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Ricardo Martín de la Guardia y Guillermo A. Pérez Sánchez: "El colapso del comunismo (1989-1991). Visiones desde Europa y América"

Editado por la Universidad de Valladolid, 2017, 234 páginas. 18 euros
martes 12 de mayo de 2020, 16:00h
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El colapso del comunismo
El colapso del comunismo

Los profesores Ricardo Martín de la Guardia y Guillermo A. Pérez Sánchez dirigen una obra coral sobresaliente, en la que un grupo de reputados académicos abordan un acontecimiento mayúsculo: el colapso del comunismo, simbolizado por la implosión de la URSS acaecida en diciembre de 1991. Al respecto, el golpe de Estado ocurrido en agosto del mencionado año aceleró la desintegración de la “superpotencia con pies de barro”, excelente metáfora utilizada por Andrés Medina Aravena en el libro que tenemos entre manos.

El final del comunismo en la URSS obedeció a una serie de factores que se gestaron en las décadas precedentes, casi desde el mismo momento del triunfo de la revolución bolchevique de 1917, que aparecen analizados de manera rigurosa en la obra. En efecto, el listado resulta tan ingente como complementario: ineficacia económica (manifestada, por ejemplo, en los planes quinquenales), notables diferencias sociales entre la élite del PCUS y el resto de la sociedad soviética, gasto militar desproporcionado pero incapaz de hacer frente al órdago lanzado por Ronald Reagan, crisis institucional o mala gestión de las políticas aperturistas de Gorbachov, rechazadas éstas últimas tanto por el sector inmovilista del régimen, como por aquel otro partidario de implementar medidas más contundentes.

Este cúmulo de deficiencias se observaron con nitidez entre 1985 y 1991, un periodo de tiempo que, simplificando, fue monopolizado por el liderazgo y por la figura de Mijail Gorbachov, cuyas reformas políticas “derivarían en la desaparición de la URSS, ya que por primera vez se dio a las personas libertad para expresar sus pensamientos acerca del sistema sin una represión letal” (págs. 127-128). Al respecto, las credenciales reformistas del aludido dirigente soviético conviene ponerlas en valor (por ejemplo, homenajes a intelectuales represaliados) pero no mitificarlas, en tanto en cuanto las transformaciones perseguidas en el interior del país buscaban mejorar la eficacia del socialismo, nunca establecer una verdadera democracia liberal siguiendo parámetros occidentales. Además, cabe recordar la drástica actuación de Moscú ante los deseos independentistas mostrados por los países bálticos, área regional en la que el comunismo siempre careció de legitimidad. En el panorama exterior, Gorbachov alentó notables mutaciones, en particular en lo relativo a las relaciones con los países del Telón de Acero.

Con todo ello, una obra de estas características exige la adecuada contextualización del objeto de estudio, un aspecto que los autores no descuidan. Así, por ejemplo, encontramos capítulos en los cuales se especifican y detallan las características del régimen resultante de la revolución bolchevique: un sistema totalitario desde el primer momento, como indica Manuel Gutiérrez, cuyo paradigma principal, aunque no único, lo representó Stalin. En íntima relación con esta idea, Ricardo Martín de la Guardia expone cómo el arte y la literatura siempre estuvieron al servicio del poder político ya que “de este modo, los talentos creativos acompañarían a los esfuerzos de obreros y campesinos en la transformación del país en una gran potencia” (págs. 90-91).

Así, 1991 significó la desaparición del orden internacional que había pervivido tras 1945, basado en la hegemonía de dos superpotencias cuyos sistemas políticos, económicos y culturales resultaban antagónicos. Sin embargo, como refleja en el epílogo Juan Gay Armenteros, ello no implicó el triunfo de la democracia y sí el del capitalismo, un aspecto que refrendó la inmediata aparición de populismos e integrismos de todo tipo a nivel global. Además, como subraya el profesor Jesús de Andrés, tampoco la desaparición de la URSS supuso que hicieran lo propio “ciertos métodos” a los que aquélla había recurrido a lo largo de su trayectoria: “son muchas las cosas que han cambiado para bien en la Rusia heredera de la Unión Soviética, pero la querencia a liderazgos fuertes capaces de imponer su presencia interna y externa parece haberse introducido por siempre en la cultura de aquel país” (p. 29).

De hecho, determinadas conductas del gobierno ruso durante los años 90 recordaban a las utilizadas por el PCUS durante las décadas precedentes. En este sentido, la Profesora Magdalena Garrido enumera algunas de ellas, tales como el asesinato de activistas o la descripción de ciertas instituciones como agentes al servicio de intereses extranjeros. Dichos rasgos, como el lector seguramente advertirá, perviven en la actualidad, constituyendo parte del Putinismo.

En definitiva, una obra de obligada consulta y lectura para historiadores, politólogos y sociólogos en la que sus autores exponen con rigor un fenómeno tan complejo y con tantos matices como fue el colapso del comunismo. Este acontecimiento lo encaran de manera meticulosa, con solvencia y con maestría, mostrando las diversas relaciones e interacciones que se produjeron en diferentes ámbitos (político, cultural, económico, de seguridad) y escenarios (local, nacional, regional y global).

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