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Melquíades Prieto
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Melquíades Prieto (Foto: cedida por el autor)

Entrevista a Melquíades Prieto: “Muchas de las técnicas utilizadas para la Leyenda Negra siguen muy vigentes”

Autor de La guerra de papel. Origen iconográfico de la Leyenda Negra”
miércoles 23 de septiembre de 2020, 20:11h
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Melquíades Prieto ha dedicado media vida a la enseñanza de la literatura y a dirigir diversas editoriales de temas históricos y de literatura. También ha publicado varios libros sobre diferentes temas. Ahora, publica en la editorial Modus Operandi la obra “La guerra de papel. Origen iconográfico de la Leyenda Negra”, de cuidada edición y con numerosas ilustraciones, que está llamada a configurarse como una obra de referencia sobre las fuentes de La Leyenda Negra.

Melquíades Prieto
Melquíades Prieto (Foto: cedida por el autor)

El autor, nos explica en la entrevista sus motivaciones para urdir el libro y los pasos que ha dado para realizarlo. El resultado es un libro de evidente interés para todos aquellos lectores que quieran conocer cómo funcionaba la propaganda calvinista y luterana en los Países Bajos y en otros países europeos, que habían sido gobernados por los españoles durante los siglos XVI y XVII.

A raíz del libro “Imperiofobia y Leyenda Negra”, de Elvira Roca Barea, se ha vuelto a poner de moda el tema de la leyenda negra. ¿Eso le ha impulsado a buscar las fuentes primarias de los diferentes documentos y panfletos que se utilizaron contra España?

Mi interés por el asunto y la búsqueda de un nuevo enfoque se remonta a mis años como editor de Crónicas de la Historia de EDAF, desde principios de los 2000. Pero es cierto que la aparición y el éxito del estudio de Roca Barea me reafirmó en el empeño.

¿Cuánto tiempo ha tardado en recabar tanta información y encontrar su iconografía, y documentos originales?

En los primeros tiempos lo hacía compatible con la búsqueda de documentación para los libros que se publicaban en EDAF. Progresivamente fui acopiando material y ya, de forma exclusiva, lo he venido haciendo desde primavera de 2017.

¿Algún documento ha sido especialmente difícil conseguirlo?

No es difícil conseguir los documentos. Lo difícil es saber que existen y dónde están archivados. La cantidad de archivos y legajos por consultar es tanta que los jóvenes graduados interesados no van a tener problemas para buscar un tema para sus tesis.

¿Qué le movió a publicar un libro como "La guerra de papel. Origen iconográfico de la Leyenda Negra"?

No quisiera pecar de pretencioso, pero espero que el público vea que era necesario. No hay ningún estudio, académico o de divulgación, que no señale la importancia de la difusión de la propaganda antiespañola en las prensas del norte de Europa. Había que intentar reunir una muestra suficientemente amplia y ordenada para que resultara evidente que fue a través de los tratados y, muy especialmente, de los panfletos populares cómo se hizo ley lo que no eran más que dudosos estereotipos o simple difamación.

Un libro ilustrado como “La guerra de papel” debe salir tremendamente caro de realizar. ¿Qué ha buscado más la calidad o la justicia poética?

Es caro, me temo. No es menos cierto que el tratamiento de imágenes y la maquetación los he resuelto yo solo. El editor, que me aprecia, no me saca nunca el tema, pero sé que la apuesta económica es muy gravosa.

¿Cómo ha organizado toda la información obtenida?

Este era el otro asunto peliagudo. Una vez que tenía los documentos, ¿cómo organizarlos? Una ordenación temática me lo dejaba fácil, pero obligaba a buscar un lector avezado que dominara los aproximadamente 200 años que discurren por las páginas del libro. Por eso me obligué a hacer una selección de personajes y de hechos históricos relevantes que pudieran ser consultados en el libro sin necesidad de más indagaciones. Están en el capítulo introductorio.

Para el cuerpo del trabajo he escogido los momentos y los temas más prolijamente tratados en la propaganda de la época. El índice del libro es revelador. Cada capítulo se presenta con cierta referencia histórica y en su desarrollo se alternan temas y personajes: las reformas religiosas, la Inquisición, la conquista de América, Felipe II, el Duque de Alba, Guillermo de Orange, la tiranía y crueldad españolas…

¿Fueron Guillermo de Orange y Antonio Pérez los principales muñidores de la Leyenda Negra?

Por resumir y dar unos gruesos brochazos. Ya ha sido muy estudiado el origen italiano de la animadversión contra los bárbaros que comerciaban desde las costas ibéricas y que, no contentos con dominar las rutas comerciales, se acaban asentando en tierras sicilianas, napolitanas, milanesas, etc. El rencor francés contra las decisiones papales por dejar en exclusiva en manos de portugueses y castellanos la colonización del Nuevo Mundo, su preocupacion por verse rodeados por los Austrias, la Liga de Esmacalda, las pugnas religiosas que asolaron toda Europa, la inquina de Isabel II contra Felipe II, la sublevación de Flandes, etc. En la década de 1580 van a confluir los intereses de cuantos veían con horror la hegemonía hispánica.

El alemán Guillermo de Nassau, más tarde príncipe de Orange, criado bajo la protección del emperardor Carlos, encabezará la rebelión de los Países Bajos contra su señor natural. Cuando en 1581 publica su Apología deja claro que, contra lo que él califica de tiranía, vale todo. Acusarlo de bigamia y parricidio son dos más de los delitos con los que moteja a su soberano. Para la historia de la nación que acabarían siendo los Países Bajos —popularmente, Holanda—, es el héroe, el padre de la patria.

Desde el asesinato de Juan de Escobedo en 1578, ordenado por Antonio Pérez con el impulso de su señor, se escribe la historia del desencuentro del rey con su Secretario de Estado (el cargo de mayor confianza). Cuando este, después de mil periplos y persecuciones, consigue huir de España, se cobrará fina venganza: tanto en París como en Londres informó y dio detalles de los puntos débiles de la defensa de la Península como de la de su soberano.

En este punto habría que añadir que la manipulación y excepcional ilustración que sufrieron y disfrutaron los textos de Bartolomé de las Casas fueron determinantes para aumentar la animadversión contra lo español.

Curiosamente, ambos muy cercanos al poder de la monarquía. ¿Fue la venganza lo que les movió en contra del Imperio?

En el caso de Antonio Pérez —personal y hasta comprensible— se hace palpable en sus Relaciones. Años más tarde, durante el reinado de Felipe III, buscó sin éxito su perdón.

El asunto de Guillermo de Orange el Taciturno es muy distinto: es el protagonista de una rebelión. Prohijado por el emperador, educado en la corte de Malinas, el brazo en el que se apoyará Carlos V cuando abdique del trono, es el hombre que iniciará una guerra civil por salvaguardar sus privilegios nobiliarios frente a las nuevas disposiciones legales que buscan más el equilibrio de los impuestos y del reparto de cargos. Incompetente en el campo de las armas, sacrificados amigos y familiares, cuando peor le iban los asuntos frente a Alejandro Farnesio, tuvo la desgracia de ser asesinado y así convertirse en un héroe, un mito para la propaganda de las Provincias Unidas.

“La difusión de la imprenta de tipos móviles fue decisiva para aumentar el público lector y por ende la difusión de las ideas”

¿Qué supuso la invención de la imprenta para la difusión de las ideas, en general, y de la Leyenda Negra, en particular?

La difusión de la imprenta de tipos móviles fue decisiva para aumentar el público lector y por ende la difusión de las ideas. Los impresores consiguieron abaratar los costes de las publicaciones y de dar a la estampa una gran variedad de folletos, opúsculos, hojas volantes, carteles…

Es fácil comprobarlo cuando se estudia la figura del agustino Lutero. Sus libros y traducciones, y en su derredor un gran aparato de editores, publicistas, artistas, caricatos, etc., sirvieron para divulgar sus críticas a la Iglesia Católica, dar a conocer sus innovadoras lecturas de los textos canónicos y fomentar la Reforma religiosa.

La guerra de papel es mi contribución en el estudio de la Leyenda Negra. He pretendido aproximar al público una selección de las publicaciones que hicieron popular la animosidad contra la Monarquía Hispánica. Es a la vez un recorrido por los avances técnicos que se fueron incorporando en la mejora de las estampaciones: desde los toscos tacos de madera a la finura de líneas de la calcografía. La complejidad de los grabados de principios del xvii hablan del gran conocimiento de los símbolos, de las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, del empleo de técnicas publicitarias y de una gran originalidad. En nuestro libro se ofrecen también algunas muestras de lo que siglos más tarde llamamos historietas gráficas.

Pese a la red de espías que tenía Felipe II, ¿no se supo reaccionar ante esas difamaciones?

No hacían falta espías. Todos los embajadores e informantes nos hablan de la gran cantidad de panfletos que se confeccionaban en Amberes, Colonia, París o Londres. Basta recordar que el protoimpresor Plantino, encargado de imprimir los ejemplares más apreciados en Madrid, no dudaba en publicar otros de carácter crítico oculto tras el pie de imprenta de su yerno.

García Cárcel ha demostrado que sí hubo una contracampaña. Otro asunto es si consiguió algún efecto frente a la avalancha de la producción de los más grandes y mejores talleres de imprenta de Italia, Francia, Alemania, Flandes...

El Antijovio de Jiménez de Quesada (escasamente difundido) es un buen ejemplo de la defensa de lo español. En la primera mitad del xvii trataron de vindicar a España nada menos que Saavedra Fajardo, Quevedo o Gracián. (Aunque no es asunto de mi trabajo, estos últimos son un buen ejemplo de no “saber llegar a un público amplio”. Excelentes escritores editados para un público muy reducido). En Europa combinaron los textos sesudos con una copiosa batería de hojas volanderas, folletos, carteles, etc., donde la caricatura y la sátira de los dibujos eran muy atractivos para quienes no sabían leer.

¿Fue la primera campaña de desinformación que sufrió España?

Fue la primera de información interesada. Muchas de las técnicas utilizadas siguen muy vigentes: exageraciones, desfiguraciones, simplificaciones, orquestación de medios, etopeyas, traslaciones semánticas, etc. Un buen ejemplo es la personficación de las Provincias de los Países Bajos transfiguradas en tiernas doncellas, siempre acechadas por los soldados españoles, encadenadas por el Duque de Alba o protegidas por el León Belga que las defiende detrás de una valla mientras alrdedor pululan “los cerdos españoles” que quieren hozar en el apetitoso jardín.

En Cuba, con W. R. Hearst y Pulitzer, nos ocurrió lo mismo. ¿No aprendemos de nuestros errores?

Hay que señalar que la campaña de Hearst y Pulitzer fue dirigida a los norteamericanos para que se convencieran de las grandes ventajas que habría en quedarse con las islas del Caribe a la vez que ellos “se forraban” vendiendo ejemplares de sus periódicos. Entre tanto en España, con no menor incidencia entre los españoles, había otra operación teñida de un patrioterismo barato que empujaba a combatir contra el pueblo bárbaro del Norte. Y también había intereses espúreos. Debemos aprender de los errores de nuestros antepasados, en su medida y tiempo.

¿Fueron los propios españoles los que ayudaron a la difusión?

Ya hemos hablado de Antonio Pérez, del inocente Bartolomé de las Casas y podemos añadir a Reginaldo Gonsalvio Montano alias de Raimundo González de Montes que con su Sanctae Inquisitionis Hispanicae… tanto éxito tuvo por criticar los métodos de la institución de la Cruz Verde. Son hechos innegables. Para los propagandistas de la época era un regalo poder decir en su portadas que el autor era un español obispo, secretario del rey, familiar de la Santa Inquisición… Lo preocupante es que muchos españoles de hoy continúan creyendo que solo hubo una Inquisición, la española, y que su métodos fueron los más aberrantes.

Lo preocupante es que muchos españoles de hoy continúan creyendo que solo hubo una Inquisición, la española, y que su métodos fueron los más aberrantes

¿Están sustituyendo las redes sociales a la imprenta?

Me gusta decir que la imprenta con sus posverdades, sus carteles, folletos y memes fue la primera red social efectiva. Hasta entonces la cultura era un coto cerrado que solía difundirse en latín en códices manuscritos para unos pocos escogidos. El uso del romance para las obras de creación allanó el camino para la eclosión de los impresos.

Hoy la comunicación es una selva donde, para no desorientarnos, seguimos necesitando buenas referencias.

¿Libros como “Imperiofilia y el populismo nacional-católico”, del profesor Villacañas siguen ayudando a la difusión de la leyenda?

No creo. Más parece una muestra de disputa editorial.

¿Fueron Felipe II y el duque de Alba los principales personajes de esta leyenda?

Como personajes no hay duda de que concitaron grandes dosis de aversión. Algunos de los estereotipos difundidos en vida todavía persisten. Por ejemplo, en la zonas de los canales siguen llmando ducdalf (duc d’Alva) a los postes negros y blancos [vestido de negro y con larga barba blanca] en los que se amarran las barcas y los botes. Así le siguen echando el lazo al duque. O del rey Felipe se sigue afirmando que era un “hombre triste, siempre vestido de negro”. Los majaderos ignoran que era una costumbre de la casa ducal de Borgoña y que solo el rey de España tenía la exclusiva del palo de Campeche para lograr ese tinte tan difícil, envidia de toda Europa.

¿Cómo trataron a Felipe III y Felipe IV?

En sus reinados los hombres de poder fueron sus validos. En los Países Bajos gobernaron el archiduque Alberto y la infanta Isabel Clara Eugenia mientras lo hacía Felipe III con el ineludible Duque de Lerma. Era el tiempo de la Pax Hispanica. Entre 1612 y 1621 se firma la Tregua de los Doce Años, una época en que la propaganda, a la chita callando, etiqueta en marbete los tópicos contra la tiranía española.

Con la llegada al poder del Conde-Duque de Olivares se fragua el mayor ataque reputacional contra la Monarquía Hispánica. Es época de secesiones. Portugal se independiza y las Provincias Unidas logran la emancipación total con la firma del Tratado de Münster.

¿Qué campaña contra la monarquía le resultó más inquietante?

La más pardójica, sin duda, fue y sigue siendo la que trata de América. Un librito dedicado al príncipe Felipe, que se difundió con entera libertad por todos los territorios de la Corona, argumentario para disputas al mayor nivel intelectual, publicado por el obispo de Chiapas y Guatemala en 1552, cuatro decenios más tarde acaba siendo utilizado como incendiaria munición. Los 17 grabados que De Bry le supo añadir fueron definitivos.

Hace pocos días hemos visto cómo personas, que se dicen descendientes de americanos nativos, de otros provenientes de tierras mexicanas y, para mayor confusión, de no pocos hijos de colonos anglosajones y españoles, han derribado alguna esatua dedicada a Junípero Serra.

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