Los vettones es uno de los pueblos más interesantes de la Hispania romana, quienes poseían también un cierto porcentaje de elementos célticos, aunque sí es verdad que el influjo del celtismo en Iberia o Hispania, obviamente, siempre produjo entre todos sus pueblos elementos importantes, desde los funerarios hasta los socio-culturales. En los inicios de hace unos 25 siglos, los romanos y los griegos, como hicieron a lo largo de toda la Antigüedad, al analizar los comportamientos sociopolíticos de los habitantes de las provincias actuales de Ávila, Salamanca, oeste de Toledo, sur de Zamora y el norte de Cáceres, consideraron que tenían rasgos comunes entre ellos de todo tipo. Por consiguiente, los cronistas, historiadores y geógrafos de la Antigüedad decidieron que estos indígenas eran los vettones de la Vettonia o región de esos pueblos prerromanos ya citados. Es correcto pensar que la lengua era común a todos ellos, además de que sus ideas y creencias eran las mismas y, sobre todo, la organización socioeconómica de esos vettones representaba a toda esa gentilidad. Y, como siempre, será Roma quien decida las diferencias entre vettones o vacceos, galaicos lucenses y bracarenses, o cántabros y ástures transmontanos y cismontanos-augustanos, y por fin los celtíberos (lusones, arévacos, titos, belos y pelendones) y los carpetanos, calificándolos por la posesión o pertenencia de esas características semejantes, etc. “Una de las características esenciales de estos pueblos eran sus elevados poblados preparados para la defensa, con sus murallas, sus torres, sus baluartes, sus fosos y sus piedras hincadas. Algunos de estos castros son Sanchorreja, Las Cogotas, La Mesa de Miranda, Ulaca, El Freíllo, Las Merchanas, Yecla de Yeltes, Saldeana o Salmantica. Algunos de estos lugares se construyeron sobre lugares elevados y de relativamente difícil acceso, en la confluencia de dos o tres cauces fluviales y junto a vías de comunicación. Y con una vista para controlar el terreno circundante por si se acercaba algún despistado con aviesas intenciones. Sus difuntos de mayor categoría eran incinerados y las cenizas resultantes, introducidas en urnas cerámicas que enterraban bajo tumbas junto con sus ajuares, compuestos por vasos alfareros que contenían ofrendas alimentarias, objetos personales de bronce y armas de hierro. Aunque la mayoría de las tumbas son mucho más humildes; cenizas del finado en modestas vasijas de barro”. Estos pueblos se dedicaban tradicionalmente a la ganadería, más que a la agricultura. Está documentado que se ocupaban de la explotación del ganado bovino y suido, que es decir el de los cerdos. Es por ello por lo que son afamados, por lo tanto, por su representación de los denominados como verracos vettones. Nada se conoce sobre la lengua que utilizaban estos pueblos para comunicarse entre ellos, todo lo contrario que entre los celtíberos que aprendieron su escritura de sus vecinos íberos, adaptando a su idiosincrasia su conjunto de signos. En la meseta occidental estos pueblos prerromanos comenzaron a escribir cuando entraron en contacto con los romanos. No se conoce la vinculación de esta lengua vettónica mucho o poco con la de los celtíberos. Tengo el honor de agradecer al autor el que haya utilizado y citado un trabajo monográfico que realicé en el año-2006 para Ars et Sapientia-VII de Cáceres y titulado: ‘Los vettones, el pueblo prerromano del Cáceres extremeño, la Helmantika legionense y la Ávila castellana’; del que voy a citar el texto sensu stricto (página-36): “Según García-Osuna Rodríguez, los rasgos más característicos de la lengua lusitana, que podría ser la base de la supuesta lengua que hablaron los vettones, serían el mantenimiento en posición inicial de la ‘p’ indoeuropea, la conjunción copulativa ‘indi’ o ‘y’ frente al ‘cue’ de los pueblos célticos de la meseta oriental, nominativo plural en ‘o’ con desinencia pronominal ‘oi’. Lo cierto es que la frontera entre la lengua lusitana y las orientales célticas, como el celtíbero y sus derivadas (como el carpetano) permanece difusa y no conocemos ni semejanzas ni diferencias. Pero sí que se conocen íntimas conexiones entre los pueblos occidentales de la meseta, lusitanos y vettones. Como algunos teónimos son comunes a ambos pueblos, se puede colegir que posiblemente los vettones hablasen algún dialecto del lusitano”. Se considera a los pueblos, mayoritariamente del norte peninsular, como conformadores de cultura, que no de etnia, céltica. Son ellos: vettones, vacceos, lusitanos, galaicos lucenses y bracarenses, carpetanos, celtíberos y ya citadas sus cinco gentilidades, cántabros y ástures con sus dos gentilidades definidas por el río Ástura o Esla. Existe un nexo en común entre lusitanos y vettones, los cuales paradójicamente miraban, y de ello bien que se aprovecharían los romanos, por encima del hombro a los celtíberos mesetarios. En la Vía de la Plata se encuentra la línea divisoria entre vettones y lusitanos, que es muy probable que no tuviesen tantas diferencias sociológicas entre ellos. Aunque sí es verdad que los lusitanos son más conocidos por la gran cantidad de problemas que dieron a los legionarios del SPQR. Diódoro Sículo escribe sobre los habitantes occidentales de la cuenca del Tajo. “Hay una costumbre muy propia de los íberos, más sobre todo de los lusitanos, y es que cuando alcanzan la edad adulta, aquellos que se encuentran más apurados de recursos, pero destacan por el vigor de sus cuerpos y su denuedo, proveyéndose de valor y de armas, van a reunirse en las asperezas de los montes; allí forman bandas considerables que recorren Iberia, acumulando riquezas con el robo, y ello lo hacen con el más completo desprecio a todo”. Otro historiador y geógrafo de la Antigüedad, Estrabón, los descalifica y vilipendia, elevando a categórico lo sociológico costumbrista. “Las que habitan un suelo pobre y carente de lo más necesario, habían de desear los bienes de los otros… La mayor parte de estas tribus han renunciado a vivir de la tierra para medrar con el bandidaje, en luchas continuas mantenidas entre ellas mismas o, a travesando el Tajo, con las provocadas contra las tribus vecinas… Como estas tenían que abandonar sus propias labores para rechazar a los de las montañas, hubieron de cambiar el cuidado de los campos por la milicia, y, en consecuencia, la tierra no sólo dejó de producir incluso aquellos frutos que crecían espontáneos, sino que además se pobló de ladrones”. Los vettones aparecerán, muchas veces, incluidos dentro de la gentilidad de los lusitanos, pero sí se sabe que solían participar en razzias con los lusitanos, y siempre presionando a pueblos vecinos, como por ejemplo lo serían a los carpetanos. Cuando llegan a Iberia los cultos fenicios, con su habitual y desarrollado sentido del comercio, en el inicio de la Edad del Hierro, se encuentran con que el influjo de los íberos ha llegado ya hasta el territorio de los vettones, aunque esta dependencia cultural no es precisamente importante y muy desarrollada. “En sentido contrario, apenas hay constancia de elementos vettones en territorio ibérico, con la excepción de un pequeño verraco de piedra, un exvoto localizado en el santuario ibérico del Cerro de los Santos. Pero aún así, hay paralelos en territorio ibérico de objetos encontrados en necrópolis vetonas, que nos indican que existieron contactos directos o indirectos a través de intermediarios: mercenarios, comerciantes, mensajeros, viajeros de todo pelaje”. Los vettones tienen confrontaciones bélicas tanto con los púnicos como con los romanos, y es de todos los estudiosos de la Historia Antigua conocida la relación que tuvo el gran Aníbal Barca con las mujeres vettonas en el asedio a Salmantica-Helmantiké, y la valentía que demostraron, y este hecho fue lo que admiró al genial Barca. En relación con los romanos, el occidente de la Meseta Central sería conquistado por las legiones del SPQR hacia el primer tercio del siglo II a.C., con lusitanos y vettones luchando juntos contra el habitual genocidio imperialista de Roma. Entre los años 153 y 133 a.C. se encuentra el período del caudillo lusitano Viriato. Tras la victoria final sobre vettones, vacceos, ástures cismontanos y lusitanos es cuando, situado el hecho en la época del Emperador César Augusto se construye la Vía de la Plata. «Vettones es un viaje apasionante al corazón de una cultura única, donde la magia, la guerra y la vida cotidiana se entrelazan para revelar los secretos de un pueblo que dejó una huella imborrable en la historia de la península ibérica. Adéntrate en la fascinante historia de los vettones, enigmáticos habitantes prerromanos vinculados a la rica cultura celta que dejaron su huella en las tierras que rodean el imponente Sistema Central durante el primer milenio a.C. Las páginas de este libro nos descubren los misteriosos vestigios de su cultura, desde los majestuosos poblados hasta sus poderosas armas bellamente decoradas. Ávila, Salamanca, el sur de Zamora, el nordeste de Cáceres y el oeste de Toledo fueron testigos de la grandiosidad de los vettones, cuyos poblados eran auténticas fortalezas con murallones de granito tallado con insculturas de caballos, manifestaciones escultóricas de toros y cerdos, los célebres verracos que se erigían como guardianes de la tierra. Estos imponentes verracos no solo marcaban territorio, sino que también poseían un carácter apotropaico, desplegando una magia protectora para alejar el mal de sus dominios. A través de estas páginas, acompañarás a los vettones en su vida cotidiana, explorando su actividad económica principal como ‘los señores del ganado’, según los definió el arqueólogo Jesús Álvarez-Sanchís, uno de los mayores expertos en la materia. Descubrirás cómo, con permiso de la guerra, otra de sus pasiones, los vettones forjaron su identidad sobre la base de la ganadería y la defensa de sus tierras». ¡Obra extraordinaria que merece todas las loas posibles! «Iustitia est unicuique dare quod suum est. ET. Quod omnes tangit ab omnibus approbari debet». Puedes comprar el libro en:
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