Nuestro poema de cada día
Ramón Gómez de la Serna (1888-1963, escritor y periodista vanguardista, adscrito al Novecentismo, es el creador de un género literario al que bautizó con el nombre de greguería -palabra que literalmente significa "lenguaje ininteligible, incomprensible", y que pasa a designar "una idea ingeniosa, plasmada en prosa, una imagen, una comparación sorprendente, un intento de redefinir metafóricamente facetas de la realidad a través de asociaciones inesperadas, originales y humorísticas".
Nuestro poema de cada día
Con el paso del tiempo, oficios que estaban muy arraigados en la sociedad de una determinada época han terminado por desaparecer en la nuestra, y en la actualidad solo pueden evocarse desde el recuerdo nostálgico. Y ahí entra la Literatura. Ahora, con los adelantos tecnológicos y la irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) el “tempus fugit” se nos antoja imparable para la supervivencia de muchos trabajos que pensábamos imprescindibles.
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Referencias mitológicas y su evolución. Las sirenas eran criaturas mitológicas marinas con busto de mujer y cuerpo de ave según la tradición grecolatina, que tenían un canto letal, porque con su dulzura atraían a los navegantes para hacerlos chocar contras las rocas y que perecieran. (Baste recordar el canto XII de la Odisea, de Homero, en el que Ulises tuvo que atravesar el territorio de las sirenas en su viaje de regreso a Ítaca, tras la guerra de Troya, amarrado al mástil de su barco, mientras que su tripulación llevaba los oídos taponados con cera). En el folclore medieval su imagen cambió y pasó a tener cola de pez; pero la iconografía cristiana medieval la representaba con carácter monstruoso y simbolizaba en ella la lujuria.
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El poema "El sereno" de Gloria Fuertes retrata a un vigilante nocturno que, con un carácter misterioso, conoce el mundo suburbano y sus secretos. A través de su figura, la poeta aborda temas de soledad y justicia social, culminando en la denuncia de su encarcelamiento por proteger a los mendigos.
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El paisaje de Moguer. II. La cañada de las Brujas. Un ambiente de misterio envuelve todo el capítulo V de “Platero y yo”. En el primer párrafo, Juan Ramón Jiménez logra suscitar la sensación de miedo; y así, aparecen, en los prados soñolientos, cabras negras -símbolo del diablo- entre las zarzamoras -símbolo de represión y rechazo-; sombras que se ocultan al paso de Platero y Juan Ramón, no se sabe con qué enigmáticas intenciones; nubes bajas, que provocan una tenue neblina; humedad y silencio en el ambiente...; y, como marco misterioso que todo lo envuelve, la Cañada de las Brujas por la que transitan.
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La humanización de los borricos., I. “Platero y yo (Elegía andaluza)” es un libro que atrae a todo tipo de lectores, desde que se abre por su capítulo I, en el que Juan Ramón Jiménez nos presenta a Platero. Son 138 breves poemas en prosa lírica llenos de afortunadas imágenes y de toda una serie de recursos retóricos propios de la estética modernista que el autor emplea para obtener unas composiciones de gran belleza: adjetivación deslumbrante, palabras llenas de colorido y musicalidad….
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El porqué de la obra. Juan Ramón Jiménez insistió hasta la saciedad en que su obra Platero y yo no tiene como destinatarios a los niños. Indiscutiblemente, la versión definitiva de 1917, con 138 capítulos, no es un libro para niños; y es muy discutible que lo fuera la versión de 63 capítulos, publicada en 1914, por la editorial La Lectura, en su “Biblioteca Juventud”. Bien es verdad que estos 63 capítulos escogidos por el autor para dicha edición, amén de la profunda lección de humanidad que encierran, resultan ser de los más alegres y poéticos del conjunto de la obra, y que en ellos se ofrece una visión idealizada del mundo de Moguer, con abundante presencia de niños y de animales domésticos. Y no es menos cierto que el libro terminó por convertirse en un clásico de la Literatura Infantil, y que su lectura llegó a ser poco menos que inexcusable en los primeros niveles educativos, tanto en España como en Hispanoamérica. Pero Juan Ramón Jiménez -insistimos- no escribió Platero y yo para los niños. Y ya que los niños del primer tercio del siglo XX leyeron la obra, se nos ocurre preguntarnos si su lectura -en la versión de 138 capítulos- está al alcance del lector infantil -y juvenil- actual.
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En 1927 aparece publicado en la emblemática revista malagueña “Litoral”, fundada por Manuel Altolaguirre y Emilio Prados, y convertida en la plataforma impulsora y difusora de nuevas sensibilidades poéticas, el primer libro de Josefina de la Torre, titulado Versos y estampas, prologado por Pedro Salinas; dos hechos que no responden a la mera casualidad y que tienen su porqué. En primer lugar, la revista “Litoral” publicaba, en la Imprenta Sur, y como suplementos, obras de los entonces jóvenes poetas de Generación del 27; y, en segundo lugar, el “apadrinamiento poético” de Pedro Salinas que le lleva a escribir el prólogo se debe a la admiración mutua que entre ambos existía y a la favorable impresión que le produjo esa mezcla de verso y prosa poética de una escritora canaria que frisaba la veintena de años; una obra intimista, de desbordado lirismo, en la que se evocan, con sencillez formal y tono nostálgico, recuerdos de infancia (estampas de los juegos infantiles, de los seres queridos, de objetos cotidianos transidos por un aureola de afectividad…).
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La mejopr poesía popular de Alberti, los versos del Marinero en tierra, surge en su "retiro guadarrameño", en el año 1924: el poeta se reponía de una afección pulmonar en un paisaje muy distinto al de la bahía Cadiz que le vió nacer en en 1902. Y la enorme nostalgia que le provocaba la separación de "su mar Atlántico" se canalizó en unos sencillos e inspiradísmos poemas que quizá puedan figurar a la cabeza de una amplìsima producción poética. Otro poeta andaluz, Federico García Lorca, publicaba ese mismo año Nuevas canciones 1921-1924: y ambos poetas y libros se inscriben dentro de la tendencia neopopularista de los poetas de la Generación del 27.
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El poema Iglesia abandonada (Balada de la Gran Guerra) está fechado el 29 de noviembre de 1929, y tuvo tres versiones impresas:; la primera apareció en la revista porteña Poesía (I, núms. 6-7, octubre-noviembre de 1933), con un subtítulo que posteriormente se modificará: “(Recuerdo de la Guerra Europea)”; una segunda edición publicada en el volumen VI de las Obras completas (1938), que contó como editor literario con Guillermo de Torre; y, finalmente, y ya con el subtítulo definitivo, figura en España Peregrina (I, núm. 4, 15 de mayo de 1940).
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Cuaderno de Nueva York se publica en 1998, cuando José Hierro tiene 76 años; el mismo año en que recibía el Premio Cervantes (el poeta murió en diciembre de 2002, a los 80 años, sin haber tomado posesión de su nombramiento como académico de la RAE en 1999). La obra no se escribió en esta ciudad -como sí es el caso de Poeta en Nueva York, de García Lorca, una obra cumbre del surrealismo-, sino en el bullicio de los bares en los que el poeta encontraba la inspiración necesaria y donde compuso una buena parte de sus poemas (ya sea en el madrileño bar La Moderna o en los santanderinos El Junco y Los ríos convertidos en algo así como su “despacho creativo”).
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El poema "La soltera en misa" de Federico García Lorca presenta a Virginia, una mujer soltera atrapada en la mirada deseosa de los demás durante la misa. La obra explora su estaticidad y el contraste entre la religiosidad y su sexualidad reprimida, utilizando un lenguaje provocador y una estructura rítmica variada.
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Hartzenbusch continuó el legado de los grandes fabulistas del XVIII -Samaniego e Iriarte-, y renovó el género adaptándolo a los gustos románticos. En 1848 se publica por primera vez, en el Semanario Pintoresco Español, y en formato libero, Fábulas puestas en verso castellano; y dos años después se vuelve a publicar la obra en edición ampliada. La claridad expositiva y el trasfondo moral de sus fábulas le garantizaron una gran difusión en su época.
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Lope de Vega, en la portada de su edición de La Arcadia (1598) colocó un escudo con 19 torres, precedido de la leyenda “De Bernardo es el blasón y las desdichas mías son”. Ante la farsa de su hidalguía, Luis de Góngora, en un soneto fechado en 1598, de enorme intencionalidad satírica, se burla de su vanidad. El soneto se titula “A La Arcadia, de Lope de Vega Carpio”; o bien, en muchas antología se emplea el primer verso como título. Tras la reproducción de original, ofrecemos un sucinto comentario estofa por estrofa.
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En "Tercer movimiento", Blas de Otero reflexiona sobre el sentido del soneto frente al verso libre. A través de preguntas y metáforas, explora la rigidez del soneto y anhela la libertad expresiva del verso libre, iluminado por la música de Beethoven, simbolizando una renovación poética necesaria.
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En "Gacela de la terrible presencia", Federico García Lorca expresa el anhelo y la frustración amorosa a través de un lenguaje surrealista. El poeta desea alterar la naturaleza para reflejar su deseo inalcanzable por el amante, enfrentándose a un mundo que impide su realización, culminando en una tensión entre deseo y rechazo.
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El poema "Violante" de Rosa Chacel reflexiona sobre la figura misteriosa de Violante, quien encarga a un poeta la creación de un soneto. A través de preguntas, Chacel explora la relación entre la inspiración poética y la realidad, cuestionando si Violante es una musa real o una invención literaria.
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Este poemario fue escrito en 1922, pero no se publicó hasta 1936; y lo integran las siguientes composiciones: “Remansos”, “Remansillos”, “Variación”, “Remanso, canción final”, “Media luna”, “Cuatro baladas amarillas”, “Palimpsestos (I. Ciudad. II. Corredor. III. Primera página), “Adán”, “Claro reloj” “Cautiva” y “Canción”. En general, los poemas han adelgazado su componente narrativo para quedar reducidos a puro lirismo. Y salvo en el caso de “Adán” -que es un soneto-, en el resto de los poemas García Lorca opta por el verso breve -una fuerte heterometría combina desde versos bisílabos a octosílabos; tal es el caso, por ejemplo, del poema “Corredor”-; y están presenten los elementos básicos de la poesía popular -rimas asonantes, romancillos, estribillos, reiteraciones léxicas, paralelismos de estructura sintácticas muy sencilla...- combinados con imágenes de corte surrealista y sorprendente belleza plástica.
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El "Soneto de la vida" de Manuel Machado compara las etapas de la vida humana con la estructura de un soneto. Infancia y juventud se reflejan en los cuartetos, mientras que madurez y vejez aparecen en los tercetos. El estrambote resalta la inmortalidad del arte frente a la fugacidad de la existencia.
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El "Romance de la luna, luna" de Federico García Lorca presenta un diálogo entre un niño y la luna, que simboliza la muerte. La luna seduce al niño mientras él le suplica que huya, anticipando su fatal destino. Al final, los gitanos llegan a lamentar su muerte en la fragua.
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El fragmento de "Las mieles del rosal" de Ramón María del Valle-Inclán describe un paseo en barca por un río sereno, donde Eulalia experimenta nostalgia y placer. La prosa destaca por su lenguaje poético y sensorial, evocando tranquilidad a través de imágenes vívidas y una cuidadosa selección léxica que sugiere belleza y calma.
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Cuando redactamos estas líneas, Carlos Murciano sigue con nosotros, a sus casi 95 años de edad (nació en Arcos de la Frontera el 21 de noviembre de 1931) ¡Un monumento vivo de la mejor poesía contemporánea española!
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Que Gloria Fuertes es mucho más que un escritora de poemas para niños es algo que, por fortuna, se ha ido abriendo paso al tiempo que ha ido ganando todo tipo de lectores, sin importar edad, ideología o condición social. Su poesía sigue más viva que nunca, aunque ya hace casi tres décadas de su muerte (27 de noviembre de 1998). Y no está de más recordar que la crítica especializada la considera como la mejor poeta de la Generación del 50, y que escritores como Camilo José Cela reivindicaban la calidad de su poesía, siempre convertida en testimonio de humanidad y en compromiso ante la injusticia.
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Como escritora, la obra cumbre de Zenobia Camprubí son sus tres diarios: Diario I. Cuba (1937-1939), Diario II. Estados Unidos (1939-1950), Diario III. Puerto Rico (1951-1956): unos Diarios de incalculable valor: histórico, porque constituyen un testimonio del día a día de exiliados por la Guerra Civil; literario, porque están escritos en prosa de extraordinaria calidad; y humano, porque permiten conocer las interioridades de su relación con Juan Ramón Jiménez a lo largo de 40 años de matrimonio, hasta el extremo de convertirse en su “soporte creativo”.
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Retrato de una etnia: Los húngaros.
Sin perder su asombrosa capacidad lírica, no todos los capítulos de “Platero y yo” ofrecen una visión idealizadora de las realidades descritas y/o narradas. Tal es el caso, por ejemplo del capítulo XXXIII, titulado “Los húngaros”. Como sobrevolando el texto, se advierte la preocupación del autor por la pobreza e ignorancia de las gentes -los húngaros son, en este caso, el mejor exponente de la falta de educación y cultura del pueblo, simbolizada, quizá, en esta escena: “el chiquillo se orina en su barriga”, reforzada con el símil “como una fuente en su taza”-, que contrasta con la belleza natural que encierra el pueblecito de Moguer y su entorno. Sin más preámbulos, transcribimos el texto y ofrecemos su comentario.
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La exaltación de los sentidos. Leer cualquier página de “Platero y yo” implica sumergirse en un mundo de belleza en el que las experiencias sensoriales tienen un destacado papel poético. Abrimos el libro y nos topamos con un capítulo, elegidos al azar, en el que podemos comprobar cómo las sensaciones, procedentes de cualquier ámbito sensorial e incluso entremezcladas, gracias a las sinestesias, son fundamentales para poder disfrutar de la estética juanramoniana: “El pozo” (capítulo LII), un nombre que se va a cargar de insospechadas resonancias líricas.
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La biografía de Zenobia Camprubí está extensamente recogida en la web casamuseozenobiajuanramonjimenez.com, en el apartado que hay a su nombre, en el siguiente enlace:
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"Día de la tribulación" es el tercero de los sonetos dedicados a la Virgen del Carmen que cierra el "Triduo del alba", incluido en el primr libro de Rafael Alberti, Marinero en tierra, publicado en 1925 y con el que había ganado el Premio Nacional de Literatrura en 1924. Alberti se encuentra pasando unos meses en la madrileña sierra de Guadarrama, reponiéndose de una afección pulmonar: y allì, alejado de su Puerto de Santa María natal, y con una enorme nostalgia del mar, escribe uno de los libros más inspirados de su larga trayectoria poética, al que pertenece dicho "triduo del alba".
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En 1924, Rafael Alberti paso unos meses en las sierra de Guadarrama -concretamente en Los Ángeles de San Rafael- para recuperarse de una afección pulmonar, y allí surgieron los poemas que componen un libro que, finalmente, se llamará Marinero en tierra, y que ese mismo año obtuvo el Premio Nacional de Literatura (ex aequo con Gerardo Diego, por su obra Versos humanos).
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De las fábulas de Hartzenbusch reproducimos y comentamos la XXIV (“Los polvos de la madre Celestinas”) y la XL (“La luciérnaga y el sapo”).
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Las diferencias ideológicas y estéticas entre los poetas Gabriel Celaya y José García Nieto no les impidió mantener una profunda relación de amistad, de la que hay constancia, además del hecho de que compartieran “espacios de confluencia cultural” -como eran, por ejemplo, las tertulias literarias-, a través del intercambio de cartas, tanto públicas -bajo la modalidad de “carta abierta”- como privadas (a muchas de estas hemos tenido acceso, al permitirnos su lectura Paloma García Nieto, la presidenta de la Fundación que lleva el nombre de su padre). A este respecto tiene interés el artículo de Antonio Chicharro titulado “Cartas privadas y abiertas en la relación literaria de Gabriel Celaya y José García Nieto”, y publicado en Tropelías, Revista de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, número extraordinario 7 (2020) [Universidad de Zaragoza: Departamento de Lingüística General e Hispánica].
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De la sección IV (“Andaluzas”) de la obra de Federico García Lorca Canciones, reproducimos y comentamos el poema titulado “Arbolé, arbolé”.
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El poema de Federico García Lorca expresa el dolor y la dificultad de amar. A través de un estribillo repetido, se refleja el sufrimiento que provoca el amor no correspondido, utilizando metáforas sobre el aire y la tristeza. Su musicalidad y ritmo evocan la tradición folclórica andaluza.
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El poema de José García Nieto, recitado en el Festival de la Manzana de Villaviciosa, rinde homenaje a la Virgen del Portal. A través de imágenes bíblicas y referencias a la naturaleza asturiana, celebra el nacimiento de Jesús y las ofrendas de los labradores, simbolizando la conexión entre fe y trabajo.
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Blas de Otero busca liberar el soneto de su rigidez, proponiendo una extensión temática y métrica. En "Hagamos que el soneto se extienda", aborda recuerdos personales y critica la guerra y el imperialismo. Su poesía evoluciona hacia el verso libre, pero el soneto sigue presente en su obra.
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El soneto "Al soneto con mi alma" de Juan Ramón Jiménez expresa el anhelo espiritual del poeta por la belleza, encapsulando sus emociones en la forma clásica del soneto. Mediante comparaciones y un diálogo lírico, destaca cómo esta estructura permite reflejar su búsqueda de lo ilimitado dentro de lo limitado.
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El soneto de José García Nieto, dedicado a Dámaso Alonso, reflexiona sobre la disciplina y las limitaciones del soneto, simbolizando la madurez emocional del poeta. A través de imágenes vegetales y metáforas, explora la conexión entre la creación poética y lo divino, destacando el dominio técnico en su composición.
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El poema está dedicado a Manuel Moreno Villa (Málaga 1887-México, 1955), poeta, pintor, historiador especializado en arte, archivero…, al que Federico García Lorca conoció en la Residencia de Estudiantes.
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