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"El imperio escita", de Christopher I. Beckwith

Ed. Ático de los Libros. 2024
04/09/2026@21:21:00

Estamos ante una obra (Libro del Año para History Today y New Yorker) muy diferente, y sumamente interesante sobre uno de los pueblos más crípticos del momento histórico que los contempló. Los escitas siempre tuvieron una enorme fama como caballeros, ya que eran unos de los mejores de Eurasia. Los escitas eran, sobre todo, pastores nómadas de las estepas del Asia Central, y son nominados como el primero de los pueblos conocidos que se trasladaron para buscar mejores lugares para sus gentes, y así son calificados por los historiadores y cronistas griegos y chinos. Eran un pueblo con una importante cohesión social, y fundamentada ella en una jerarquía feudal entre la divinidad y los seres humanos. En la cúspide de todo su devenir vivencial se hallaba el Dios Celestial, que era Uno y creador del cielo y de la tierra, así como del linaje de los monarcas de los escitas, y el rey era único y semidivino. La fundación de su pueblo era una historia de épica viva, relacionada con dioses de inferior categoría al Único.

Los tangos que nos alimentan. "A la sombra de los tangos", de Vicente Barberá

Decía Borges, uno de los grandes ensayistas del tango, que estudiar el tango era profundizar en una de las vicisitudes del alma; y la historia de los argentinos es la historia del tango, su propia historia, su idiosincrasia. Será a finales del XIX; en las casas de mala vida y “los casinos de baja estofa” donde comienza el tango a despuntar. Este género inicial era alegre, descarado y valiente; un baile de cortes y quebradas asociado al honor, al guapo y al duelo a cuchillo entre compadritos. Este tango de cimitarra y resarcimiento era el que admiraba Borges.