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La Movida madrileña

Autor de "Madrid sí fue una fiesta"

Aún resuena en mi memoria aquel bando del segundo alcalde más popular de Madrid, tras Carlos III, Enrique Tierno Galván, cuando decía: “El que no esté ‘colocao’, que se coloque. ¡Y al loro!”. ¡Toma ya! por aquel viejo profesor que llegó a conectar con todo un poblachón manchego y que logró que la libertad se estableciese por cada una de las calles de una ciudad que salía de un largo periodo de desdichas. Don Enrique se merece un monumento con “La Movida”. La alegría inundó nuestras calles y ahora Javier Menéndez Flores nos lo recuerda desde la A a la Z en su libro "Madrid sí fue una fiesta" con un tono desenfadado y riguroso, tal y como es él.

Las trampas del tiempo con la ayuda de los archivos de la televisión hacen posible recuperar el pasado, nuestro pasado. Y, al hacerlo, se vuelcan sobre nosotros de una forma inquietante por ese carácter entre desafiante y veraz que poseen, al ser los testigos de una vida y una verdad que ya no forman parte de nosotros.

Un libro que trasciende los contornos canónicos de la Movida y de sus vacas sagradas (Almodóvar, Alaska, Rock-Ola, Radio Futura, Nacha Pop…) y, sin olvidarlos, va más allá: en sus páginas se recogen otros muchos nombres que también estuvieron allí y se relatan esas otras movidas que sucedieron mientras la Movida oficial se desarrollaba.
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Este mes de noviembre salen a la luz los dos últimos proyectos de Los Secretos. Siempre hay un precio (editorial Espasa) es la biografía del grupo escrita por Álvaro Urquijo -que llega a las librerías el 18 de noviembre-, donde cuenta en primera persona toda la historia de Los Secretos desde sus orígenes hasta hoy.

En los años ochenta, la mayoría de los españoles aspiraban a ser modernos. El vértigo de las mutaciones sociales –del catolicismo a la posmodernidad– no dejaban tiempo para preguntarse qué tipo de modernidad necesitábamos. De manera creciente, fue cuajando un paradigma cultural narcisista que hoy sigue vivo y que es compartido por la izquierda y la derecha. Definidos como «una explosión de libertad», fueron también tiempos de censura, competición extrema y amnesia política.