Hay una forma de gratitud que rara vez ejercitamos: la gratitud histórica, nacemos en un mundo ya interpretado, antes de que articulemos nuestras primeras ideas sobre el amor, la justicia, los valores o el arte, otros ya han pensado por nosotros las preguntas decisivas. Escuchamos música después de que Johann Sebastian Bach haya compuesto sus magistrales composiciones musicales; comprendemos la rebelión íntima tras la tempestad sonora de Ludwig van Beethoven; contemplamos el drama humano después que William Shakespeare hubiese llevado la condición humana a su cima trágica; miramos el abismo moral con los ojos que nos prestó Francisco de Goya en sus pinturas. No partimos de cero, nuestra imaginación tiene memoria.