19, que originan el único encabalgamiento del poema; adviértase, por otra parte, el leve hipérbaton que viene exigido por la rima asonante /é-o/, frente a «Es la higuera el más bello / de todos los árboles del huerto»). Y la poetisa confía en que su mensaje de dulzura anide “en su alma sensible de árbol” (verso 23). Y hasta aquí lo que podríamos considerar la primera parte del poema (versos 1-23).

    Los cuatro últimos versos (24-27) -segunda parte del poema- plantean una hipótesis: “Tal vez” (verso 24), en consonancia con el verso 21 (“si comprende el idioma en que hablo”), al llegar la noche, la higuera se dirigiría al viento, precisamente cuando este agita (“abanique”) las ramas y hojas que forman su parte superior (“copa”), y, exultante de felicidad (verso 26: “embriagada de gozo”), le trasladara al viento el porqué de su contento: “¡Hoy a mí me dijeron hermosa!” (verso 27).

    Este final “climático” se logra con una conjunción de recursos expresivos. En primer lugar, la oración exclamativa refleja un estado emocional de alegría. En segundo lugar, la construcción pronominal pleonástica (“a mí me”) realza enfáticamente la identidad del complemento indirecto -la higuera-. En tercer lugar, la combinación del adverbio de tiempo “hoy” con el uso del pretérito perfecto simple (“dijeron”) es frecuente en Hispanoamérica (en España se emplea, en tal caso, el pretérito perfecto -“han dicho”-), por lo que debe entenderse que la acción se da por concluida (“dijeron”), con independencia del momento del día, pero con repercusiones en el presente en que se sitúa el hablante (“hoy”). En cuarto lugar, la tercera persona del plural (“dijeron”) envuelve al sujeto en una esfera de indeterminación (la gramática tradicional denomina a las oraciones con este tipo de construcciones en las que no hay sujeto “impersonales eventuales”). Y, en quinto y último lugar, el adjetivo “·hermosa” cumple la función de complemento predicativo del complemento indirecto “me”.

    Juana de Ibarbourou: Raíz Salvaje. Montevideo,
    Máximo García, editor. 1922.

    Francisco Villaespesa es autor de este otro poema en el que la higuera forma parte del paisaje granadino del barrio de El albaicín:

    El albaicín
    Con pereza oriental, en la colina dormita,
    ebrio de sol, el Albaicín.
    Torcida higuera su ramaje inclina
    entre rojos tapiales de un jardín.

    Una acritud de fruta ya madura
    y podrida trasciende del vergel,
    mientras el fuego de la calentura
    va esculpiendo las venas en la piel.

    El arco de una arábiga cisterna
    nos brinda el eco de su agua interna,
    que nunca doró el sol, y la frescura

    de su sombra antiquísima... ¡Y advierte
    la carne en su pesada calentura
    la fiebre de la vida y de la muerte!

    Francisco Villaespesa: El libro del amor
    y de la muerte. Por tierras de sol
    y sangre, VIII. Barcelona, Casa Editorial
    Sopena, pág. 76.

    Edición digital:

    https://www.bibliotecadigitaldeandalucia.es/catalogo/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=1010867

    [Extremadura consolida su liderazgo a nivel nacional en el cultivo de la higuera, al concentrar el 58,8 % del total de higueras cultivadas en España, según los últimos datos de la Encuesta de Superficies del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación del año 2023]

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