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Nuestro poema de cada día
RUBÉN DARÍO EN NUEVA YORK (1915). [Poesía. Revista ilustrada de información poética. Número monográfico dedicado a Rubén DarÍo, Madrid, 1991, 34-35].
RUBÉN DARÍO EN NUEVA YORK (1915). [Poesía. Revista ilustrada de información poética. Número monográfico dedicado a Rubén DarÍo, Madrid, 1991, 34-35].

¡Los Reyes Magos llegan ya al portal de Belén!, III

Leer a Rubén Darío es entrar en un mundo artístico de exquisita perfección en el que el lenguaje poético brilla por su belleza plástica (riqueza cromática, musicalidad de sonoridad estridente…). Y de la estética modernista de Darío hemos escogido un texto propio de la Navidad: el poema “Los tres Reyes Magos”, formado por cuatro serventesios de perfecta andadura rítmica con los que el poeta se acerca al tema de los Reyes Magos -unos reyes que contemplan en silencio el triunfo del amor en la figura de Cristo-; y un poema en el que los recursos modernistas de sugestiva belleza sensorial no logran obstaculizar la profunda espiritualidad que rezuman sus versos.

Azul y Cantos de vida y esperanza
Azul y Cantos de vida y esperanza

Los tres Reyes Magos

-Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.

Vengo a decir: La vida es pura y bella.

Existe Dios. El amor es inmenso.

¡Todo lo sé por la divina estrella!

-Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.

Existe Dios. Él es la luz del día.

La blanca flor tiene sus pies en lodo.

¡Y en el placer hay la melancolía!

-Yo soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro

que existe Dios. Él es el grande y fuerte.

Todo lo sé por el lucero puro

que brilla en la diadema de la Muerte.

-Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.

Triunfa el amor, y a su fiesta os convida.

Cristo resurge, hace la luz del caos

y tiene la corona de la vida.

Rubén Darío: Cantos de vida y esperanza, IV.
Madrid, ediciones Cátedra, 1995. Colección
Letras Hispánicas, núm. 403.

Cantos de vida y esperanza, obra publicada en 1906, representa un giro en la trayectoria poética de Darío, ya que abandona la poesía impersonal, brillante en la forma pero vacía de contenido humano, para descubrir las honduras de su propia alma. “El mérito principal de mi obra -escribe en su Historia de mis libros, al referirse a este volumen-, si alguno tiene, es el de una gran sinceridad, el de haber puesto 'mi corazón al desnudo', el de haber abierto de par en par las puertas y ventanas de mi castillo interior para enseñar a mis hermanos el habitáculo de mis más íntimas ideas y de mis más caros ensueños”.

Conforman el poema 16 endecasílabos de perfecta andadura rítmica, distribuidos en cuatro serventesios de rimas cruzadas y notable sonoridad. Los tres Reyes Magos contemplan el triunfo del amor en la figura de Cristo. Cada Rey Mago trae a Dios su ofrenda: Gaspar, el incienso (verso 1); Melchor, la mirra (verso 5, que incluye una sugestiva aliteración de la consonante nasal n); y Baltasar, el oro (verso 9). Darío ha introducido una pequeña variante en las ofrendas de los Reyes, ya que según la tradición, es Melchor el que ofrenda el oro (reconociendo así a Jesús como Rey, ya que el oro es un tributo de su soberanía y poder); Gaspar, el incienso (con el que honra su divinidad, pues el incienso es propio de ceremonias religiosas para honrar a la divinidad; y Baltasar, la mirra (resina usada para ungir el cuerpo de los muertos, en alusión no solo a su humanidad, sino también anticipando el sacrificio de la Redención).

Y los tres Reyes coinciden en afirmar la existencia de Dios: «Existe Dios» —versos 3 y 6, puestos respectivamente en boca de Gaspar y de Melchor—; y «Aseguro / que existe Dios» —versos 9 y 10, y ahora es Baltasar quien habla—. Pero lo importante en el poema es la irrupción, en el último serventesio, y tras el soliloquio de cada uno de los tres Reyes Magos, de una voz —celestial— que les ordena callar, para identificar a Cristo con el amor, del que todos estamos llamados a participar —dándole un carácter universal al contenido del verso 14: «que a su fiesta os convida»—; es el Cristo vencedor de las tinieblas («hace la luz del caos» —verso 15—, iluminando el camino de la Verdad, expresado en términos metafóricos); y también de la muerte, ya que «tiene la corona de la vida» —verso 16—, en alusión a la vida eterna).

Música para el poema compuesta por César García-Rincón de Castro, responsable del proyecto “Y el verso se hizo canto”, musicalización de poemas navideños de grandes autores y autoras del siglo XVI al XX.

https://www.youtube.com/watch?v=51yGykyWxzM

Joseph Christian Leyendecker: “Los Reyes arrodillados con regalos” (The kings kneeling with gifts). Óleo, 55,9 x 38,1 cm.

Museo Nacional de Arte de Cataluña (Barcelona).

Puedes comprar sus libros en:

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