ESCENARIOS

LEONARDO Y EL NOVIO

El rastro del filo del cuchillo

Alberto Morate | Viernes 25 de septiembre de 2026

El telón ha caído, pero las heridas no se han cerrado, la sangre no se ha secado, ha mudado su color por la transparencia del mito.



En la semi penumbra de la Sala Lola Membrives, en el Teatro Lara, el aire no pesa: parece temblar. Estamos en un limbo estremecido de soledad frustrada donde el tiempo ya no transcurre, sino que orbita como un planeta muerto alrededor de un cuchillo, de dos cuchillos. Allí, despojados de los límites de la carne y del cuerpo, dos rivales, Leonardo y el novio, descubren que la distancia que los separaba en la tierra era apenas un suspiro de distancia hacia el mismo abismo.

Asistimos a la abolición de la materia. No hay una niebla densa que oculte sus siluetas, sino una luminosidad blanca, no son fantasmas de sí mismos, son un destello de arrepentimiento que, paradójicamente, no buscan el perdón, aunque lo verbalicen. Hay una sobrecogedora belleza en comprender que volverían a cometer el mismo error, punto por punto, idénticamente. Porque están condenados a la eternidad de la escritura. García Lorca lo dejó publicado con tinta de ceniza y acero, y el teatro, en su liturgia perpetua y solemne, lo representará siempre. La libertad de estos espectros consiste en saberse presos de su propio destino.

Sorprende cómo el texto y la dirección de Matías Benedetti logra que el horror de la herida conviva con una sutil ligereza. La compañía introduce un tono de humor imprevisto, una veta de tragicomedia que salva la propuesta de la frialdad del odio y del escarnio escabroso. Es una sonrisa amarga, casi infantil, la de quien se sabe juguete de una fuerza superior. La tensión se desmorona por momentos no para aligerar el dolor, sino para hacerlo habitable, recordando que incluso en el corazón de la desgracia anida el absurdo de estar vivos, o de estar muertos.

En el escenario, Daniel Rimón y Nehuén Sánchez sostienen este pulso invisible. El amor ya no es un impulso que quema la piel, sino un pájaro ciego planeando en los labios, un retrato fiel de los aires muertos. Sus palabras vuelan solas, desprendidas de los nombres que un día defendieron con furia. Lo que late en escena es de una vigencia actual y desgarradora: las grietas insondables en las relaciones de pareja, el eco de los amores que fueron y se resisten a la desmemoria, la nostalgia pura de lo prohibido que acecha desde las sombras. Son huellas que ansían perpetuarse en un mundo que ya no les pertenece.

Al final, nadie posee la verdad. La realidad se confirma en su propia disolución, entre las hojas secas y sueltas de un libreto roto y los restos de una fiesta que nunca sucedió. Esta obra no nos habla de lo que ocurrió después del punto final, sino del eco que queda cuando la voz humana se apaga y solo permanece el deseo, intacto y terrible, flotando en el vacío, manteniéndose la pasión.

INFORMACIÓN

LEONARDO Y EL NOVIO

Idea original, dramaturgia y dirección: Matías Benedetti

Elenco: Daniel Rimón y Nehuén Sánchez

Espacio: Teatro Lara – Sala Lola Membrives

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