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"El juego sigue sin mí", de Martín Casariego

domingo 26 de abril de 2015, 20:53h
Actualizado el: 28/08/2026 11:21h
El juego sigue sin mí
El juego sigue sin mí
Martín Casariego se ha hecho con “El juego sigue sin mí” con el Premio de Novela Café Gijón de este año. Una novela iniciática, de descubrimiento, dolorosa, contada desde la pérdida de la inocencia.

A lo largo de nuestras vidas, todos hemos tenido a alguien que ha dejado una huella profunda en nosotros. En cada etapa de nuestra existencia, encontramos a esa pareja inolvidable que transformó nuestra vida y nuestra percepción del mundo, o al amigo con quien compartimos el proceso de maduración y crecimiento. También recordamos el primer amor y el primer desamor. Muchas veces, como sucede en la novela de Martín Casariego, hay un amigo que nos introduce al fascinante universo de la adultez, donde los sufrimientos son reales y las pérdidas son permanentes. Con él, exploramos senderos que nunca volveremos a recorrer.

El protagonista de esta novela de iniciación, que podría llamarse Ismael, tiene su primer encuentro con Rai a los catorce años. “Lo más parecido a una leyenda que yo haya conocido”, es como lo describe. Desde la perspectiva de sus veintitrés años, el relato se convierte en un testimonio de madurez y melancolía, matizado por el paso del tiempo, pero también se siente inmediato; las emociones que evoca son recientes y aún están vivas en su memoria.

Rai entra en la vida del protagonista como profesor particular, estableciendo una relación que impacta no solo a él, sino también a su madre, quien vislumbra un último vestigio de una pasión probablemente inalcanzable, y a su hermana. La presencia de Rai transforma todo a su alrededor: altera los equilibrios de poder en la escuela, afecta sus amistades y, sobre todo, influye en su autoconocimiento. A lo largo del año crucial que comparten, Rai va revelando poco a poco su propia historia trágica. Juntos viven momentos decisivos en los que el protagonista se enfrenta por primera vez a la violencia al presenciar una pelea real y mancharse con sangre auténtica. También explora la sexualidad, la prostitución, las drogas y experimenta el miedo y el dolor. Descubre ciertos tipos de música y literatura que le abren los ojos a nuevas realidades sobre sí mismo y sobre los demás; verdades que le sorprenden y desagradan, como la posibilidad de mentiras o realidades difíciles de aceptar.

El juego sigue sin mí” aborda lo que conocemos acerca de nosotros mismos y de los otros, así como el doloroso proceso de descubrimiento personal y las rutas necesarias para profundizar en nuestro conocimiento interno. A pesar de ello, hay un giro final inesperado que justifica la narración: una manera de sanar las heridas más profundas. “Para intentar sacarlas al sol y ver si así cicatrizan mejor. Aunque continúes sin saber apenas nada de ti mismo ni de quienes te rodean”.

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