EL RINCÓN DE LA POESÍA

La lucha del poeta: Amor y tormento en el soneto de Fernando de Herrera

Fernando de Herrera

Nuestro poema de cada día

Fernando Carratalá | Lunes 01 de junio de 2026
El soneto de Fernando de Herrera refleja la lucha del poeta contra el amor, que intenta reprimir endureciendo su corazón. Sin embargo, reconoce que esta estrategia es inútil; el amor lo consume y le arrebata su libertad, convirtiéndose en su razón de ser y fuente de vida, a pesar del tormento que le causa.


Pensé, mas fue engañoso pensamiento

armar de duro ielo el pecho mío.

Porqu’el fuego d’Amor al grave frío

no desatase de nuevo encendimiento

Procuré no rendir m' al mal que siento;

y fue todo mi esfuerço desvarío.

Perdí mi libertad, perdí mi brío;

cobré un perpetuo mal, cobré un tormento.

El fuego al ielo destempló en tal suerte,

que, gastando su umor, quedó ardor hecho;

y es llama, es fuego, todo cuanto espiro.

Este incendio no puede darme muerte;

que, cuanto de su fuerça más deshecho,

tanto más de su eterno afán respiro.


Fernando de Herrera: Algunas obras de Fernando
de Herrera. Sevilla, 1582. Soneto III


En el ámbito métrico del soneto y hablando en primera persona, ya sea en pasado (“Pensé”, “Procuré”, “perdí”, “cobré”) o en presente (“siento”, “espiro”, “respiro”), Herrera creyó, erróneamente, que podía protegerse del amor endureciendo su corazón, pero no le sirvió de nada; antes por el contrario, la pasión amorosa que lo desasosiega, atormenta y consume se convierte en la razón de su existencia, en su verdadero estímulo vital.

Desde una perspectiva métrica, los endecasílabos se suceden con fluidez: los versos de las cuatro estrofas terminan con la pausa versal (y no hay, por tanto, encabalgamientos); los versos 7 y 8 contienen una pausa interna, que ayuda a remarcar la construcción paralelística; pausa interna, pedida por las construcciones sintácticas empleadas, presentan también los versos 9 y 13; y son polipausados los versos 10 y 11.

En cuanto al ritmo, predominan los endecasílabos melódicos:

verso 3. “porqu’el fuégo d’Amór al gráve frío”;

verso 5: “Procu no rendír m’al mál que siénto,”. (Adviértase la homofonía creada por la secuencia fónica /m’ál mal/):

verso 10; “que, gastándo su umór, que ardór cho;”. (Repárese en la aliteración del fonema vocálico /o/, sí como en la sonoridad de la secuencias fónica /umor quedó ardor/);

verso 12: “Este incéndio no puéde dárme muérte”;

verso 14: “tánto más de su etérno afán resro”.

Otros dos endecasílabos son plenos, al acentuar todas las sílabas pares:

verso 2: “armár de ro lo el cho o;”:

verso 8: “cobré un pertuo mál, cobré un torménto”.

Y hay un verso de extraordinario ritmo acentual: el 11, con siete acentos, cuatro seguidos, en las sílabas 1.ª, 2.ª, 3.ª y 4.ª, lo que origina marcadas antirritmias,

Por otra parte, la abundancia de consonantes bilabiales, dentales y vibrantes -según se combinan las palabras afectadas por la rítmica de los endecasílabos a lo largo del poema, le proporciona a este una contundente sonoridad, a la que también contribuyen las rimas consonantes:

Cuartetos: /énto/ (versos 1, 4, 5 y 8: “pensamiento/encendimiento/siento/tormento”) y /-ío/ (versos 3, 4, 6 y 7: “mío/frío/desvarío/brío”).

Tercetos: /-érte/ (versos 9 y 12: “suerte/muerte”), /-écho/ (versos 10

y 13: “hecho/deshecho”) y /-íro/ (“espiro/respiro”).

Y entremos en el contenido del poema, estrofa por estrofa. En los versos 1-4 (primer cuarteto) el poeta pretende hacer frente a la pasión amorosa (metafóricamente, “el fuego d’Amor”) oponiendo la frialdad de su corazón (metafóricamente, “armar de puro ielo el pecho mío”) y evitando, así, reavivarla (“metafóricamente, “un nuevo encendimiento”); pero reconoce su equivocación (“mas fue engañoso pensamiento”, verso con el que se abre el soneto). Las oposiciones metafóricas son, por otra parte, típicas en la poesía petrarquista: “fuego d’Amor/encendimiento”, frente a “puro ielo/grave frío”); y los verbos seleccionados son del todo apropiados en los contextos, tanto por su significante como por su significado: “armar/no desatasse”. Y en cuanto a los adjetivos, el poeta ha preferido su anteposición al nombre, con un efecto embellecedor (“epitheton ornans”): “engañoso pensamiento” (verso 1), “puro ielo” (verso 2), “grave frío” (verso 3), “nuevo encendimiento” (verso 4). Y el poeta se presenta en primera persona para asumir las consecuencias de su error: “Pensé” (verso 1), “el pecho mío” (verso 2). Y, como más adelante se expresa, la fuerza del sentimiento amoroso fue mayor que su voluntad de reprimirlo, y terminó cediendo ante él.

En los versos 5-8 (segundo cuarteto), el poeta deja claro que la fuerza del sentimiento amoroso fue mayor que su voluntad de reprimirlo (“Procuré no rendir m’al mal que siento”), y terminó cediendo ante él (“i fue todo mi esfuerço desvarío”). Y de aquí se derivaron consecuencias devastadoras: en lugar de apagar su pasión amorosa, esta se encendió todavía más y terminó arrebatándole su libertad y sumiéndole en una constante amargura. El poeta ha seleccionado con todo rigor aquellos vocablos que mejor sirven para describir su situación personal: “mal” (verso 5, nombre al que antecede, en el verso 8, el único adjetivo de la estrofa: “perpetuo”), “desvarío” (verso 6: despropósito que perturba la razón, estado de enajenación), “tormento” (verso 8: angustia, congoja). Por otra parte, parea expresar “lo que se pierde” (verso 7) frente a “lo que se cobra [gana]” (verso 8), el poeta recurre a perfectas construcciones paralelísticas:

verso 7: “perdí mi libertad, perdí mi brío” (el poeta pierde su autonomía personal y queda sumido en el desaliento):

verso 8: “cobré un perpetuo mal, cobré un tormento” (el poeta gana un constante malestar anímico y vive artormentado).

Adviértase, además, la continua presencia del yo del poeta a través del determinante posesivo “mi”: “mi esfuerzo”, “mi libertad”, “mi brío”.

En los dos tercetos (versos 9-14) queda reflejada la paradoja del amor: la pasión amorosa obnubila la razón al poeta, pero en vez de consumirlo (“darme muerte”), lo revitaliza (“su eterno afán respiro”). El primer terceto (versos 9-11) es puramente metafórico: la pasión amorosa vence a la razón/frialdad: “El fuego al hielo destempló” (verso 9) y le hace perder su condición ”gastando su umor [naturaleza] (verso 10), hasta el extremo que de redobla sus ímpetus: “quedó ardor hecho” (verso 10). El resultado se recoge hiperbólicamente en el verso 11, que contiene un hipérbaton: “i es llama, es fuego todo cuanto espiro” (todo cuanto espiro es fuego y es llama). Adviértase que el vocablo “espirar” significa “atraer el aire exterior a los pulmones”, acepción hoy en desuso. La locución conjuntiva "en tal suerte que" (versos 9-10) introduce una oración subordinada adverbial consecutiva, lo que ayuda a recalcar el sentido “causa-efecto” que conceptualmente se desarrolla en el terceto, en el que, por otra parte, han desaparecido los adjetivos.

El terceto que cierra el soneto (versos 12-14), en pleno clímax emocional, es la máxima expresión de los anhelos frustrados del amante petrarquista: “el fuego”, convertido en “incendio” devastador que lo consume, no puede acarrearle la muerte, sino todo lo contrario: a mayor fuerza destructiva, “tanto más de su eterno afán respiro”; unas palabras finales concienzudamente elegidas

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