Las convulsiones que agitan al ser humano -guerras, persecuciones, horror ante el holocausto nuclear...-, y que alteran la belleza y el orden de la vida, gravitan sobre Jorge Guillén y su obra da un giro radical: desde el optimismo de Cántico se pasa a la protesta del poeta ante la situación de permanente agresión que sufre la condición humana el poeta; y así surge Clamor. No obstante, hay en Clamor hay algunas poemas que demuestran que el poeta no sucumbe ante las circunstancias que le rodean y amargan las vida, y con los que va recuperando ese tono festivo de que hace gala en Cántico. Y a este grupo de poemas pertenece el titulado “Epifanía”, que reproducimos y comentamos a continuación.
Apoyo léxico.
Acerico. En el contexto significa “almohadilla que sirve para clavar en ella alfileres o agujas”. El vocablo está usado en sentido metafórico y ensancha emocionalmente el contenido de un verso que nos presenta al Dios-Redentor del género humano.
El 20 versos eneasílabos de que se compone el poema están agrupados en cinco serventesios, con la siguiente distribución de rimas consonánticas -versos primero con tercero y segundo con cuarto-:
/-óres/-ár/ (I),
/-éy/-íco/ (II),
/-íta/-ál/ (III),
/-éra/-éro/ (IV)
/-éy/-ida/ (V).
Las rimas agudas de los versos 2-4 y 10-12 aportan una innegable sonoridad al conjunto. Por otra parte, lo infrecuente de ciertas palabras en final de verso agudo -“rey” (versos 5 y 19), “grey” (verso 7) y “buey” (verso 17)- manifiestan la maestría técnica del escritor, ligada al mensaje que quiere transmitirnos, y condensado, precisamente, en las estrofas II y V: en la humildad del portal de Belén encuentran los hombres al Dios-Redentor.
En efecto, Guillén se sirve en este poema de la adoración de los Magos (estrofa 1) para presentar el portal de Belén como lugar que convoca a la fraternidad universal (estrofa 3), y en el que ha nacido el Dios que es todo humildad -en el seno de una familia obrera (estrofa 4, en la que metafóricamente a la condición de carpintero de san José)-; y que carga con todas las lacerantes imperfecciones del género humano (estrofa 2, en la que la palabra “acerico” del verso 8 se carga de connotaciones negativas); una humanidad a la que le enseñan el verdadero camino de la salvación (estrofa 5, verso 20: “soy camino, verdad y vida”, un verso que recoge las palabras del Evangelio de san Juan -14:6-: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”).
El mensaje de Guillén no puede ser más claro: Dios se acerca al hombre para redimirlo -¡qué profunda emotividad encierra el sentido metafórico de estos versos (7-8), que resumen el sacrificio de la Redención: “Dios lleva en sí la humana grey / y todo su inmenso acerico”-; para hacerle saber, desde su encarnación como Hombre, que no es un Dios distante -ni rey, ni rico, ni suntuoso (versos 5, 6, 19)-, sino comprometido con los más humildes -“El humilde es el verdadero” (verso 16)-; y para señalarle, en definitiva, que Él es el Camino, la Verdad y la Vida (verso 20). Y no debe pasar desapercibido, y Guillén lo recalca en los versos 17-18, el desvalimiento con que viene al mundo quien está llamado a redimir al género humano: en un humilde establo, junto a un borrico y a un buey.
Recitación con fondo musical.
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Y también en una de las últimas obras de Jorge Guillén, “Y otros poemas”, hay versos para glosar la figura de los Reyes Magos y su significación emocional y espiritual. El poema se titula “Belén”, y comprende tres secciones:
Apoyo léxico.
Manantial (verso 1). Origen y principio de donde proviene algo. No parece casual que Guillén emplee la palabra “manantial” -visto su significado- en el primer verso del poema (“Se oye un rumor de manantial.”).
Componen este otro poema de Guillén tres conjuntos estróficos arbitrarios de cuatro (I), ocho (II) y cuatro (III) versos. En la primera estrofa se combinan, alternativamente, versos eneasílabos y tetrasílabos, con rimas cruzadas agudas (/-ál/-én/: “manantiálportál”, “Belén/vén”). Los versos pares, a modo de pie quebrado, intensifican el mensaje del texto: una invitación a acudir a Belén. Conforman la segunda estrofa ocho versos sin rima, endecasílabos del primero al sexto, heptasílabo el séptimo y tetrasílabo el octavo; un nuevo pie quebrado este verso que remata la estrofa y que insiste -con un plural sociativo de indiscutible eficacia expresiva- en lo apremiante de la necesidad de acudir, -de que acudamos- como los tres Reyes, como los pastores, al “portal de la esperanza” que es garantía de nuestro futuro: “Vamos, vamos” (verso 12). Y cierra el poema una tercera estrofa de cuatro versos: tres octosílabos y el cuarto pentasílabo; los dos primeros, agudos y sin rima; y los dos últimos, llanos y con rima consonante (ánza/). Y precisamente la palabra que cierra el poema ocupando el último verso, -“La esperanza”- es el epifonema que, a modo de resumen, recoge al actitud del poeta, en el último tramo de su vida, ante el portal de Belén, y que conecta con los días de su niñez; esa esperanza que han traído a su ánimo Melchor, Baltasar y Gaspar -“varones de esperanza” (verso 11); “aquellos reyes de paz” (verso 13).