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EL MAGO DE OZ

Cuando el teatro vuelve a hacer magia
28/09/2026@13:13:00

Un camino de baldosas amarillas, un tornado, una casa suspendida en el aire, una bruja de sombrero puntiagudo y una niña que mira el mundo con la mezcla exacta de asombro y determinación de quienes todavía creen y tienen la inocencia de que las cosas pueden cambiar: El Mago de Oz.

Nuestro poema de cada día

La irrupción de “Azul…” en el mundo de las letras hispanoamericanas

“Azul...” vio la luz en Valparaíso, en 1888. Rubén Darío inicia así su andadura modernista con una obra de prosa refinada y colorista, así como de verso sonoro. Conforman esta obra (precedida de una Carta-prólogo de Juan Valera a Rubén Darío, fechada en Madrid, el 22 de octubre de 1888) diez cuentos, encabezados precisamente por el título “Azul...”; las dos secciones de “En Chile" (“Álbum porteño”, con doce textos de los que reproducimos el VII -titulado “Acuarela”- y el IX -titulado “Naturaleza muerta”), y “Album santiagués”, con seis textos); siguen dos cuentos más: “La muerte de la emperatriz de la China” y “A una estrella”. Y a partir de aquí comienza la parte en verso: 1. “El año lírico” (con cuatro pomas dedicados a cada una de las estaciones, seguidos de “Pensamiento de Otoño”). 2. Poemas sueltos (o de transición): composiciones de corte filosófico y estético que cierran el ciclo de las estaciones: “A un poeta” y “Anagke”. 3. “Sonetos áureos” (tres). 4. “Medallones” (otros seis sonetos). Algunas ediciones recopilan al final un breve apartado llamado “Èchos”, que incluye composiciones en francés: “A Mademoiselle”, “Pensée” y “Chanson crépusculaire”.

LA POESÍA DE AHMAD AL-SHAHAWY COMO MORADA DEL SER

Reseña del poemario "Un cielo con mi nombre", de Ahmad Al-Shahawy. Traducción al español de Abeer Abdel Hafez. Valparaíso Ediciones (Granada, 2026)

La poesía verdadera no se establece para describir el mundo, sino para ensancharlo. No se limita a nombrar las cosas, sino que las devuelve a su estado primordial, cuando el lenguaje aún no había sido desgastado por el uso y las palabras conservaban intacta su capacidad de revelación. Martin Heidegger escribió en su célebre Carta sobre el humanismo que “El lenguaje es la morada del ser. En su morada habita el hombre. Los pensadores y los poetas son los guardianes de esa morada”.