EL RINCÓN DE LA POESÍA

Un pseudo-soneto de Blas de Otero

Blas de Otero

Nuestro poema de cada día

Fernando Carratalá | Miércoles 08 de julio de 2026
Blas de Otero busca liberar el soneto de su rigidez, proponiendo una extensión temática y métrica. En "Hagamos que el soneto se extienda", aborda recuerdos personales y critica la guerra y el imperialismo. Su poesía evoluciona hacia el verso libre, pero el soneto sigue presente en su obra.


Hagamos que el soneto se extienda
Hagamos que el soneto se extienda, respire como un mar
/sin riberas,
el endecasílabo está gastado, romo, mordisqueado
cual aquella carta mía a los dioses,
demos espacio, elasticidad al soneto y el endecasílabo.
Hablemos de Bilbao, la ría, los montes violetas, 5
el puente de piedra en Orozco, el huerto de la abuela,
aquel niño mordiendo cerezas
y esta muchacha que alza el brazo a la rama de un manzano.
Hablemos de la guerra, esa gran cabronada,
la lucha de los pueblos, la inseguridad del futuro, 10
maldigamos una y cien veces a los Estados Unidos.
El poema maduro y los senos frutales,
y ahora llaman al teléfono y me levanto y termino.

Blas de Otero: Todos mis sonetos. Madrid, Ediciones
Turner, 1977.

Texto original mecanografiado.

https://fundacionblasdeotero.org/gestion/pdf/2535.pdf

[El versículo 4 está escrito a mano; y en el versículo 8 está tachada la palabra final (“cerezo”), que se ha cambiado por “manzano”].

El soneto es la forma poliestrófica preferida por Otero, e incluso se erige en tema recurrente de sus textos metapoéticos. Su estructura ordenada, su brevedad, la rigidez de su métrica no son obstáculo para que Otero encuentra en él un cauce idóneo para expresar su pensamiento y da entrada a sus preocupaciones existenciales y sociales De hecho, Otero está considerado como uno de los mejores sonetistas de la poesía española, tanto por su indiscutible calidad, como por la cantidad proporcional dentro de su obra (Sabina de la Cruz cuenta un 50 % de los poemas de Ángel fieramemte humano, un 66 % de los poemas de Redoble de conciencia y un 20 % en Que trata de España).

Y precisamente “Hagamos que el soneto se extienda” -de Todos mis sonetos- presenta una disposición gráfica que recuerda a la del soneto, aunque no lo sea. Para empezar, 13 -y no 14- son los versos libres distribuidos en cuatro agrupamientos; y a la falta de rima se une una fuerte heterometría”. En definitiva -y como dice el poeta-, “Hagamos que el soneto se extienda”, que llegue a la heterometría del verso libre y, por extensión, del versículo.

No obstante, aunque la evolución métrica de la poesía de Otero se vaya distanciando del endecasílabo y del soneto (hablamos, por ejemplo, de obras como En castellano -Barcelona, Lumen, 1977, primera edición en España-; Que trata de España -Madrid, Visor, 1977, primera edición completa en España-; y Hojas de Madrid con La galerna -Barcelona, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 2010-), lo cierto es que ese alejamiento no es absoluto, y que el soneto en versos endecasílabos perdurará hasta el final de su obra. El propio poeta lo confiesa: “Durante estos últimos años he estado escribiendo mi nuevo libro Hojas de Madrid con La galerna, todo él en verso libre o versículo. Pero de vez en cuando se me cayeron de las manos algunos sonetos, que no forman parte de dicho libro e incluyo aquí [en Todos mis sonetos]”. Es decir, que el hecho de que Otero haya abrazado el verso libre no implica que desaparezca el soneto, una forma poliestrófica que con mayor o menor intensidad le ha ido acompañando a lo largo de su trayectoria poética.

Y sin más preámbulos, entremos en el análisis de “Hagamos que el soneto se extienda”; porque, en efecto, el soneto en cuestión “ha extendido el endecasílabo rimado” para dejar paso al versículo amplio y solemne, que llega a alcanzar las 20 sílabas -como es el caso del versículo 1-, y solo se aprecia cierta regularidad en el alejandrino con el que inicia el tercer agrupamiento estrófico, con apariencia de terceto: “Hablémos de la guérra, ésa grán cabronáda” (la cesura central impide la sinalefa); un soneto, por lo demás, abierto a tratar todo tipo de temas, algunos de los cuales podrían considerarse antipoéticos incluso en su tratamiento lingüístico: “Hablemos de la guerra, esa gran cabronada, / la lucha de los pueblos, la inseguridad del futuro, / maldigamos una y cien veces a los Estados Unidos”.

Primer agrupamiento estrófico (versículos 1-4). Otero pretende liberar al soneto de las reglas clásicas que han venido determinando su estructura y, en cierto modo su contenido, para darle absoluta libertad. Los plurales sociativos “Hagamos” [que respire]” y “demos [espacio]” tienen mucho de apóstrofe lírico: parece como si Otero se estuviera dirigiendo a los poetas pidiéndoles que “dejen respirar al soneto” (la comparación, en el versículo 1, “como un mar sin riberas” recoge con total plasticidad los anhelos del poeta: el soneto debe asemejarse a un mar inmenso en el que ha desaparecido la orilla cercana que lo delimita); y hay que dotarlo de suficiente “espacio” y “elasticidad” para que pueda servir de cauce expresivo a cualquier tipo de temática, Y también hay que frenar en él la irrupción del endecasílabo “gastado, romo, mordisqueado”. Reparemos en la contundencia de esta triada adjetival: “gastado”, pues se remonta en nuestra lírica al Marqués de Santillana, quien en el siglo XV ya intentó aclimatar el endecasílabo italiano, si bien falló en la acentuación; y serán Juan Boscán y Garcilaso de la Vega, en el primer tercio del siglo XVI, quienes lo logren y, a partir de ellos “se ha paseado” por todas las épocas con muy ligeras variaciones formales; “romo”, uno de cuyos significados es “de poca entidad o estimación”; y “mordisqueado” -palabra que curiosamente contiene las cinco vocales-, que es una manera más contundente que emplear un sinónimo como “desgastado”. El soneto ha pasado, pues, a ser una forma envejecida, caduca e inútil. Y quien dice soneto, dice endecasílabos rimados, frente a la libertad de amplitud del versículo. Y también en relación con el endecasílabo establece Otero otra comparación, esta vez en un endecasílabo con el ritmo algo roto: “cual aquella carta mía a los dioses”, y en el que el poeta se introduce en primera persona a través del determinante posesivo. Un verso que hay que poner en relación con el poema “En castellano”, que arranca con la siguiente estrofa: “Aquí tenéis mi voz / alzada contra el cielo de los dioses absurdos, / mi voz apedreando las puertas de la muerte / con cantos que son duras verdades como puños”. (El libro En castellano, escrito entre 1951 y 1951, se publicó por primera vez en París, y en francés, con el título de Parler clair; la primera edición en español se publica en 1960 en México (UAM) y Buenos Aires; y su publicación en España, debido a la censura, se retrasó hasta 1977).

En este enlace está el poema completo:

https://www.poesi.as/bo59005.htm

Segundo agrupamiento estrófico (versos 5-8). Expresa aquí Otero, en un tono intimista, la melancolía de la remembranza: Bibao -donde nació- y su ría; y Orozco, pueblo de la familia de su madre, en el que Otero pasó temporadas de su infancia y de juventud al cuidado de su abuela, doña Pepita de Sagarmínaga; y los cerezos y manzanos que allí se cultivan, porque el clima del valle es muy favorable para ambos árboles frutales. (Además, con las manzanas se elabora la sidra vasca; y los cerezos son maderables).

Conviene contextualizar la información que nos ofrece Otero. Por ejemplo, habla de “los montes violetas” en el versículo 5. Y, en efecto, en determinadas épocas del año, los montes vascos se cubren de matorrales -brezo y aulagas, sobre todo-, y durante su floración tiñen de un intenso color morado-violeta las laderas; y, por otra parte, durante la puesta de sol, en una ciudad como Bilbao, situada en un valle rodeado de montañas, el cielo adquiere una tonalidad entre naranja y violeta; y, además, la luz del atardecer se refleja en la bruma y en las laderas boscosas de los montes. Sin duda, este espectáculo está grabado en la retina de Otero. Y en cuanto al “puente de piedra en Orozco” -versículo 6- Otero se refiere al Puente de Anuncibay, construido en 1741.

Véase la información al respecto que proporciona José Asensio Larrinaga:

https://1276orozko.wordpress.com/2013/09/13/puente-de-anunzibai-orozko-bizkaia/

Tercer agrupamiento estrófico (versículos 9-11). Se produce aquí un brusco cambio en la tonalidad sentimental del poema, que pasa de la imtimidad afectiva a su grito de protesta ante el belicismo (versículo 9), ante el mañana incierto de los pueblos en conflicto bélico (verso 10) y ante el imperialismo yanqui (verso 11); un grito al que el poeta incopora a los lectores, empleando de nuevo el plural sociativo, que tiene más carácter imperativo que exhortativo: "hablemos/maldigamos". El lenguaje se vuelve por momentos malsonante y vulgar, pero fuertemente exprexivo: la guerra es "esa gran cabronada, algo que perjudica de manera grave (versículo 9); los pueblos en lucha combinan el dolor del presente con la incertidumbre de su futuro (versículo 10, en el que la aliteración del fonema vocálico /u/ en sílaba fundamentalmente tónica proyecta un deje sombrío ("la lucha de los pueblos, la inseguridad del futuro"); los Estados Unidos ejercen su influencia militar, económica y política por doquier (versíclo 11). Desde luego, los contenidos del soneto permiten abordar cualquier tipo de tema, que es, en definitiva, lo que pretende demostrar Otero; y así pueden abrirse a despertar la conciencia del lector ante los horrores bélicos; ante los pueblos en lucha por mantener su identidad e independencia; ante el expansionismo de grandes potencias, como los Estados Unidos, que pretende ejercer su dominio en todos los órdenes de la vida más allá de sus fronteras...

Cuarto y último agrupamiento estrófico (versículos 12 y 13. El poema se cierra con dos versículos que delatan un cierto sentido del humor: el poema ha alcanzado su grado óptimo de desarrollo, con la vitalidad de unos senos juveniles (en el versículo 12 hay una comparación implicita, favorecida por el paralelismo de las dos frases: "poema-senos/maduro-frutales"); y el poeta abandona la composición poetica coincidiendo con una llamada de teléfonoque tiene que atender; es decir, que la imtrascendencia de la vida real se abre paso junto a la forma artistivs máss depurada. Por lo tanto el poema concluye como empieza; pero además de romper los moldes del soneto, Otero nos ha dado muestras, en su tercer agrupamiento estrófico, de su ideologìa política. Aunque lo que ha compuestio no sea exactamente -ni por asomo- un soneto.

[Orozko nombró a Blas de Otero 'Hijo Adoptivo' en 2017. Aunque el poeta nació en Bilbao, su madre y su abuela eran naturales del municipio bizkaitarra, por lo que él mismo pasó largas temporadas en Orozko y el lugar protagoniza varios de sus poemas].

Exposición "ME QUEDA LA MIRADA". Homenaje de Orozco a

Blas de Otero.

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