15/10/2026@11:11:00
Escribe Albert Camus en La peste que “hay una cosa que se desea siempre y se obtiene a veces: la ternura humana”. Su escasez y su mendicidad en estos tiempos de sensiblería cursi nos definen y nos determinan como especie, porque es un sentimiento humilde y sincero, una felicidad recogida y privada, incompatible con esa felicidad chillona y aspaventosa y publicitada sin límites -retransmitida hasta la exageración- que ha conseguido adueñarse de nuestras vidas como una manifestación obligada y conveniente. El mundo no puede destilar espontáneamente ternura porque está muy ocupado en recitar cada dos por tres una oda estridente a la dicha y hacerla viral con codicia, con gula, con lujuria. Y justamente en ese mero acto consiste propiamente la dicha más que en experimentarla con profundidad y arraigo.