Lo han conseguido. El planeta es un sindiós. Los poderes fácticos se han pasado la democracia por los mismísimos y han convertido la política en un antro de perdición, por no decir en una casa de putas. Tendré que cambiar de aficiones. Qué pena, tío. Con lo que yo disfrutaba comentando los pifostios de los chupópteros y mangantes que dirigen el mundo.
Pero su cinismo y desvergüenza ha alcanzado cotas irrespirables. Tendré que buscar otros estímulos intelectuales para sublimar mis frustraciones. El arte podría ser una alternativa terapéutica. Mejor compartir anécdotas sobre las vanguardias artísticas o la impostura de Picasso, que de la sanguinaria dictadura chavista y la miseria humana de Nicolás Maduro.
El arte nos redime y nos permite indagar en el misterio de la vida. Realismo, impresionismo, abstracción, me vale todo. Hasta te compro la moto del feísmo. O el “encontrismo”, que diría Oteiza. Todo, menos el arte conceptual. Arte conceptual, ni de coña ¿Qué es el arte conceptual? Nadie lo sabe, tampoco lo saben los que lo practican. Salvo que les sirve para vivir de la bohemiam chic fardando de intelectuales. Conceptos y contextos, mundo de las ideas. Un engaño patrocinado por instituciones, entidades, ilustres ignorantes y listos de todo pelaje, que pretendiendo trascender el estatismo de las cosas, no han pasado de la filosofía de Epi y Blas: dentro, fuera, arriba, abajo. Cada época tiene el arte y los gestores culturales que se merece.