26/05/2026@17:17:00
En el curso del bimestre octubre-noviembre del año 1933 dio comienzo en París un seminario destinado a hacer época, el dictado por el filósofo Alexandre Kojève en torno a la fenomenología hegeliana; los asistentes al mismo no eran de escaso calado: Lacan, Breton, Bataille y Roger Caillois, entre otros. Las clases impartidas por Kojève prolongaban, en más de un aspecto, el indiscutible impacto que supuso la obra de Husserl en la filosofía moderna (cuya incidencia en el pensamiento de Heidegger y Sartre no hace falta especificar). La fenomenología constató, entre otras, dos premisas de capital importancia: el carácter absurdo de la existencia (dotarla de sentido: tal es la ardua tarea del sujeto) y las fisuras del ser (el yo y, en consecuencia, la identidad no son bloques homogéneos, sino fragmentos en vertiginosa mutación: nadie se baña dos veces en el mismo río porque el yo cambia tantas veces como el agua que fluye y se renueva).