Ramón Gómez de la Serna vio la luz por primera vez en Madrid el 3 de julio de 1888. Su madre, Josefa Puig Coronado, y su padre, Javier Gómez de la Serna, un abogado que ocupaba un alto cargo en el Ministerio de Ultramar, formaron su familia. Después de que su padre fuera despedido del Ministerio en 1898, a raíz de la pérdida de las colonias, se mudaron a Frechilla, Palencia, donde Javier asumió el cargo de registrador de la propiedad. Ramón completó sus estudios en el colegio escolapio de San Isidoro en Palencia. En 1900, tras ser elegido su padre como diputado por Hinojosa, regresaron a Madrid. Una vez finalizado el bachillerato, Ramón se trasladó a París y comenzó a estudiar Derecho en Oviedo. En 1905 publicó su primer libro titulado *Entrando en fuego*. Durante este periodo, su padre lanzó la revista *Prometeo* y realizó la traducción del Manifiesto futurista de Marinetti. Fue entonces cuando conoció a Carmen de Burgo, una escritora con quien inició una relación amorosa. Su estancia en París le permitió descubrir el cubismo, lo que resultó crucial para su labor como divulgador de las vanguardias europeas desde su popular tertulia en el café Pombo, un lugar inmortalizado por su amigo José Gutiérrez Solana, pintor y escritor expresionista. En 1912, Ramón publicó *Primeras greguerías* en el diario *La Tribuna*. Al año siguiente presentó su primera novela corta titulada *El ruso*, y en 1914 lanzó *El Rastro*, una obra fundamental en su carrera. También fundó la tertulia sabatina del Café y Botillería de Pombo. En 1917 publicó *Greguerías* y viajó nuevamente a París, donde tuvo la oportunidad de conocer a figuras como Apollinaire, Ehrenburg, Modigliani y Picasso. La muerte de su padre ocurrió en 1922. Un viaje a Buenos Aires estaba planeado para 1925; incluso la revista bonaerense *Martín Fierro* había preparado una hoja de bienvenida para él ante un viaje argentino que finalmente no se concretó. Colaboradores como Borges, Macedonio Fernández, Oliverio Girondo y Ricardo Güiraldes estaban involucrados en la promoción de su llegada. Sin embargo, Ramón no pudo realizar el viaje y, en cambio, continuó su labor literaria en España. A lo largo de su vida, Gómez de la Serna se destacó por su estilo innovador y su capacidad para captar la esencia de la modernidad a través de sus obras. Sus *greguerías*, una mezcla de humor y poesía, se convirtieron en una de sus contribuciones más reconocidas a la literatura española. Este género literario, que combina elementos del aforismo y la metáfora, le permitió explorar temas cotidianos con un enfoque original y sorprendente. En los años 20 y 30, su actividad literaria se intensificó. Publicó numerosas obras, tanto en prosa como en verso, y se convirtió en un referente del modernismo español. Su influencia se extendió a diversas generaciones de escritores y artistas, quienes encontraron en su obra un modelo a seguir por su audacia y creatividad. La Guerra Civil Española (1936-1939) marcó un punto de inflexión en su vida. Aunque inicialmente apoyó a la República, tras el triunfo del franquismo se exilió en Argentina, donde continuó escribiendo y colaborando con diversas publicaciones. Durante este periodo, Ramón Gómez de la Serna mantuvo contacto con otros exiliados españoles y siguió participando activamente en el mundo literario. Regresó a España en 1939 después de varios años en el exilio. A pesar de las dificultades impuestas por el régimen franquista, continuó publicando y trabajando hasta su muerte el 12 de enero de 1963 en Buenos Aires. Ramón Gómez de la Serna es recordado hoy como uno de los grandes innovadores de la literatura española del siglo XX. Su legado perdura no solo a través de sus obras sino también por su influencia en las vanguardias artísticas que transformaron el panorama cultural europeo durante su tiempo.