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Nuestro poema de cada día
Rubén Darío
Rubén Darío

¡Los Reyes Magos llegan ya al portal de Belén!, II

Leer a Rubén Darío es entrar en un mundo artístico de exquisita perfección en el que el lenguaje poético brilla por su belleza plástica (riqueza cromática, musicalidad de sonoridad estridente…). Y de la estética modernista de Darío hemos escogido dos textos propios de la Navidad: el poema “Los tres Reyes Magos”, formado por cuatro serventesios de perfecta andadura rítmica con los que el poeta se acerca al tema de los Reyes Magos -unos reyes que contemplan en silencio el triunfo del amor en la figura de Cristo-; y el poema -completo- “La Rosa Niña”, en el que también figuran los Reyes Magos; un poema en el que los recursos modernistas de sugestiva belleza sensorial no logran obstaculizar la profunda espiritualidad que rezuman sus versos.

Cantos de vida y esperanza
Cantos de vida y esperanza
Los tres Reyes Magos
-Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.
Vengo a decir: La vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina estrella!
-Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.
Existe Dios. Él es la luz del día.
La blanca flor tiene sus pies en lodo.
¡Y en el placer hay la melancolía!
-Yo soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro
que existe Dios. Él es el grande y fuerte.
Todo lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de la Muerte.
-Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.
Triunfa el amor, y a su fiesta os convida.
Cristo resurge, hace la luz del caos
y tiene la corona de la vida.
Rubén Darío: Cantos de vida y esperanza, IV.
Madrid, ediciones Cátedra, 1995. Colección Letras Hispánicas, núm. 403.

Cantos de vida y esperanza, obra publicada en 1906, representa un giro en la trayectoria poética de Darío, ya que abandona la poesía impersonal, brillante en la forma pero vacía de contenido humano, para descubrir las honduras de su propia alma. “El mérito principal de mi obra -escribe en su Historia de mis libros, al referirse a este volumen-, si alguno tiene, es el de una gran sinceridad, el de haber puesto 'mi corazón al desnudo', el de haber abierto de par en par las puertas y ventanas de mi castillo interior para enseñar a mis hermanos el habitáculo de mis más íntimas ideas y de mis más caros ensueños”.

Conforman el poema 16 endecasílabos de perfecta andadura rítmica, distribuidos en cuatro serventesios de rimas cruzadas y notable sonoridad. Los tres Reyes Magos contemplan el triunfo del amor en la figura de Cristo. Cada Rey Mago trae a Dios su ofrenda: Gaspar, el incienso (verso 1); Melchor, la mirra (verso 5, que incluye una sugestiva aliteración de la consonante nasal n); y Baltasar, el oro (verso 9). Dario ha introducido una pequeña variante en las ofrendas de los Reyes, ya que según la tradición, es Melchor el que ofrenda el oro (reconociendo así a Jesús como Rey, ya que el oro es un tributo de su soberanía y poder); Gaspar, el incienso (con el que honra su divinidad, pues el incienso es propio de ceremonias religiosas para honrar a la divinidad; y Baltasar, la mirra (resina usada para ungir el cuerpo de los muertos, en alusión no solo a su humanidad, sino también anticipando el sacrificio de la Redención).

Y los tres Reyes coinciden en afirmar la existencia de Dios: «Existe Dios» —versos 3 y 6, puestos respectivamente en boca de Gaspar y de Melchor—; y «Aseguro / que existe Dios» —versos 9 y 10, y ahora es Baltasar quien habla—. Pero lo importante en el poema es la irrupción, en el último serventesio, y tras el soliloquio de cada uno de los tres Reyes Magos, de una voz —celestial— que les ordena callar, para identificar a Cristo con el amor, del que todos estamos llamados a participar —dándole un carácter universal al contenido del verso 14: «que a su fiesta os convida»—; es el Cristo vencedor de las tinieblas («hace la luz del caos» —verso 15—, iluminando el camino de la Verdad, expresado en términos metafóricos); y también de la muerte, ya que «tiene la corona de la vida» —verso 16—, en alusión a la vida eterna).

Música para el poema compuesta por César García-Rincón de Castro, responsable del proyecto “Y el verso se hizo canto”, musicalización de poemas navideños de grandes autores y autoras del siglo XVI al XX.

https://www.youtube.com/watch?v=51yGykyWxzM

La Rosa Niña
Cristal, oro y rosa. Alba en Palestina.
Salen los tres reyes de adorar al rey,
flor de infancia llena de una luz divina
que humaniza y dora la mula y el buey.
Baltasar medita, mirando la estrella
que guía en la altura. Gaspar sueña en
la visión sagrada. Melchor ve en aquella
visión la llegada de un mágico bien.
Las cabalgaduras sacuden los cuellos
cubiertos de sedas y metales. Frío
matinal refresca belfos de camellos
húmedos de gracia, de azul y rocío.
Las meditaciones de la barba sabia
van acompasando los plumajes flavos,
los ágiles trotes de potros de Arabia
y las risas blancas de negros esclavos.
¿De dónde vinieron a la Epifanía?
¿De Persia? ¿De Egipto? ¿De la India? Es en vano
cavilar. Vinieron de la luz, del Día,
del Amor. Inútil pensar, Tertuliano.
El fin anunciaban de un gran cautiverio
y el advenimiento de un raro tesoro.
Traían un símbolo de triple misterio,
portando el incienso, la mirra y el oro.
En las cercanías de Belén se para
el cortejo. ¿A causa? A causa de que
una dulce niña de belleza rara
surge ante los magos, todo ensueño y fe.
¡Oh, reyes! -les dice-. Yo soy una niña
que oyó a los vecinos pastores cantar,
y desde la próxima florida campiña
miró vuestro regio cortejo pasar.
Yo sé que ha nacido Jesús Nazareno,
que el mundo está lleno de gozo por Él,
y que es tan rosado, tan lindo y tan bueno,
que hace al sol más sol, y a la miel más miel.
Aún no llega el día… ¿Dónde está el establo?
Prestadme la estrella para ir a Belén.
No tengáis cuidado que la apague el diablo,
con mis ojos puros la cuidaré bien.
Los magos quedaron silenciosos. Bella
de toda belleza, a Belén tornó
la estrella y la niña, llevada por ella
al establo, cuna de Jesús, entró.
Pero cuando estuvo junto a aquel infante,
en cuyas pupilas miró a Dios arder,
se quedó pasmada, pálido el semblante,
porque no tenía nada que ofrecer.
La Madre miraba a su niño lucero,
las dos bestias buenas daban su calor;
sonreía el santo viejo carpintero,
la niña estaba temblando de amor.
Allí había oro en cajas reales,
perfumes en frascos de hechura oriental,
incienso en copas de finos metales,
y quesos, y flores, y miel de panal.
Se puso rosada, rosada, rosada…
ante la mirada del niño Jesús.
(Felizmente que era su madrina un hada,
de Anatole France o el doctor Mardrús).
¡Qué dar a ese niño, qué dar sino ella!
¿Qué dar a ese tierno divino Señor?
Le hubiera ofrecido la mágica estrella,
la de Baltasar, Gaspar y Melchor…
Mas a los influjos del hada amorosa,
que supo el secreto de aquel corazón,
se fue convirtiendo poco a poco en rosa,
en rosa más bella que las de Sarón.
La metamorfosis fue santa aquel día
(la sombra lejana de Ovidio aplaudía),
pues la dulce niña ofreció al Señor,
que le agradecía y le sonreía,
en la melodía de la Epifanía,
su cuerpo hecho pétalos y su alma hecha olor.
Rubén Darío: Poema de otoño y otros poemas.
Madrid, editorial Espasa-Calpe. 1965. Antigua colección Austral, núm. 282.

El largo poema “La Rosa Niña” tiene todos los ingredientes de la mejor poesía modernista. Los tres Reyes Magos ya han adorado y ofrecido sus presentes a Jesús de Nazareth recién nacido. A su regreso a sus países de origen, y en las peroximidades de Belén, el cortejo se detiene: “una dulce niña de belleza rara / surge ante los magos, todo ensueño y fe” les pide prestada la estrella para que la guíe hasta el establo; pero una vez en él y viendo al Dios recién nacido cara a cara, comprueba que no tiene nada que poder ofrendarle. Y el milagro se produce: la niña “se fue convirtiendo poco a poco en rosa, / en rosa más bella que las de Sarón […] / su cuerpo hecho pétalos y su alma hecha olor”. A la belleza de la historia urdida por Darío -y a la que contribuye el ambienta de refinamiento que la rodea y el exquisito léxico seleccionado-, hay que añadir el acierto de la métrica empleada: 74 versos dodecasílabos con diferentes esquemas rítmicos, agrupados en 17 serventesios, que culminan con una variante de la sextina, según el esquema de rimas AAB’AAB’.

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