Las propuestas librescas de Francisco Acuyo se dirijan hacia el ámbito de la traducción, la docencia, la investigación, la prosa, el ensayo y la poesía, siempre son inteligentes y brillantes, que es tanto como decir, imposibles para los legítimos y mediocrizados mercados editoriales que se fijan más en las agendas de contactos y lista de seguidores que en lo esencialmente literario o artístico. Por eso, merece un especial reconocimiento la editorial granadina que, con todo, hace una tirada de 1200 ejemplares. Con anterioridad, ya publicó otro volumen del escritor Francisco Acuyo, titulado Arte: La vida en busca de sentido. Una circunstancia, cuando menos relevante, pues con los mismos datos de la tiranía mediática que confirma la venta de cero ejemplares en la mitad de las ediciones publicadas. La otra mitad, tan paradójica como sorprendente, incluye discreción y flacidez en una parte y éxitos en otra (bestsellers, para los menos familiarizados con la lengua española). Así pues, el placer de desentrañar cuestiones inhabituales, el deber de hacer preguntas, la curiosidad por aprender, ciertamente algunas estructuras complejas, todo ello, constituye la premisa de su libro. Un libro repleto de matices y precisiones, sutilezas y reflexiones. Ardua labor para el entramado crítico, que por dificultades técnicas, no puede atender a la esencia de crítica por falta de medios. Un libro difícil de leer, según nos aclara Eduardo Battaner en un magnífico prólogo, que ejerció de catedrático de Astronomía y Astrofísica en el Departamento de Física Teórica y del Cosmos de la Universidad de Granada, y, autor, de una sobresaliente serie de libros de divulgación científica. Sin embargo, no hemos de confundirnos; la dificultad radica en su sugerencia, tanto “que la imaginación vuela, la cabeza se alza, los ojos se cierran, las manos se entrelazan...el ensueño interrumpe la lectura”. El horizonte de perspectivas, legítimo y singular, nos invita a dejarnos llevar por la palabra precisa y meditada, pero cautivadora y transgresora del poeta Francisco Acuyo. Como renacentista, Francisco Acuyo nombra el mundo para su comprensión, sus interpretaciones, sus causas, efectos y consecuencias, por ello, no renuncia a la interdisciplinariedad como fórmula constructora, pero es a través de la palabra poética con la que da explicación a otros ámbitos científicos, filosóficos, físicos y metafísicos. En efecto, el punto de partida se encuentra en cuestiones métricas, más bien en el papel del silencio, las pausas, los vacíos, en la construcción poemática. Nos lo dice con mayor claridad en una nota a pie de página (p.88): “Referidas al arte y ciencia de la Métrica, como disciplina muy conveniente y aun imprescindible para la comprensión de la naturaleza, dinámica y estructura del componente fundamental del poema, el verso”. Por extensión, su labor de poeta documentado hace aflorar conceptos cruciales, el ser y el tiempo, el espacio y la materia, la conciencia y la existencia, el símbolo y el silencio, la enseñanza y la nada, sin desmerecer las singularidades de la “nanidad” o “totalidad”, que para el caso es lo mismo, de la poesía como supremo arte de la paradoja. Por esta razón, no debe leerse el magistral volumen del poeta Francisco Acuyo como fundamentos filosóficos, premisas físicas o conceptualizaciones científicas. Insistimos en la condición de poeta que reflexiona sobre la nada o “nanidad” (neologismo acuñado por el poeta), sobre el vacío, el silencio y la sustancia de la nada, lo que permite buscar alguna razón que atestigua el sentido del arte. Tampoco, debemos presuponer resonancias del Lewis Carroll que utilizó la poesía para explicar las matemáticas y asumió la lógica y los números para convertirlos en relatos y poemas. A mi modo de ver, la contradicción es una ley certera, universal y que pese a todo, tampoco goza de un sentido puro y exclusivo. Francisco Acuyo, intuitivo y conocedor de los nuevos retos, nos acerca a una noticia reciente, tal es la creación del grado de Matemáticas y Filosofía, único en España, de la Universidad de Córdoba. La necesidad de aprender a utilizar la Inteligencia Artificial con ética, y, no ya un futuro sino un presente que necesita de algoritmos, pensamiento crítico y algunas dosis de poesía. Entre las funciones de la poesía, la profética merece cierta atención. En cualquier caso, la experiencia del vacío es una recurrencia obsesiva de la poesía moderna, como poco, desde que Mallarmé suspendiera la palabra “Nada” en “Un coup de dés jamais n'abolira le hasard”, aquí con un papel metafísico primordial que lleva al poeta francés a repensar el destino, el vacío o la nada, y, la imposibilidad de escapar de lo aleatorio. En gran medida, la poética del silencio de la nada, no plantea el vacío como ausencia de materia o trágica, más bien introduce la posibilidad de innovación y por supuesto de libertad creativa. En gran medida, nos ayuda el poeta, acaso el Mefistófeles de la curiosidad, con el subtítulo de “en el ser del verso, la música de la nada”, un profundo y bello uso del doble oxímoron que restituye su planteamiento ante la poesía que percibe- como bien nos señala el poeta, como una forma de expresión artística y de conocimiento, como la manera más plena de ser y de estar en el mundo, además, de como una vía apoteósica de trascendencia. Pistas indiscutibles que nos llevan a fundir y confundir las materias, pero que la situación que impera es la poesía, su mirada que trasciende la propia expresión artística y creativa, que nace en la antesala del saber que es la curiosidad y asume con naturalidad proustiana el verso de Hölderlin «Poéticamente habita el hombre» que refuerza Heidegger con la poesía como palabra fundacional y verdadera, manejando esa curva espaciotemporal que inicialmente es lejanía y proximidad que se adquiere por efectos de interrogantes. Estamos ante un libro que fijaría como lectura obligada o recomendada (para no perturbar las sensibilidades mentales), de máxima utilidad para los adentrados en la materia poética, una nueva vía de conocimiento para la inmensa mayoría de poetas mayores o no, menores o no y, una herramienta nada desdeñable para los nuevos ocupantes de la poesía, que indicará el punto de partida, la materia poética y el lugar de llegada, es decir, para que se apreciara al menos el transcurrir poético y la excelencia literaria que no la glorificación de la cháchara o confesión amparada en un sistema de pulgares levantados. Ahora es momento de apropiarme del silencio de la nada que sostiene cualquier música, de las enseñanzas de la poesía que nos proyecta el silencio de la nada como conciencia, y, a los versos de Salinas “Sí, sí a todo, a todo sí,/a la nada sí, por nada”. Puedes comprar el libro en:
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