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SIETE DÍAS DE JULIO, un nuevo caso del inspector Mascarell

jueves 23 de octubre de 2014, 13:23h

Por Javier Velasco Oliaga

Miquel Mascarell, antiguo inspector de policía en tiempos de la Segunda República, ha pasado ocho años y medio en las cárceles franquistas. Primero fue condenado a muerte; después, indultado, pasó el resto de su confinamiento trabajando en el Valle de los Caídos, por su avanzada edad, en una oficina, hasta que fue indultado de forma misteriosa y sin explicación alguna.




Una vez puesto en libertad vuelve a su Barcelona. Se encuentra una ciudad diferente y similar a la vez. Sin quererlo se vuelve a encontrar medido en la resolución de un misterioso asesinato a una prostituta, que llega a él de forma casual, por medio de un sobre, aunque es algo premeditado por parte de otros. Le puede más su profesionalidad y comienza a investigar el presunto asesinato de la joven arrollada por las ruedas de un tren del Metropolitano barcelonés. La investigación le lleva a reencontrarse con viejos conocidos que salieron en su anterior novela Cuatro días de enero.

Antes de la caída de Barcelona, en enero del 39, resolvió in-extremis un complicado caso donde los asesinatos y la corrupción se entremezclaban. Aun teniendo posibilidad, no quiso huir a Francia porque su mujer estaba postrada en su lecho, agonizando, y eso lo pagó con su detención y posterior ingreso en la cárcel.

Con estos sucesos Jordi Sierra i Fabra monta una trama a medio camino de la novela negra, policíaca y social. Mostrándonos una burguesía catalana arribista, afecta al régimen y profundamente corrupta, beneficiándose del estraperlo, frente a una sociedad mayoritariamente desamparada, hambrienta, que no tenía lo más básico para vivir, “una sociedad que la guerra le arrebató la paz y la posguerra la dignidad”, como explica el autor en las páginas del libro.

La escritura de Sierra i Fabra es sencilla en sus formas, clara, concisa y lúcida; escrito en tercera persona, adquiere una profundidad más que notable en unas descripciones breves pero cortantes como el bisturí de un cirujano que disecciona a los personajes y a las situaciones. Los diálogos de la novela soportan buena parte del desarrollo de la trama.

Ha sido un acierto, por su parte, el recuperar a un personaje como Miquel Mascarell, así como Raymond Chandler creó al detective Philip Marlowe o Dashiell Hammett a Sam Spade. Sierra i Fabra ha creado al detective Marcarell que se merece una serie de novelas, trepidantes y enigmáticas como ésta Siete días de julio publicada por Plaza y Janés. Es un personaje lleno de matices y de experiencias dramáticas y muy vívidas. La buena noticia que nos dio hace poco es que ya tiene escrito un tercer volumen donde el maquis cobrará especial protagonismo.

Resulta portentoso que este escritor catalán, con más de 320 obras a sus espaldas y una cantidad innumerable de artículos para la prensa especializada, nos siga sorprendiendo con novelas tan bien estructuradas y, en esta ocasión, nos desentrañe, con su pluma, una posguerra donde persistía el hambre, la miseria, el dolor y la crueldad, ocho años después de finalizada la Guerra Civil española. Un autor que maneja, con igual destreza, registros tan diferentes como las novelas infantiles, las juveniles y las de adultos, así como biografías de músicos, merece la pena ser leído, por eso, no es casualidad que sean más de nueve millones de volúmenes los que ha vendido en su dilatada trayectoria como escritor y resulta difícil de entender cómo puede administrar su tiempo entre la creación literaria, su fundación y el cuidado de su nieto.

Una obra, pues, altamente recomendable, que ya sabemos que tendrá una continuación que nos hará seguir disfrutando de un policía viejo, perdedor e incorruptible que continuará desentrañando asesinatos inverosímiles y sorprendentes. En él ha encontrado un personaje de una solidez y originalidad apabullante.

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