ESCENARIOS

LITTLE SHOP OF HORRORS

The little shop of horrors

Una planta con mucha hambre

Alberto Morate | Domingo 27 de septiembre de 2026

El Teatro San Pol de Madrid ha decidido abrirle las puertas a la botánica más peligrosa, descarada y musical de la historia.



El clásico de Alan Menken aterriza en Skid Row... perdón, en la orilla del Manzanares, para demostrarnos que la ambición verde no solo tiene espinas, sino también un apetito voraz.

Ninguna planta, que sepamos, había exigido hasta ahora un suministro regular de carne humana. Y mucho menos con semejante desparpajo. El Teatro San Pol se convierte estos días en el invernadero más peligroso de Madrid con Little Shop of Horrors, la célebre historia musical, que llega de la mano de la Asociación ALMA Produce en la que supone su primera gran producción.

Mantener el ritmo de la comedia, afinar las notas y coordinar los cables y las voces para que todo funcione requiere más sudor que cuidar un invernadero en pleno agosto madrileño. Y el resultado es una delicia deliciosamente macabra, valga la redundancia.

Poner en pie Little Shop of Horrors exige bastante más que unas flores de plástico, un par de canciones pegadizas y alguien escondido detrás de una maceta. Hay que combinar música, interpretación, humor, coreografía, efectos, escenografía y, sobre todo, conseguir que una planta gigante tenga personalidad propia. ¡Y vaya si la tiene!

Olvídense de los cactus que tienen muriéndose de pena en el salón. No estamos ante una simple planta carnívora que se conforma con tres moscas despistadas. Estamos ante un ser caníbal, hablador, quejica, malévolo y con un alma humana tan retorcida que ríete tú de los villanos de Shakespeare.

Es una criatura inquieta y despótica, un fetiche botánico que pasa de ser un brote tierno a un monstruo dictatorial que exige casquería fresca a ritmo de rock and roll. Lo interesante del montaje es cómo logran transmitir esa personalidad tan afilada y provocadora. La planta manipula al pobrecito y apocado Seymour con la destreza de un político en campaña, convirtiéndose en el objeto de deseo y la pieza más cotizada del barrio. Es manipuladora, es una diva caprichosa que si no recibe su ración de sangre te monta un drama que no verás ni en la ópera, y a la vez es una cómplice adorable que te hace dudar de tu propia moralidad.

Esa planta gigante no es simplemente carnívora: es antropófaga. Y además habla, y canta, y se queja, y exige, y manipula. Es cómplice cuando le interesa, malévola cuando puede y despótica siempre que encuentra ocasión. Una criatura inquieta y afilada, con más ambición que hojas y bastante menos escrúpulos que raíces. Casi diríamos que tiene alma humana, si no fuera porque eso sería insultar a la planta.

La planta, con toda su buena planta, es objeto de deseo, fetiche, mercancía cotizada y provocación botánica; una auténtica estrella que sabe que tiene al público en el bolsillo… o, mejor dicho, entre sus hojas, o fauces. Y no le hace falta beber clorofila para que el bocado no se le haga bola.

La historia, bajo su apariencia de comedia disparatada, juega con asuntos bastante más serios: la ambición, el éxito, el deseo de escapar de una vida gris y ese pequeño detalle que solemos olvidar cuando perseguimos nuestros sueños: el precio que hay que pagar por ello. La fama puede crecer deprisa, especialmente si se abona con sangre. Y los humanos somos extraordinariamente fáciles de convencer cuando nos prometen prosperidad y éxito.

La música de Menken aporta el resto: ritmo, melodía y ese irresistible sabor de musical clásico que hace que uno termine aceptando como perfectamente normal que una planta asesina tenga sus propios números musicales.

El resultado es una función entre macabra y divertida y deliberadamente excesiva, levantada con entusiasmo y mucho trabajo por un equipo que se enfrenta a un reto considerable: hacer convivir ternura, humor negro, romance, ciencia ficción y una planta con apetito de restaurante de carretera.

En definitiva, Little Shop of Horrors demuestra que, en el teatro, hasta una floristería cochambrosa puede convertirse en un espectáculo a tener en cuenta. Eso sí: si después de verla alguien decide llevarse una planta a casa, que pregunte antes cómo hay que abonarla o de qué se alimenta.

INFORMACIÓN

LITTLE SHOP OF HORRORS

  • Elenco: Franco Tremesani, Paula Larriqueta, Sergio Sánchez, Diego Escribano, Ignacio Lazbal, Irene Pendolero, Aynara Barahona, Jennyfer Tovar…
  • Producción: Asociación Cultural ALMA Produce
  • Música Original: Alan Menken
  • Libro y Letras Originales: Howard Ashman
  • Dirección: Ignacio Lazbal
  • Espacio: Teatro San Pol

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