EL RINCÓN DE LA POESÍA

San Juan de la Cruz y los efectos de timbre en su poesía (la aliteración)

RETRATO DE SAN JUAN DE LA CRUZ. Antequera. Carmelitas Descalzas. Anónimo.

Nuestro poema de cada día

Fernando Carratalá | Jueves 14 de mayo de 2026
El "Cántico espiritual" de San Juan de la Cruz expresa la búsqueda del alma por unirse con Dios, utilizando una alegoría amorosa. La obra destaca por su lirismo y recursos estilísticos, como la aliteración, que intensifican la emoción y reflejan el proceso místico de transformación y fusión espiritual.


Esposa
1. ¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, y eras ido. 5
2. Pastores, los que fuerdes
allá, por las majadas, al otero,
si por ventura vierdes
aquél que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero. 10
3. Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras. 15
Pregunta a las criaturas
4. ¡Oh bosques y espesuras,
plantadas por la mano del Amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado!,
decid si por vosotros ha pasado. 20
Respuesta de las criaturas
5. Mil gracias derramando,
pasó por estos sotos con presura,
y, yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de hermosura. 25
Esposa
6. ¡Ay, quién podrá sanarme!
Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras enviarme
de hoy más ya mensajero,
que no saben decirme lo que quiero. 30
7. Y todos cuantos vagan
de ti me van mil gracias refiriendo,
y todos más me llagan,
y déjame muriendo
un no sé qué que quedan balbuciendo. 35
8. Mas, ¿cómo perseveras,
¡oh vida!, no viviendo donde vives,
y haciendo porque mueras
las flechas que recibes,
de lo que del Amado en ti concibes? 40

Juan de la Cruz: “Cántico espiritual”, en Poesías. Madrid, Editorial Castalia, 1990.
Colección Clásicos Castalia, núm. 181. Paola Elía, editora literaria. [Estrofas -liras- 1 a 8].

Apoyo léxico.

Verso 5. eras ido. Estabas ausente.

Verso 10. Eficaz gradación semántica ascendente: adolezco [enfermo], peno y muero.

Verso 11. amores. Metonimia para referirse al Amado.

Verso 18. verduras. Follaje, plantas de intenso color verde.

Verso 22. con presura. Con apresuramiento, deprisa.

Verso 25. La h inicial del vocablo hermosura debe pronunciarse con cierta aspiración faríngea sorda, para impedir la sinalefa y, de este modo, mantener el ritmo del endecasílabo (heroico, con acentos en 2.ª, 6.ª y 10.ª sílabas).

Verso 27. de vero. De veras, de verdad. Versos 29-30. de hoy más ya mensajero, / que no saben... La palabra mensajero tiene un sentido colectivo, y ello justifica la concordancia ad sensum con el verbo en plural saben.

Verso 31. Y todos cuantos vagan. Los que se dedican a la contemplación divina.

Los 195 versos, agrupados en liras, que constituyen el Cántico espiritual -que no es sino la explicación, mediante una alegoría amorosa, del proceso místico- son suficientes para elevar a San Juan de la Cruz a las más altas cimas de la lírica no ya renacentista, sino de toda nuestra literatura. El desbordado lirismo de la obra, su deslumbrante colorido, la proliferación de sorprendentes imágenes y el personalísimo empleo de los recursos propios de la expresión lingüística para abordar los temas inefables de la unión del alma con su creador (paradojas, antítesis, exclamaciones, vaguedades e inconcreciones, presencia de elementos simbólicos extremadamente sutiles...) contribuyen a crear un clímax emocional de altísima eficacia no solo espiritual, sino también estética.

Y de entre los recursos estilísticos de que se vale San Juan de la Cruz para lograr que el lenguaje humano nos acerque a la expresión de lo inefable sobresale, también, la aliteración, que el poeta maneja con excepcional maestría para obtener la mayor expresividad de unos contenidos siempre enigmáticos.

Y así, por ejemplo, si rastreamos las aliteraciones contenidas en los versos de los estrofas 4 a 8, destaca, en el segundo verso de la cuarta estrofa, la aliteración de la a -“plantadas por la mano del Amado”-, que sugiere, así, la extensión y abundancia de boscaje, apuntadas en el plural del verso primero: “¡Oh bosques y espesuras”; y en el verso tercero de esta misma estrofa figura la aliteración consonántica de los sonidos suaves d y r vibrante simple: “¡Oh, prado de verduras”. En el segundo verso de la estrofa quinta resalta la iteración fónica de la s, en consonancia con el movimiento fugaz, como si se tratara del silbido del viento: “passó por estos sotos con presura”. En el último verso de la estrofa séptima, el tratamiento de la materia fónica expresiva alcanza un clímax inigualable, sugeridor de la congoja que oprime el alma: “un no sé qué que quedan balbuciendo”. Y, por fin, en el segundo verso de la estrofa octava es la bilabial b la que se reitera, como consecuencia de la repetición léxica del mismo lexema (figura retórica denominada similicadencia): “¡oh vida!, no viviendo donde vives”.

Noche oscura. Canciones del alma que se goza de haber llegado
al alto estado de la perfección, que es la unión con Dios,
por el camino de la negación espiritual

1. En una noche oscura,

con ansias, en amores inflamada,

¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.
2. A oscuras y segura,
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.
3. En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía,
sino la que en el corazón ardía.
4. Aquésta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía,
a donde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.
5. ¡Oh noche que guiaste!,
¡oh noche amable más que la alborada!,
¡oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!
6. En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.
7. El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.
8. Quedeme y olvideme,
el rostro recliné sobre el Amado;
cesó todo y dejeme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

Apoyo léxico.

Verso 2. ansias. Congojas, penas, anhelos.

Verso 3. ventura. Buena suerte.

Verso 4. notada. Advertida, observada.

Verso 9. en celada. A escondidas, ocultamente.

Verso 13. cosa. Nada.

Verso 17. cierto. Adjetivo con valor adverbial: ciertamente, con certeza.

Verso 20. parecía. Aparecía, se hallaba.

Verso 26. florido. De flores.

Verso 29. regalaba. Acariciaba.

Verso 20. ventalle. Abanico.

Tres son las partes que conforman el poema: la renuncia al mundo de los sentidos para buscar la plenitud interior; la búsqueda, en la tiniebla silenciosa, de la luz amorosa del conocimiento, una vez desligada el alma de afectos y deseos terrenales; y la conversión de la noche oscura en luminosa, al divisar el alma a Dios y fundirse con él en un matrimonio espiritual.

Las múltiples reiteraciones aportan al ritmo del poema la necesaria lentitud para ir creando un clima altamente expresivo, que alcanza su máxima tensión emocional en la última estrofa: el alma, unida a Dios, permanece en un estado de absoluta pasividad y quietud, despreocupada y feliz.

En las dos primeras estrofas, la aliteración de /s/ aporta unos sugestivos efectos expresivos, coincidiendo con la “salida” de la amada -el alma- en busca del Amado -Dios-, iniciando así un camino de purificación que culmina con la fusión mística de ambos.

Edición digital de las Poesías de San Juan de la Cruz.

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