El título del poema ya llama la atención -Mujer de pelo en pecho-, ya que modifica la expresión popular “hombre de pelo en pecho”, metáfora que lo caracteriza por ser impertérrito y fuerte carácter, cualidades que asume la poeta como propias. Estamos ante una obra que se enmarca dentro de la poesía de la Generación del 50 -aunque la obra se publica por primera vez en marzo de 1995-, y que caracteriza la forma es escribir de Gloria Fuertes: antirretoricismo y lenguaje coloquial que recoge el habla de la calle; empleo del humor como instrumento para explorar la “realidad social”, y de ahí los continuos juegos de palabras” -el propio título del libro es buen ejemplo de ello, pues se reinterpreta libremente una frase hecha-; un hondo sentimiento de melancolía ante el irremediable “tempus fugit” y las consecuencias personales que de ello se derivan; y una absoluta libertad métrica, aun cuando la rima asonante sea frecuente; pero aun así el tono de sus versos viene marcado por una innegable eufonía.
La propia estructura de la obra, dividida en cuatro partes, da una clara idea de su contenido:
Y lo componen 17 versos, distribuidos conceptualmente en cinco partes que marcan los puntos, sin necesidad de abrir espacios en blanco: versos 1-3, 4-7, 8-11 12-14 y 15-17. Del verso 1 al 14 todos son endecasílabos melódicos, con acentos en las sílabas 3.ª, 6.ª y 10.ª, lo que confiere a la expresión un ritmo muy sostenido, sin pausas internas ni encabalgamientos; y también es endecasílabo el verso final, aunque cambia la acentuación (ahora recae en las sílabas 4.ª, 6.ª y 10.ª (“por protegér a un córo de mendígos”). El verso 15 tiene 7 sílabas, y el 16, cuatro; pero si los leemos como un solo verso, resulta un endecasílabo melódico. Y los endecasílabos son blancos, aunque pueden rastrearse algunas asonancia que suponemos casuales:
/á-a/ (versos 1, 10, y 16: “madrugaba/gozaban/daba”);
/í-o/ (versos 4, 7, 14 y 17: “distinto/pequeñito/prohibidos/mendigos”);
/é-o/ (versos 3 y 15: “paseo/preso”);
/á-o/ (versos 6 y 11: “paso/cirujano”);:
y las restantes combinaciones vocálicas no se repiten y son bastante variadas, lo que dada la naturaleza fonética de las vocales, aumenta la sonoridad: /á-e/(2), /é-a/(5), /ó-e/(8), /é-e/(9), /ó-o/(12), /ú-a/(13). Por otra parte, el verso 5 contiene la aliteración del fonema bilabial /p/ (“conocía las putas por las piernas”).
Al sereno se le caracteriza mediante dos adjetivos: “distinto” (por la noche, en relación con el día; verso 4) y “misterioso” (por su conducta infrecuente; verso 12). Sin embargo, es en el verso 8, y a través de una sorprendente metáfora, donde queda definido con toda la intensidad de la que el lenguaje poético es capaz: “El sereno era pasto de la noche”; una metáfora en la que se mezcla lo visual con lo táctil: el sereno es el elemento natural de la noche, a la que “sirve de alimento” (del mismo modo que el pasto lo es del campo durante el día; recuérdese que la locución verbal “ser pasto de” significa “aquello que sirve para ser consumido”); y si sorprendente es la fuerza metafórica, no lo es menos el vocalismo del verso y su esquema rítmico: “El seréno éra pásto de la nóche”.
Vayamos una a una con el análisis de las cinco partes en las que se puede dividir el texto; un texto en el que Gloria Fuertes nos presenta al sereno de una manera tan conmovedora como realista.
Primera parte (versos 1-3).
El poema arranca de manera irónica: el sereno “madrugaba” (verso 1), levantándose “a las siete de la tarde” (verso 2). Su oficio le ha trastocado el tiempo, subvirtiendo la lógica del lenguaje habitual: se pone en pie para acudir a su trabajo cuando para los demás el día ha terminado; pero los domingos busca tiempo para contemplar el ocaso, cuyo colorido contrasta con la oscuridad en la que vive (verso 3).
Segunda parte (versos 4-7).
El sereno está integrado en el mundo suburbano que permanece oculto durante el día y aflora por las noches; por eso es un ser “distinto” (verso 4): conoce a las putas y a sus chulos, y los tiene más que vistos e identificados: a aquellas por sus piernas, y a estos por su forma de andar (versos 5-6); y no es persona violenta, porque aunque porta un arma por si se tiene que defender, la intencionalidad del diminutivo con que la califica la poeta (“revolver pequeñito”) pretende, ingenuamente, rebajar su peligrosidad. Los versos 5 y 6, que comienzan con la repetición anafórica de la forma verbal “conocía”, conforman un perfecto paralelismo rítmico y morfosintáctico: dos endecasílabos melódicos que responden al siguiente esquema morfosintáctico:
“verbo (A)+preposición (B)+determinante artículo (C)+nombre (D)+
preposición (E)+determinante artículo (F)+nombre (G)”.
“conocía (A1) a (B1) las (C1) putas (D1) por (E1) las (F1) piernas (G1)”,
“conocía (A2) a (B2) los (C2) chulos (D2) por (E2) el (F2) paso (G2)”.
Tercera parte (versos 8-11).
Estos versos reflejan el lado humano del sereno: la noche no tenía secretos para él, convertido en algo así como un factótum vigilante, con la suficiente sensibilidad para saber distinguir los gritos de dolor o de placer de las mujeres: aquellos, originados por el parto, requerían el aviso al médico (“si parían… llamaba al cirujano”), mientras que estos le provocaban una risa cómplice (“[si] gozaban, reía”). Ante la doble disyuntiva (“si parían o gozaban”), el sereno tenía, asimismo, respuestas alternativas (“ría o llamaba al cirujano”), y la poeta lo expresa con las estructuras sintácticas más adecuadas, correlacionando ambas situaciones y los comportamientos que requieren.
Cuarta parte (versos 12-14).
Dado que el sereno se movía en la nocturnidad, aparentaba ser un “hombre misterioso” (verso 12), que incluso se afeitaba a la luz de la luna (verso 13), lo que no pasa de ser un simple hecho irrelevante de aseo personal con algún matiz poético; y el hecho de que fumara “cigarros prohibidos” (verso 14) puede ser una referencia histórica -ya desfasada- a la compraventa de tabaco que se obtenía en el mercado negro, en manos de estraperlistas.
Quinta parte (versos 15-17).
Estos tres versos finales rompen la andadura rítmica del poema con toda intencionalidad, pues contienen un mensaje de la poeta denunciando la falta de compasión hacia los más necesitados (“un coro de mendigos”). Y si hasta ahora el imperfecto de indicativo ha sido el tiempo verbal empleado a lo largo del poma, se cambia bruscamente por el presente de indicativo, para actualizar ante los ojos del lector una situación de injusticia social que contrasta con la bonhomía del sereno, cuyo “delito” consiste en “proteger” (verso 17) a los desamparados: “el sereno está preso” (verso 15).