A veces me figuro que estoy enamorado
A veces me figuro que estoy enamorado,
es dulce, y es extraño,
aunque, visto por fuera, es estúpido, absurdo.
Las canciones de moda me parecen bonitas,
y me siento tan solo
que por las noches bebo más que de costumbre.
Me ha enamorado Adela, me ha enamorado Marta,
y, alternativamente, Susanita y Carmen,
y, alternativamente, soy feliz y lloro.
No soy muy inteligente, como se comprende,
pero me complace saberme uno de tantos
y en ser vulgarcillo hallo cierto descanso.
Juan de Leceta [Gabrel Celaya]: Tranquilamente
hablando. San Sebastán, Gráfico Editora, 1947.
Colección de poesía “Norte”.
De este libro ya nos ocupamos cuando trazamos la trayectoria poética de Gabriel Celaya, en esta misma revista digital, el 14 de marzo de 2026, en el artículo titulado “El entusiasmo por el lenguaje de Gabriel Celaya”, y en el que analizábamos el poema “Debo ser algo tonto”.
https://www.todoliteratura.es/noticia/62439/el-rincon-de-la-poesia/el-entusiasmo-por-el-lenguaje-de-gabriel-celaya.html
[La Diputación Foral de Guipuzcoa, en la web dedicada a Gabriel Celaya, nos proporciona la edición digital de Tanquilamente hablando, reproducción de la original. En 1999, la propia Diputación (Departamento de Cultura, Euskara, Juventud y Deportes) publicó una edición facsímil. Por su parte, en 2004, la editorial Visor, en la Colección Poesía, publica las Poesías completas de Gabriel Celaya en cuatro volúmenes].
Tranquilamente hablando se publica inicialmente en 1947, en San Sebastián, y en la Colección de poesía “Norte”, que el propio Celaya había fundado, junto a Amparo Gastón, en 1946. Para entonces ya había abandonado su profesión de ingeniería y su trabajo en la empresa de su familia para dedicarse a tiempo completo a la poesía; de hecho, su estancia en la Residencia de Estudiantes de Madrid, entre 1927 y 1935, y en la que convivió con destacados intelectuales de la época lo había encaminado ya hacia el mundo de la literatura.
Es este un libro de temática existencial, con toques reorrománticos, en ocasiones tintes surrealistas, gran sencillez formal y expresión deliberadamente coloquial; previo a la inmersión en la “poesía comprometida” de la década de los 50, con títulos tan destacados como Las cosas como son (1949), Las cartas boca arriba (1951), Lo demás es silencio (1952) y Cantos íberos (1955), que lo convierten en adalid de la poesía social. Recordemos que Celaya, junto a Eugenio de Nora y a Blas de Otero, es partidario de una poesía no elitista, puesta al servicio de la “inmensa mayoría” para transformar el mundo y hacerlo más justo.
El poema que nos ocupa no entra en lo que pudiéramos llamar un “desaliño estilístico”, pues encierra, bajo la aparente despreocupación formal y temática -el embobamiento del ser humano cuando se enamora, percibido por “los demás” como algo un tanto ridículo- una notable técnica literaria. Si se observa desde el punto de vista métrico, hay un innegable ritmo heptasilábico, debido a la combinación de versos alejandrinos de perfecta andadura rítmica -10 de los 12 versos que componen el poema son alejandrinos con cesura central [7//7] y heptasílabos: el 2 (“Es dulce, y es extraño”) y el 5 (“y me siento solo”, que actúan en calidad de “pie quebrado”, realzando su contenido. Y aunque la mayoría de los versos carecen de rima, se observa que, de forma deliberada, el poeta ha recurrido a la asonancia /á-o/ en los dos versos iniciales (“enamorado/extraño”) y finales (“tantos/descanso”).
También es sencilla la estructura sintáctica: los nexos subordinativos son minoritarios (“que” -verso 1-, “aunque” -verso 3-, “tan… que” -versos 5 y 6-), frente a la conjunción copulativa “y” (versos 2, 5, 8, 9 y 12), que une las oraciones “en concepto afirmativo” como simple adición y valor estilístico de polisíndeton.
Y en cuanto al léxico, se diría que Celaya ha buscado un léxico basado en una adjetivación trivial (verso 3: “estúpido, absurdo” absurdo”, verso 12: “vulgarcillo”) e incluso demasiado “manida” (verso 2: “dulce, extraño”, verso 4: “bonitas”, verso 9: “feliz”, verso 10: “inteligente”), pero parece la más indicada en el contexto de un poema en el que su protagonista manifiesta la superficialidad del amor fugaz (ese desfile alternativo de mujeres evocadas con sus simples nombres en los versos 7 y 8: Adela, Marta, Susanita y Carmen), capaz de combinar felicidad y llanto (verso 9: “soy feliz y lloro”); y que le lleva a sumergirse en una tranquilizadora vulgaridad, común en los enamoramientos (verso 1: “A veces me figuro que…”) que responden a ciertos estereotipos de comportamientos socialmente hipócritas (verso 12: “y en ser vulgarcillo hallo cierto descanso”). A prosaica realidad, modo prosaico de expresarla.
Por otra parte, el verso 7 contiene una perfecta bimembración, ya que está dividido en dos miembros con idéntica estructura gramatical y rítmica:
“Me ha enamorado Adela (,) me ha enamorado Marta
miembro 1 miembro 2
(es decir: pronombre personal átono de primera persona singular+núcleo del predicado verbal, en tercera persona del singular del pretérito perfecto simple+núcleo del sujeto [nombre [-común], [+animado, [+humano]).
Y en cuanto a los dos versos siguientes (8 y 9), repiten en posición anafórica “y, alternativamente”.
Y pese a que con cierto sentido del humor Celaya se presenta a sí mismo como un tipo que a los demás les parece “estúpido y absurdo” (verso 3), a causa de su facilidad para el enamoramiento, lo que le lleva al continuo y alternativo cambio de pareja (llámese esta Adela, Marta, Susanita o Carmen (versos 1, 7 y 8); que tiene un juicio favorable de las canciones de moda -suponemos que son “canciones de amor”- (verso 4); que en la soledad de la noche suele beber más de lo normal, quizá por la propia insatisfacción amorosa (verso 8); que, también alternativamente, pasa por estados de júbilo y tristeza (verso 9); y que no se considera persona excesivamente “inteligente” (verso 10)...; a pesar de todo, le tranquiliza saber que es un tipo“ del montón” (verso 11: “uno de tantos”); en todo caso, un personaje “vulgarcillo”, que es como se autodenomina en el verso 12, mediante un diminutivo de matiz despectivo.
Y de lo que no cabe la menor duda es de que el poeta, siguiendo esos “esquemas de comportamiento amoroso” para escapar de la soledad y de la tristeza, toma conciencia de que los amores “figurados” (recordemos el verso 1: “A veces me figuro que estoy enamorado…) no cubren sus necesidades -más bien sus expectativas- afectivas, y que ese no es el camino para la realización plena del sentimiento amoroso, aunque de manera hipócrita la sociedad se instale en él. Un mensaje este, a nuestro parecer, implícito en el poema, y que se podría haber expresado de otras muchas maneras, pero que el poeta ha revestido de un humorismo que disminuye la carga dramática que el poema podría haber acumulado; y expresado en un eficaz tono coloquial, a modo de confesión aparentemente intrascendente.
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