Ulises nos narra el periplo de varios personajes que se van cruzando en el transcurso de un día, concretamente el 16 de junio de 1904, y sus descripciones y diálogos componen una obra trascendente, iluminada y oscura, seria y humorística, ingenua y procaz, crítica y críptica, una novela que sorprende y desarma, sencilla en la epopeya vulgar que cuenta un día por Dublín, pero compleja en los paralelismos clásicos que se ramifican por una estructura que va revelando su carácter innovador capítulo a capítulo, con una solución diferente para cada caso: narración exterior, monólogo interior, crónica costumbrista, lenguaje teatral y epistolar, fórmulas periodísticas y publicitarias, etc. Quien se acerque a esta lectura sin complejos y sin prisas acabará empatizando con el comerciante Leopold Bloom, un hombre humillado; con el profesor y poeta Stephen Dedalus, un hombre desorientado y desmotivado; y con el desparpajo de Molly Bloom, la esposa infiel de Leopold, que protagoniza a sus anchas el célebre capítulo final de la novela.
El Ulises es sin duda una novela emblemática, que concita por igual legiones de rendidos admiradores y acendrados detractores. Hay que aprender a disfrutar de ella sin desesperarse por los laberintos de palabras, sin indignarse por los comportamientos irregulares, sin escandalizarse por pensamientos o expresiones soeces, pero detectando el humor, la ironía, la ternura, la crítica…, asimilando las referencias culturalistas que enriquecen los comentarios y los análisis, y abandonándose a un flujo desordenado de conciencia que nos recuerda sin tapujos el gozo de estar vivo, y que se asoma al sur, al menos una vez cada año, acercando las aguas grises del Atlántico a los azules del mar Mediterráneo y a la brisa y a la luz de las calles y las tabernas de la hermosa ciudad de Málaga.
Enviado por José Antonio Sierra
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