EL RINCÓN DE LA POESÍA

“Córdoba. / Lejana y sola…”, un poema de García Lorca con ritmo de marcha fúnebre

García Lorca en la Huerta de San Vicente en 1935. Fundación FGL

Nuestro poema de cada día

Fernando Carratalá | Viernes 24 de julio de 2026

De la sección IV -“Andaluzas”- del del poemario Canciones reproducimos y comentamos seguidamente “Canción del jinete”.



Canción del jinete
Córdoba.
Lejana y sola.
Jaca negra, luna grande,
y aceitunas en mi alforja.
Aunque sepa los caminos 5
yo nunca llegaré a Córdoba.
Por el llano, por el viento,
jaca negra, luna roja.
La muerte me está mirando
desde las torres de Córdoba. 10
¡Ay qué camino tan largo!
¡Ay mi jaca valerosa!
¡Ay, que la muerte me espera,
antes de llegar a Córdoba!
Córdoba. 15
Lejana y sola.

Federico García Lorca: Canciones. 1921-1924.
Alianza Editorial, 1981.

Componen el poema 16 versos: el dístico que conforma el estribillo que lo abre y cierra consta de un verso bisílabo (“Cordoba”, palabra esdrújula que métricamente computa como bisílaba) y otro pentasílabo, formado por solo dos adjetivos (“Lejana y sola”), que resultan claves para el desarrollo poemático; este dístico (versos 1-2 y 15-16) mantiene asonancia monorrima (/ó-a/). Los otros doce versos son octosílabos, y se distribuyen en tres coplas con asonancia /ó-a/ en los pares (versos 4, 6, 8, 10, 12, 14, 16), la misma del estribillo. Y la copla primera y segunda se encadenan, además, por la repetición de la rima asonante /í-o/ en los versos 5 y 7; y, de igual manera, la copla segunda se encadena con la tercera, al repetirse la asonancia /á-o/ en los versos 9 y 11; y solo quedan sueltos los versos 3 (/á-e/) y 13 (/é-a/). Esta combinación de versos y de rimas, según su ubicación en el poema, así como la reiteración de estructuras paralelísticas y del propio estribillo, le confieren un ritmo de “marcha fúnebre”, acorde con un contenido en el que la muerte -su cercanía, su inexorabilidad- es la protagonista indiscutible.

El poema arranca con un dístico que tiene el ritmo del octosílabo: “Córdoba. Lejana y sola”. Y si sorprende el punto después de la palabra “Córdoba”, que parece una invocación lúgubre, también sorprenden, en ausencia de verbo, los adjetivos que la acompañan: “Lejana y sola”: el primer adjetivo indica la lejanía que separa al jinete de una ciudad a la que está convencido de que no va a llegar porque la muerte segará su vida en el camino -por lo que la lejanía es más psicológica que física-; y el segundo, que encierra una personificación, alude no tanto a la ciudad en sí misma, cuanto a la sensación de soledad que embarga al jinete, convertida en compañera de la muerte que acecha. La repetición de este estribillo como cierre del poema que, a modo de romance medieval, tiene un final abierto, hace más intensa la inminencia de una tragedia que se augura, pero que no se concreta.

En la primera copla, la voz poética, en primera persona (verso 4: “mi alforja”; verso 5: “aunque [yo] sepa”; verso 6: “yo nuca llegaré”) presenta al protagonista a través de la jaca en que monta, cargada en sus alforjas con aceitunas; explicita el marco espacio-temporal; y deja flotando en el ambiente una trágica premonición: el convencimiento del jinete de que le aguarda la muerte en el trayecto hacia una Córdoba que nunca alcanzará. El poema apenas proporciona información acerca del jinete ni de las circunstancias en las que se encuentra; y tampoco sabemos nada acerca de los motivos que le inducen a barruntar una muerte inminente, cargada de misterio. Aumenta así la sugestión lírica, a la vez que el poema se va cargando paulatinamente de dramatismo. Por otra parte, García Lorca ha recurrido a una concatenación de sinécdoques: de la parte por el todo (verso 3: “jaca” por “jinete”), de singular por plural (verso 4: “alforja” por “alforjas”), y de lo abstracto por lo concreto (versos 5-6: “Aunque sepa los caminos / yo nunca llegaré a Córdoba”, en vez de “encontraré la muerte en el camino”). Y conviene prestar atención a la adjetivación empleada por el poeta: el jinete monta en jaca “negra”, y en una noche de luna llena (“grande”, lo que no pasa de ser una simple ilusión óptica, porque el tamaño de la luna es siempre el mismo) y, además, transporta en sus alforjas aceitunas, a las que imaginamos de color “verde”). Por otra parte, la bimembración del verso 3 alcanza uno alto valor estético: el verso está dividido en dos miembros equidistantes, de manera que las palabras incluidas en cada miembro pertenecen a la misma categoría gramatical y están colocadas en el mismo orden (“nombre+adjetivo/nombre+adjetivo”: “jaca”/“luna” y “negra”/“grande”, respectivamente). Sea como fuere, nos encontramos ante la simbología lorquiana de ciertos colores que implican la alusión a la muerte. Y los más paradójico de la situación esa que, aunque el jinete conoce la zona por la que transita (que en este caso no se especifica; como sí ocurre, por ejemplo, en el “Romance sonámbulo”: “Compadre, vengo sangrando / desde los montes de Cabra” -versos 29 y 30-) y, por tanto, el camino más idóneo para llegar a Córdoba, es consciente de que su destino trágico ya está trazado: vaya por donde vaya, la muerte se cebará en él y le cortará el paso.

En la segunda de las coplas (versos 7-10), García Lorca recurre de nuevo a la bimembración, por partida doble: en el verso 7 la integran dos complementos nominales de un verbo que está elidido, aunque presente en el verso 6 (“nunca llegaré), formados por “preposición+artículo+nombre”: “por”+ “el”+“llano/“viento”; y en el verso 8 figura el sujeto, que repite el esquema del verso 3, “nombre+adjetivo/nombre+ adjetivo”: “jaca”/“luna” y “negra”/“roja”, respectivamente. Incluso ambos versos (en el 6 se cambia el adjetivo “grande” por el adjetivo “roja”) presentan, cada uno de ellos, el mismo esquema rítmico: ooóo / ooóo (verso 7); óo/óo / óo/óo (verso 8). Y, en efecto, ahora la “luna” es “roja”, es decir que se tiñe de sangre porque, como confiesa el jinete, “La muerte me está mirando / desde las torres de Córdoba” (versos 9-10); es decir, que desde las murallas que circuyen la ciudad de Córdoba hasta el lugar donde se encuentra el jinete se cierne la muerte que, gracias a una personificación, “cobra vida” para poderlo mirar frente a frente, lo que es indicativo de su aciago destino. Obsérvese que la voz poética sigue hablando en primera persona del singular, si bien el pronombre personal adquiere la forma que corresponde a su función: “La muerte me está mirando” (verso 9). La muerte, como sujeto gramatical y real, cobra así un papel más activo, que refuerza la perífrasis verbal durativa, en presente de indicativo: “está mirando[me]”.

Y, de nuevo, en la tercera copla (versos 11-14), es la voz poética la que entona, en primera persona, un quejumbroso lamento (por tres veces, en posición anafórica, se repite la conjunción “ay”, y toda la copla tiene una entonación exclamativa); y la muerte sigue siendo el sujeto gramatical y real con verbo en presente de indicativo, un presente que, por su carácter imperfectivo, reemplaza, con igual eficacia, a la perífrasis verbal “estar+gerundio” de la copla anterior: “¡Ay, que la muerte me espera, [...]” (verso 13). Y el camino se torna psicológicamente “largo”, porque no se sabe cuándo se producirá el encuentro con la muerte, aunque este se sienta como inevitable (verso 11). pero pese a todo, el jinete no es cobarde, y así lo manifiesta el adjetivo “valerosa” aplicado a “jaca” (verso 12), a la que ya no se califica por su color. El verso que prepara la reiteración del estribillo (el 14: “antes de llegar a Córdoba”) supone la culminación de la tensión emocional que se ha venido desarrollando de forma gradual a lo largo del poema: el jinete nunca llegará a Córdoba, porque la muerte se lo va a impedir. Y ahora el estribillo final desentraña todo su sentido enigmático: “Córdoba. / Lejana y sola”: distanciamiento, soledad; en una palabra: muerte. Y así el poema se cierra con una sobrecogedora angustia que un final cargado de anécdota habría disipado.

Versiones musicales.

Paco Ibáñez.

Musicalización de Vicente Monera.

Bibliografía.

García Álvarez, César: “Canción del jinete”. Revista Chilena de Literatura, núms. 9-10, agosto-diciembre, 1977. Publicada por la Facultad de Filosofía y Humanidades, Departamento de Literatura, Universidad de Chile.

https://revistaliteratura.uchile.cl/index.php/RCL/article/view/41765/43260

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