He cruzado el charco para hablar con Alex, uno de sus fundadores, y comprobar si detrás del hype hay verdad o solo humo. Lo que he encontrado es un puñetazo sobre la mesa: el cine clásico, con toda su épica y su tradición, ya tiene un heredero incómodo, brillante y, sobre todo, imparable. Alex, gracias por recibirme. La primera vez que vi vuestros vídeos no supe si reírme o sentirme alucinado. ¿Qué se siente al ser el embajador de esta esquizofrenia tecnológica? (Ríe) No lo llamaría esquizofrenia, sino vértigo creativo. El mismo que debieron sentir los primeros que empuñaron una cámara de cine. De repente, el mundo se abre: todo lo que antes era un sueño dibujado en una libreta, ahora puede cobrar vida. Yo llevo años escribiendo cortos, libros, guiones… pero siempre topaba con un muro: el presupuesto, la técnica, las limitaciones. Con la IA, ese muro se derrumba. Hace siete años escribí un guion sobre la Atlántida y civilizaciones perdidas. Estuvo cogiendo polvo en un cajón. Hoy, gracias a esta tecnología, estamos negociando para convertirla en una película híbrida con actores reales. Si sale adelante, será un sueño que no me cabe en el pecho. En vuestro manifiesto habláis de «más de una década de experiencia como filmmakers». Pero seamos sinceros: habéis cambiado la cámara ARRI por el teclado y una suscripción a Midjourney. ¿No es una traición a esa esencia analógica que tanto veneramos los críticos? Eso es mirar con anteojeras. Es cierto que cualquiera puede abrir Midjourney y ponerse a generar vídeos. Pero la mayoría son ruido, no cine. Lo nuestro aspira a otra cosa: que al ver uno de nuestros trabajos, el espectador diga: «Esto es cine». Nuestro proceso no es tan distinto al tradicional: partimos de una idea, escribimos guion, diseñamos personajes y escenarios. La diferencia es que, en lugar de una cámara, usamos prompts, imágenes y trucos de oficio. Y ahora estamos dando el salto a la producción híbrida, mezclando actores reales con entornos generados. Como en esta adaptación de Baki que está arrasando: https://www.youtube.com/watch?v=LJmZabvus0Q Te aseguro que, por mucho que tengas una suscripción, hacer algo así sin formación cinematográfica es casi imposible. O tienes el don, o te estrellas. Hablemos de Zaragoza. Ustedes han logrado lo que el Ayuntamiento no pudo en décadas: poner la ciudad en el mapa cultural global. Pero, ¿a qué precio? Somos de Zaragoza, pero ya ninguno vive allí. Hemos tenido que cruzar el océano para que nos tomen en serio. En España, el emprendedor se siente más perseguido que apoyado. Nuestros políticos parecen más interesados en exprimir al que produce que en dejarle crecer. Y eso duele, porque amamos nuestro país, su gente, su cultura… pero es inviable competir al nivel de Hollywood con un ecosistema que ahoga en lugar de impulsar. Mientras eso no cambie, seguiremos llevando el nombre de Zaragoza y España desde fuera. Y lo haremos a lo grande. El mundo del cine tiembla. Actores en huelga, guionistas exigiendo cláusulas anti-IA. Ustedes quieren hacer una de las primeras películas híbridas. ¿Son la solución o el problema? Soy un apasionado de la historia. Y la historia nos enseña que en cada gran cambio tecnológico hay miedo. La Revolución Industrial fue vista como una amenaza por los luditas, y sin embargo el mundo se adaptó. Lo mismo pasará ahora. La IA ha llegado para quedarse. Negarlo es infantil, aunque entendible desde el miedo a lo desconocido. Pero nosotros no queremos ser meros espectadores; queremos ser referentes para marcar las reglas de esa convivencia. Apoyamos fórmulas justas, que integren a los profesionales de siempre y no los sustituyan sin más. ¿Somos la solución o el problema? Alguien me dijo una vez que en la vida no hay blancos ni negros, sino una escala de grises. Nuestras obras hablarán por nosotros. Que cada uno juzgue. Una imagen vale más que mil palabras. ¿Puede una máquina sentir lo mismo que usted siente ante un atardecer? Por supuesto que no. Igual que una cámara ARRI no siente nada, y sin embargo se usó para filmar Joker o Vengadores: Endgame. La IA es una herramienta, no un ser. Puede imitar, analizar, replicar… pero jamás experimentará lo que un humano. Y ojo: mucha gente cree que esto es teclear un prompt y pulsar un botón. Nada más lejos. Si es tan fácil, invito a cualquiera a hacer un vídeo como el nuestro. Si lo logran, que nos llamen, porque los contratamos al instante. Con el Mundial, vuestro contenido ha superado los 200 millones de visualizaciones en 30 días. ¿Qué se siente al provocar ese impacto? Una locura absoluta. Empezamos con un vídeo de cinco minutos que retrataba a los 48 países participantes con esa esencia mundialista que parecía perdida: unión, deporte, pasión sin fronteras. Y la respuesta ha sido abrumadora. Incluso creamos la canción con IA desde cero, y ya suena en Spotify y YouTube con millones de reproducciones. Hay quien dice que gusta más que la de Shakira… salvando las distancias, claro. Después del primer boom, lanzamos vídeos tras cada partido. Y la gente no solo mira: nos escriben, nos proponen ideas, nos envían vídeos bailando nuestras canciones. Ver a aficionados de todo el mundo emocionarse con sus jugadores convertidos en héroes de película… no tiene precio. Y esto, señores, es solo el principio. Estamos trabajando en una serie y una película originales. Ojalá muy pronto las vean en la gran pantalla. Alex se levanta, ofrece un segundo café que rechazo. Su mirada es la de un artista renacentista al que acaban de regalar una imprenta: sabe que las reglas del juego han cambiado para siempre. The Blue Horizon no es el futuro; es un espejo del futuro en el presente. En una ciudad que mira al siglo XXI con un pie en la tradición y otro en el abismo digital, estos cuatro jóvenes han demostrado que no hacen falta millones de dólares para emocionar. Solo hace falta creatividad a raudales, una pizca de locura y el valor de mirar al cine clásico a los ojos… mientras se preparan para transformarlo. Será una transformación de primera clase, y nos han invitado a todos. La pregunta es: ¿estamos listos para asistir?
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