FIRMA INVITADA

ADONIS, LA  VOZ DE LAS CIVILIZACIONES

Adonis cruza un paisaje de palabras con motivos de Oriente y Occidente. Imagen generada con IA de OpenAI (Foto: Imagen generada por inteligencia artificial - Cibeles AI).

"Pensar no es repetir lo que dijeron los antepasados; pensar es inventar el horizonte desde el cual los antepasados aún no han hablado."   Adonis.

Angela Gentile | Lunes 19 de octubre de 2026

En sus poemas se respira el siglo contenido en el lenguaje. Su obra es la creación de mundos con sentido ontológico que devela el silencio y las sombras. Ese hombre del desierto destinado a revelar, interpretar e interrogar sobre el ser se llama Ali Ahmad Said Esber y es el poeta de la percepción y de la identidad.



Al leer El espejo de la voz entramos en la dimensión de nuestra propia mutabilidad: Vi en él mis palabras/vestidas con la ropa del viento,/vi en él mi sombra/hecha de fuego y silencio./Y dije: Yo soy el que camina en el texto de las cosas, /el que descifra las huellas del tiempo/ para reescribir el mundo. 

Este demiurgo desafía lo conocido mientras reescribe el lenguaje; es también ese nómada que se viste de viento, el hombre sin lugar fijo cuyo único territorio es la palabra: un peregrino que viaja hacia la realidad de la vida.

El yo poético del poema del espejo abandona el lenguaje convencional porque su naturaleza es viento, fuego y sombra. Esa esencia existe también en el protagonista de su libro Canciones de Mihyar el de Damasco, donde el héroe eleva la poesía a un estadio sagrado.  Así, este poeta sirio expresa su pensamiento de profundas raíces metafísicas: «La poesía es el cambio radical: es el nacimiento que anula el pasado y crea su propio origen».

Surge una pregunta inevitable tras leerlo: ¿Cuál es el rol del poeta en este siglo? Quien escribe hoy está, sin duda, exiliado del pasado. Se han perdido las voces de los antiguos vates y trovadores, dejando a los lectores en el umbral de la imaginación. Por ello Adonis asume: « Yo soy el que camina en el texto de las cosas». Esa levedad en su poesía es un modo de sustraer peso a las estructuras del mundo, a la lengua y a las imágenes —como lo ha percibido, en su momento Italo Calvino—, pero sumándole cierta impronta mística: «Sólo me saciará un agua que no puedo alcanzar. El que no tengas secretos... también es un secreto.»

Es su condición de peregrino por los escritos lo aproxima a la imagen de un arqueólogo espiritual, al modo sufí de renovación constante. Todo en su obra reúne una comprensión universal que le permite abandonar el ego e intentar la permanencia. Al igual que Dante Alighieri, Adonis recurre a la alegoría. En el poema «El signo» — perteneciente a El libro de las huídas, recitado en el Festival de Poesía de Medellín [1] e incluido en la antología Árbol de Oriente (1957-2007)—   la palabra árbol representa el tronco antiguo y poderoso de la poesía tradicional que se observa renovada : He mezclado la nieve con el fuego,/mas no comprenderán los fuegos mis selvas/ ni las nieves./Y seguiré oscuro y manso,/habitando las flores y las piedras, / ocultándome, viendo,/oscilando/como la luz entre la magia y el signo.

Adonis reinterpreta el sentido de lo mítico, tiene por patria el lenguaje y se siente en plenitud. Este poeta caminó hacia y por el cosmos. Como escribirá en «Estación de los estados espirituales »: —El tiempo es arcilla y el cielo, herrumbre. ¿Qué hacer?/—Volverse trueno, agua, objeto vivo./—¿Y cuándo las distancias estén vacías hasta de sombra?/ —Llenarlas con un ojo que cubra los puntos cardinales, llenarlas con fantasmas sacados del rostro/  y las caderas/  que cuiden del sueño y de la memoria de los árboles./ —¿Y cuando este mundo no te sea favorable?/—Me recrearé en mis ojos para duplicar en ellos el universo: veré dos veces el cielo,/ y la tierra dos veces/ —Sólo yo seré único./—¿Y cuando no tengas más amigos que las piedras?/—Gritaré: ¡Molusco! ¡Yo soy tu parte blanda!/Y orientaré mis cuernos al sol.

Adonis es un ser del Mediterráneo, un poeta infinito, el antiguo morador de Al Qassabin, su pueblo natal, de origen, lo motivó a establecer un diálogo constante entre Oriente y Occidente, entre el mar y el desierto: una conversación con la inmensidad que le brindó su lengua madre. Como sostiene la traductora y poeta Clara Janés [2] , al ser entrevistada en el programa Las personas del verbo a propósito de su traducción de Zócalo: « En su obra aparece la historia de la humanidad y del pensamiento y su forma de simbolizar; además de que en cada libro suyo hay una profundidad mayor».

Las civilizaciones se despliegan en sus versos como parte del diálogo intercultural. María Zambrano habló de «la esperanza de la fatalidad» en su ensayo Las ruinas. La filósofa y el poeta tienen en común la vivencia del exilio. La idea del derrumbe no aleja a Adonis, sino que lo lleva a transitar por las palabras hasta encontrar en las antiguas civilizaciones las respuestas que el vacío de la modernidad ha dejado.

Adonis es quien medita y dialoga de manera atemporal. La aseveración de María Zambrano sobre que el acto de mirar no es pasivo, ensambla perfectamente con este verso adoniano donde la poesía de lo invisible se dimensiona: «Me recrearé en mis ojos para duplicar en ellos el universo. El poeta convive con la fragilidad del ser humano, con esa lengua que le permite interrogarse: « ¿Por qué siento que vengo de las fisuras del mito?» o « ¿Quiénes son los que convierten los libros en espadas, / el lenguaje en patíbulo / y la razón en guillotina?».

Es Ali Ahmad Said Esber, aquel que escuchó desde pequeño a su padre recitar a los grandes poetas árabes; el mismo que aún busca respuesta, emprende el camino hacia mundos épicos y deambula por los abismos del lenguaje: «No hay lugar/ en el paraíso para un libro que no / esté escrito con la tinta del infierno».

Es Adonis, nombre del dios cuya vida se recicla. Es el poeta que sostiene: « Uno sin el otro ya no es ninguno».

Es el poeta:

Otra voz [3]

Perdió el hilo de las cosas, y se apagó
su estrella perceptora. No tropezó.
Y cuando su paso fue ya de piedra
y el tedio le dejara surcos en las mejillas,
recogió lentamente sus despojos:
los recogió para la vida, diseminándose.

Es Adonis.

 

NOTAS

[1] https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Diario/20_01_10_08.html

[2] https://www.orm.es/programas/laspersonasdelverbo/las-personas-del-verbo-los-viajes-de-adonis-en-el-zocalo-d-f/

[3] "Canciones de Mihyar el de Damasco" 1961

Versión de Pedro Martínez Montávez

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