Reseña de la novela histórica "El juicio", de Luis Zueco
Goya estaría sordo, pero no estaba ni ciego ni manco. Al contrario, estos otros sentidos —el de la vista para discernir y el del tacto para manejar los pinceles y plasmar en el lienzo o en el cobre la sociedad que contemplaba—, se potenciaron en su brillante cerebro de artista, pero también de persona de su tiempo, la consabida neuroplasticidad.