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El hijo de Zeus y la hija de Ávila

15/01/2026@11:11:00

"Madrid-Puerta de Atocha-Almudena Grandes", anuncia su próximo tren con destino a "Estacion de Ávila-Teresa de Ávila". Suena encantador a mis oídos con las piernas estiradas, mochila en el suelo y ojos apretados sobre los pómulos. Corro desesperado al andén vacío, silente, era un sueño, uno de esos que repito insaciablemente en mi encéfalo. No confundamos a Bucéfalo, caballo de Alejandro Magno. Pero los sueños, sueños son y Calderón de la Barca no va en ese tren. Deseo en este siglo de oro que me escuchen los poetas de la vida y al despertar dentro de ésa bola de hierro sea el maquinista quien me diga: "Señor, ha llegado a "Estación de Ávila-Teresa de Ávila". ¿Desea bajar al andén?

Nuestro poema de cada día

“Hijos de la ira (Diario íntimo)”, la obra más trascendental de la poesía de posguerra

La publicación de "Hijos de la ira" sitúa a Dámaso Alonso en el ámbito de una poesía de intención anticlasicista y antiformalista -en respuesta al neogarcilasismo de José García Nieto y de otros poetas de la llamada “Juventud Creadora”-, más humana y auténtica. Los poemas titulados “Insomnio”, “De profundis”, “La injusticia”, y “La obsesión” -sirvan como ejemplo- son una buena muestra de esta poesía que anuncia lo que más tarde se llamará “poesía social”. Para un amante de la poesía, estos poemas, reproducidos a continuación, resultan de lectura obligada: late en ellos una fuerte temperatura afectiva, compatible con un empleo riguroso del lenguaje que aprovecha los recursos fónicos de los vocablos -y el versículo- para suscitar las más diversas emociones.