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En el ámbito métrico del soneto y hablando en primera persona, ya sea en pasado (“Pensé”, “Procuré”, “perdí”, “cobré”) o en presente (“siento”, “espiro”, “respiro”), Herrera creyó, erróneamente, que podía protegerse del amor endureciendo su corazón, pero no le sirvió de nada; antes por el contrario, la pasión amorosa que lo desasosiega, atormenta y consume se convierte en la razón de su existencia, en su verdadero estímulo vital.
Desde una perspectiva métrica, los endecasílabos se suceden con fluidez: los versos de las cuatro estrofas terminan con la pausa versal (y no hay, por tanto, encabalgamientos); los versos 7 y 8 contienen una pausa interna, que ayuda a remarcar la construcción paralelística; pausa interna, pedida por las construcciones sintácticas empleadas, presentan también los versos 9 y 13; y son polipausados los versos 10 y 11.
En cuanto al ritmo, predominan los endecasílabos melódicos:
verso 3. “porqu’el fuégo d’Amór al gráve frío”;
verso 5: “Procuré no rendír m’al mál que siénto,”. (Adviértase la homofonía creada por la secuencia fónica /m’ál mal/):
verso 10; “que, gastándo su umór, quedó ardór hécho;”. (Repárese en la aliteración del fonema vocálico /o/, sí como en la sonoridad de la secuencias fónica /umor quedó ardor/);
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verso 12: “Este incéndio no puéde dárme muérte”; verso 14: “tánto más de su etérno afán respíro”. Otros dos endecasílabos son plenos, al acentuar todas las sílabas pares: verso 2: “armár de púro iélo el pécho mío;”: verso 8: “cobré un perpétuo mál, cobré un torménto”. Y hay un verso de extraordinario ritmo acentual: el 11, con siete acentos, cuatro seguidos, en las sílabas 1.ª, 2.ª, 3.ª y 4.ª, lo que origina marcadas antirritmias, Por otra parte, la abundancia de consonantes bilabiales, dentales y vibrantes -según se combinan las palabras afectadas por la rítmica de los endecasílabos a lo largo del poema, le proporciona a este una contundente sonoridad, a la que también contribuyen las rimas consonantes: Cuartetos: /énto/ (versos 1, 4, 5 y 8: “pensamiento/encendimiento/siento/tormento”) y /-ío/ (versos 3, 4, 6 y 7: “mío/frío/desvarío/brío”). |
Tercetos: /-érte/ (versos 9 y 12: “suerte/muerte”), /-écho/ (versos 10
y 13: “hecho/deshecho”) y /-íro/ (“espiro/respiro”).
Y entremos en el contenido del poema, estrofa por estrofa. En los versos 1-4 (primer cuarteto) el poeta pretende hacer frente a la pasión amorosa (metafóricamente, “el fuego d’Amor”) oponiendo la frialdad de su corazón (metafóricamente, “armar de puro ielo el pecho mío”) y evitando, así, reavivarla (“metafóricamente, “un nuevo encendimiento”); pero reconoce su equivocación (“mas fue engañoso pensamiento”, verso con el que se abre el soneto). Las oposiciones metafóricas son, por otra parte, típicas en la poesía petrarquista: “fuego d’Amor/encendimiento”, frente a “puro ielo/grave frío”); y los verbos seleccionados son del todo apropiados en los contextos, tanto por su significante como por su significado: “armar/no desatasse”. Y en cuanto a los adjetivos, el poeta ha preferido su anteposición al nombre, con un efecto embellecedor (“epitheton ornans”): “engañoso pensamiento” (verso 1), “puro ielo” (verso 2), “grave frío” (verso 3), “nuevo encendimiento” (verso 4). Y el poeta se presenta en primera persona para asumir las consecuencias de su error: “Pensé” (verso 1), “el pecho mío” (verso 2). Y, como más adelante se expresa, la fuerza del sentimiento amoroso fue mayor que su voluntad de reprimirlo, y terminó cediendo ante él.
En los versos 5-8 (segundo cuarteto), el poeta deja claro que la fuerza del sentimiento amoroso fue mayor que su voluntad de reprimirlo (“Procuré no rendir m’al mal que siento”), y terminó cediendo ante él (“i fue todo mi esfuerço desvarío”). Y de aquí se derivaron consecuencias devastadoras: en lugar de apagar su pasión amorosa, esta se encendió todavía más y terminó arrebatándole su libertad y sumiéndole en una constante amargura. El poeta ha seleccionado con todo rigor aquellos vocablos que mejor sirven para describir su situación personal: “mal” (verso 5, nombre al que antecede, en el verso 8, el único adjetivo de la estrofa: “perpetuo”), “desvarío” (verso 6: despropósito que perturba la razón, estado de enajenación), “tormento” (verso 8: angustia, congoja). Por otra parte, parea expresar “lo que se pierde” (verso 7) frente a “lo que se cobra [gana]” (verso 8), el poeta recurre a perfectas construcciones paralelísticas:
verso 7: “perdí mi libertad, perdí mi brío” (el poeta pierde su autonomía personal y queda sumido en el desaliento):
verso 8: “cobré un perpetuo mal, cobré un tormento” (el poeta gana un constante malestar anímico y vive artormentado).
Adviértase, además, la continua presencia del yo del poeta a través del determinante posesivo “mi”: “mi esfuerzo”, “mi libertad”, “mi brío”.
En los dos tercetos (versos 9-14) queda reflejada la paradoja del amor: la pasión amorosa obnubila la razón al poeta, pero en vez de consumirlo (“darme muerte”), lo revitaliza (“su eterno afán respiro”). El primer terceto (versos 9-11) es puramente metafórico: la pasión amorosa vence a la razón/frialdad: “El fuego al hielo destempló” (verso 9) y le hace perder su condición ”gastando su umor [naturaleza] (verso 10), hasta el extremo que de redobla sus ímpetus: “quedó ardor hecho” (verso 10). El resultado se recoge hiperbólicamente en el verso 11, que contiene un hipérbaton: “i es llama, es fuego todo cuanto espiro” (todo cuanto espiro es fuego y es llama). Adviértase que el vocablo “espirar” significa “atraer el aire exterior a los pulmones”, acepción hoy en desuso. La locución conjuntiva "en tal suerte que" (versos 9-10) introduce una oración subordinada adverbial consecutiva, lo que ayuda a recalcar el sentido “causa-efecto” que conceptualmente se desarrolla en el terceto, en el que, por otra parte, han desaparecido los adjetivos.
El terceto que cierra el soneto (versos 12-14), en pleno clímax emocional, es la máxima expresión de los anhelos frustrados del amante petrarquista: “el fuego”, convertido en “incendio” devastador que lo consume, no puede acarrearle la muerte, sino todo lo contrario: a mayor fuerza destructiva, “tanto más de su eterno afán respiro”; unas palabras finales concienzudamente elegidas