FIRMA INVITADA

Un día en la vida

Un hombre solitario revisa su tel?fono en una calle urbana desierta, bajo luces de ne?n al atardecer. (Foto: Imagen generada por inteligencia artificial - Cibeles AI).
Francis López Guerrero | Miércoles 23 de septiembre de 2026

Al ahogado lo llevaron a la tierra. Al herido lo llevaron al cielo. No sabía llorar. Al moribundo dudaron entre la ceniza y el hielo. Y al final se lo dejaron olvidado. A los recién nacidos les brillaba la piel en los hospitales como neones de la calle. Los suicidas aumentaron. Todo el mundo calla.



No tiene sentido distinguir soles y lunas. Duele igual una luz cegadora que la oscuridad. Los muertos, uno por uno, sustituyeron las cruces por ojos. Las raíces saben 'un himno gigante y extraño' que no sirve para producir. Las fábricas abrieron y cerraron a la par que abrieron y cerraron los obreros sus corazones al dictado de la economía. Hay siete llantos por cada tres sonrisas. Los medios de comunicación nunca hablan de este porcentaje. La posibilidad de analogía entre un supuesto político demócrata y un presunto corrupto es ya un hecho científico. El barco borracho de la democracia no para de chocar contra los escollos de la condición humana. Lampar por dinero a raudales es la única ideología que se sostiene en pie. Las mujeres fueron a comprar el pan como cada mañana y los niños salieron de la escuela como cada mediodía. El pan estaba por las nubes y los niños en la nube tecnológica arrumbados en igualdad. Las nubes tenían que dar agua, pero exigían ser memoria y código. La lluvia era demasiado simple y rutinaria.

La tristeza se puso unos pantalones nuevos y un jersey escotado. Los hombres tenían prohibido mirar. Otro precepto roedor salió de las cloacas y se puso a caminar entre los transeúntes sin que lo advirtieran. La guerra era un videojuego y la sangre de una persona una cosa parecida al coñac que se le puede echar al primer café de la mañana. La tragedia ajena era como tomarse un carajillo frente al televisor. Los desplazados caminaron sonámbulos. En ellos la piel, la tierra y los deseos eran lo mismo frente a las fauces del mundo. Las mascotas recibieron su caricia precisa y exacta mientras muchos humanos mendigaron un par de palabras comprensivas. La incertidumbre se fragmentaba en mil pedazos y la marihuana era la reina de la juventud. El próximo brote psicótico lo darán en directo. Será en breve. Te escribí muchas cartas, tantas como una vida, pero ninguna te llegó porque los ritos del amor se habían integrado entre la marabunta de los productos del mercado. Pasaron las horas y no cayó ni un solo segundo que oliera a rosas. Los milagros no ocurren en el tiempo, sólo la esperanza. Los pájaros apenas cantaron en los árboles, los coches dominaron los pulsos y una niña con un brazo roto le dibujó una sonrisa al aire que nadie vio. Esto fue ayer. Hoy seguramente se repetirá la misma historia. Todo parece una despedida, pero el sol insistirá mañana con inocencia y asombro. De fondo suenan los Beatles como un día en la vida. “La multitud de gente miró a otro lado, pero yo tuve que mirar”.

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