EL RINCÓN DE LA POESÍA

Sor Juana Inés de la Cruz: descripción petrarquista de una dama

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ [Fray Miguel de Herrera, agustino mexicano, 1732. Óleo sobre tela; dimensiones: 64 x 64 cm. Colección Banco Nacional de México]

Nuestro poema de cada día

Fernando Carratalá | Miércoles 13 de mayo de 2026

La mexicana y monja jerónima sor Juana Inés de la Cruz (Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, 1651-1695) es la figura de mayor relieve de la lírica hispanoamericana de influencia gongorina en las últimas décadas del siglo XVII. Su obra incluye teatro -en especial autos sacramentales- y poesía, tanto religiosa como profana, en la que descuellan espléndidos sonetos amorosos. Muy celebrados en su época -y hoy lo siguen siendo- son sus villancicos para ser cantados, que le encargaron los cabildos de las catedrales de México, Puebla y Oaxaca, y que compuso a lo largo de 20 años, desde 1676 -cuando tenía 28- hasta poco antes de su muerte.



Describe, con énfasis de no poder dar la última mano
a la pintura, el retrato de una Belleza
Tersa frente, oro el cabello,
cejas arco, zafir ojos,
bruñida tez, labios rojos,
nariz recta, ebúrneo cuello,
talle airoso, cuerpo bello,
cándidas manos en que
el cetro de amor se ve
tiene Fili; en oro engasta
pie tan breve que no gasta
ni un pie. [1]

Sor Juana Inés de la Cruz : Obras completas, volumen I: Lírica personal (poema 132).
México, Fondo de Cultura Económica, 1951. Edición, introducción y notas de Antonio Alatorre.

El poema es una décima que responde al esquema tradicional de rimas consonantes: “abbaaccddc”. Sin embargo, no todos los versos son octosílabos: el último es un trisílabo- La razón nos la explica con todo detalle Sebastian Neumeister:

“La décima reúne, como es debido, todos los elementos de la descripción petrarquista de la dama. Pero incluso sin el efecto final es un caso extremo del esquema petrarquista: es la realización más breve posible de este esquema. Sor Juana aparta, por el efecto final, el medio verso y último «ni un pie», la atención del lector del contenido clásico -la belleza de la dama- y la dirige hasta la forma métrica: hace del pie de la dama el pie del verso. Atestigua así al pie de la letra lo que Hugo Friedrich, en su definición de la poesía barroca, llama «la función exagerada del estilo» («Überfunktion des Stiles»): «La palabra ya no pretende mostrar la cosa sino a sí misma». El canon de los elementos de belleza de la dama resplandece por última vez en esta poesía, pero solo porque Sor Juana se sirve de él de manera irónica-mecánica: lo reduce radicalmente a su mínimo absoluto e incluso le quita medio verso reemplazándolo por el juego de palabras con «engastar» y «gastar»: (...) en oro engasta / pie tan breve, que no gasta / ni un pie. Cf. Neumeister, Sebastian: “El petrarquismo de Sor Juana Inés de la Cruz como medio de autodefensa”. Actas del XIII Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas (AIH), Madrid, 6-11 de julio de 1998. (Florencio Sevilla Arroyo, Carlos Alvar Ezquerra), tomo III, 2000, págs. 294-303.

https://cvc.cervantes.es/literatura/aih/pdf/13/aih_13_3_039.pdf

En esta décima, la poetisa mexicana, siguiendo el canon descriptivo propio del petrarquismo para pintar a la dama, describe a una mujer llamada Filis, acumulando adjetivos que realzan su belleza. En los tres primeros versos, la poetisa describe el cabello, las cejas y los ojos por medio de nombres en aposición, que tienen un claro valor adjetival: cabello oro (rubio), cejas arco (arqueadas), ojos zafir (azules); y en cuanto a los adjetivos morfológicos, su anteposición o posposición a los respectivos nombres está condicionada no tanto por el ritmo de los octosílabos cuanto por la necesidad de la rima de la décima, según el esquema tradicional: tersa frente -lisa y sin arrugas- (verso 1), oro el cabello -amarillo breillante, semejante al oro- (verso 1) bruñida tez -reluciente- (verso 3), labios rojos (verso 3), nariz recta (verso 4), ebúrneo cuello -marfileño: parecido al marfil y, por tanto, blanco- (verso 4), talle [cintura] airoso -gallardo y bien dispuesto- (verso 5), cuerpo bello -perfecto en sus formas- (verso 5), cándidas manos -blancas- (verso 6), pie breve -corto-, que cubre calzado áureo.

Y dado que el texto es, en efecto, una descripción, la poetisa, por medio de la adjetivación -ya analizada-, no solo ha traducido sensaciones cromáticas, sino también auditivas, al emplear dos adjetivos, además de cultos -y muy del gusto gongorino- esdrújulos:

verso 4: “ebúrneo cuello”; del latín eburneus, derivado de ebur, ebŏris 'marfil'; en lenguaje poético, parecido al marfil;

verso 6: “cándidas manos”; del latín candidus; en lenguaje poético, blanco brillante, blanco resplandeciente.

Y en cuanto a las construcciones sintácticas, se aprecian:

bimembración “adjetivo+nombre”: “Tersa frente, oro el cabello (verso 1): “talle airoso, cuerpo bello” (verso 5);

quiasmo “nombre+adjetivo/adjetivo+nombre”: “cejas arco, zafir ojos” (verso 2); “bruñida tez, labios rojos (verso 3), “nariz recta, ebúrneo cuello” (verso 4);

hipérbaton (versos 7-8): “el cetro de amor se ve / tiene Fili” (en lugar de “Fili se ve que tiene el cetro del amor”);

juegos de palabras de carácter morfosintáctico (versos 8-10); “en oro engasta / pie tan breve que no gasta / ni un pie” (“engasta/gasta”; “pie tan breve/ni un pie”).

https://laresolana.wordpress.com/wp-content/uploads/2016/04/12-2-sor-juana-lirica-personal.pdf

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