LOS IMPRESCINDIBLES - Álvaro Bermejo

“TODO LO QUE ARDE”

Personas lanzan flores a una fogata en la playa, celebrando la noche de San Juan bajo la luna llena. (Foto: Imagen generada por inteligencia artificial – Cibeles AI).
Álvaro Bermejo | Sábado 27 de junio de 2026

Deberíamos tener cada día un tiempo y un espacio donde no sepamos lo que dicen los periódicos, un lugar donde puedas sacar a la luz lo que eres y lo que podrías ser”. Nos lo recordaba el célebre mitólogo Joseph Campbell, hablando de lo que significa una noche como la que venimos de vivir. Con la primera ola de calor, nuestra última noche de San Juan.



El despertar a través del fuego: atrevernos a dejar atrás lo que nos quema para ver lo que nos ilumina. El solsticio como un rito de renovación, saltar la hoguera hacia otra dimensión de nosotros mismos. Y la clave mayor: transformar la tierra en un escenario sagrado, como el latido de la vida.

Cuesta imaginarlo en un tiempo como el nuestro, en el que sólo sacralizamos la naturaleza en su versión ecológica o vacacional, la del excursionista que opta por una vida saludable. ¿Y el espíritu, el mito, la revelación, dónde quedan? ¿En una pincelada folclórica? ¿En esas hogueras festivas, prodigadas de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo y de playa en playa, con qué sentido?

Dos solsticios, el de invierno y el de verano. Dos Juanes, el Bautista y el Evangelista. Réplicas del romano Jano, el de los dos rostros, guardián de las puertas solsticiales. Una, precisamente la que abre el verano, ya está cerrándose. Por eso apelamos al fuego, para que esta noche se prolongue en el día más largo del año. En esa hoguera central, que no ha de prenderse en cualquier lugar, ni con cualquier madera, pues simboliza un centro cósmico. En todo lo que arde dentro de nosotros, muerte y renacimiento, para conectarnos con el ciclo eterno de la vida.

Por eso es también ésta la noche que abre, en palabras de Caro Baroja, la estación del amor. Y la de los conjuros. Don Pío lo contó en su Jaun de Alzate y en La dama de Urtubi: aquelarres, rituales de brujería en la cueva de Zugarramurdi, en una noche de san Juan. También en el San Sebastián de su infancia: “cuando yo era chico, se nos decía que echando un huevo a un vaso de agua en la noche de san Juan…”.

Cultos al sol en la noche, invocaciones a la fecundidad, reverencia ante la dimensión mágica de la vida. Misterio. Sacralidad. Palabras prohibidas en este tiempo en el que no creemos en nada. Niños eternos rendidos a su puerilidad esencial. ¿La noche de san Juan? Una gaupasa más, como llamamos en el País Vasco a las noches de fiesta sin final. Y sin sentido.

Sopla el viento, pero no el espíritu. ¿Qué es? El aroma de la vida. Justo eso que cantó Shakespeare en su ‘Sueño de una noche de verano’. “Cantad y bailad hasta que raye la aurora”, dice el duende Puck. Y la vida responde: si no entiendes el fuego, del tuyo sólo quedarán cenizas.

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