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"La primera batalla de Bull Run", de Ted Ballard

Ediciones Licurgo. 2022
viernes 01 de septiembre de 2023, 17:16h
La primera batalla de Bull Run
La primera batalla de Bull Run
El 16 de julio del año 1861, un cuantioso ejército de la Unión marchó en orden de batalla desde la capital federal, Washington, hasta una población situada a 48 kilómetros y llamada Manassas Junction; la fuerza estaba conformada por voluntarios con un entrenamiento de solo noventa días, y tres batallones recién creados de regulares. La paradoja estaba en su comportamiento, ya que estos soldados federales no conocían la disciplina militar, y cuentan las crónicas que abandonaban las filas para buscar agua, recoger moras o, si lo necesitaban, se echaban a descansar. A toda esta tropa la mandaba el novel general de Brigada Irvin Mac Dowell. Aunque no estaban mejor entrenados sus enemigos confederados, pero los comandantes sudistas eran mejores, el general de Brigada Pierre G. T. Beauregard y el general Joseph E. Johnston.

«El 16 de julio de 1861, el mayor ejército jamás reunido en el continente norteamericano hasta esa fecha marchó desde las proximidades de Washington DC hacia Manassas Junction, a 48 kilómetros al sudoeste. Mandada por el recién ascendido general de Brigada Irvin McDowell, la fuerza de la Unión consistía en una milicia parcialmente entrenada con alistamientos por noventa días (voluntarios casi sin entrenar) y tres batallones recién organizados de regulares. Muchos soldados, desacostumbrados a la disciplina militar o a las marchas, dejaban las filas para obtener agua, recoger moras o simplemente descansar según progresaba la marcha. Cerca de Manassas, junto a un serpenteante arroyo conocido como Bull Run, esperaba el igualmente desentrenado Ejército Confederado mandado por el general de Brigada Pierre G. T. Beauregard. A este ejército pronto se le uniría otra fuerza confederada mandada por el general Joseph E. Johnston. Después de un choque menor el 18 de julio, McDowell lanzó la primera gran batalla terrestre de la Guerra de Secesión al intentar doblar el flanco izquierdo confederado el 21 de julio. Una serie de ataques y contraataques descoordinados y algunas veces confusos por ambos bandos finalmente terminó en una derrota para el Ejército de la Unión y su retirada hacia Washington, poniendo así fin a las esperanzas de la Unión de un rápido fin de la guerra mediante la ocupación de Richmond, la capital confederada».

El comportamiento de las tropas fue muy deficitario, con la inteligencia táctica de los generales a muy poco nivel, con un muy mal comportamiento de las infanterías; y, para más inri, tampoco se utilizaron el total de las fuerzas enfrentadas, por ambos contendientes por una mala planificación. “Una guía del campo de batalla del Primer Manassas puede proporcionar muchas lecciones en mando y control, comunicaciones, inteligencia, tecnología de armas versus tácticas y la siempre presente ‘niebla’ de la guerra”.

La gran conflagración civil, que se llevó por delante a tantos seres humanos, tanto de la Unión como de la Confederación tuvo un comienzo inesperado, cuando los soldados del Estado de Carolina del Sur atacaron, un malhadado 15 de abril del año 1861, consiguiendo la captura del federal Fort Sumter, situado como defensa del puerto de Charleston. Cuando se recibe la noticia en Washington, el extraño presidente norteamericano Abraham Lincoln aprovechó el hecho para movilizar a unos 75 .000 voluntarios alistados por un período de 90 días, para de esta forma conseguir incrementar a un ejército regular conformado ya por 15 .000 soldados. En ese momento, ya existían siete Estados norteamericanos que formarían, por consiguiente, los Estados Confederados de América. Todo ese exagerado engrosamiento de las tropas de la Unión, por parte de las proclamas del presidente A. Lincoln, incrementó mucho más la indignación de los confederados, y el hecho conllevó que la conspicua Virginia se adhiriera a la Confederación, salvo unos condados en la parte occidental que siguieron fieles a la Unión; y por ello el 1 de junio la capital confederada sería trasladada desde la capital del Estado de Alabama, Montgomery, hasta la propia de Virginia que era Richmond. Desde esa urbe el presidente de la CSA, Th. Jefferson Davis gobernaría.

En la capital federal miles de voluntarios se concentraban para defender a una capital que esperaban sería sojuzgada por los confederados; los cuales extrañamente no se presentaron, y este sería su primer gran error; ya nunca volverían a tener una oportunidad semejante. El encargado de planificar la estrategia global para derrotar a los confederados sería el teniente-general Winfield Scott. “Propuso que un ejército de 80.000 hombres fuera organizado y enviado por el río Mississippi y capturara Nueva Orleans. Mientras el ejército ‘estrangulaba’ a la Confederación en el oeste, la Armada de los Estados Unidos bloquearía los puertos sudistas a lo largo de la costa este y del Golfo. La prensa ridiculizó a lo que apodó como el ‘Plan Anaconda’ de Scott. En vez de en este plan, muchos creían que la captura de la capital confederada en Richmond, a solamente 160 kilómetros al sur de Washington, finalizaría rápidamente la guerra”.

El general W. Scott era casi un anciano de 75 años, y físicamente no estaba capacitado para dirigir esas tropas; esta fue la razón por la que el general McDowell fue el encargado de conducir este ejército tan numeroso. Este libro, muy documentado, presenta un capítulo muy interesante sobre la ‘Logística’ del ejército de la Unión, y también de pasada sobre los confederados. El capítulo final se refiere a ‘Resúmenes Biográficos Seleccionados’, tanto para oficiales de la Unión: I. McDowell (1818-1885), A. E. Burnside (1824-1881), E. D. Keyes (1810-1895), D. Tyler (1799-1882), como con los oficiales de la Confederación: P. G. T. Beauregard (1818-1893), J. E. Johnston (1807 -1891), Th. J. Jackson (1824-1863), y N.G. Evans (1824-1868). Estos son los oficiales que están en activo en este momento de la guerra y, sobre todo, de la batalla que hoy nos ocupa. Más adelante aparecerán los que están en la memoria de los seguidores de la Guerra Civil (1861-1865), tales como: Lee, Sheridan, Grant, Sherman, Jeb Stuart, y tantos otros.

Comparadas con batallas posteriores, las bajas en la Primera Batalla de Manassas no habían sido especialmente elevadas. Las bajas confederadas y de la Unión entre muertos, heridos y desaparecidos fueron de poco más de 1.700 en cada bando. La Primera Batalla de Manassas demostró que la guerra no sería ganada por una única gran batalla y ambos lados comenzaron a prepararse para un largo y sangriento conflicto”. Sea como sea, la prensa unionista cargó las tintas contra el general Mc Dowell, al que le cargaron todas las culpas de la derrota, y sería el chivo expiatorio. Por lo tanto, el 25 de julio del año 1861 el susodicho militar sería cesado del mando fulminantemente. Esto es lo mínimo que se puede reseñar sobre este volumen monográfico, que recomiendo sin ambages. «Errare humanum est, sed perseverare diabolicum. ET. Medice, cura te ipsum».

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