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Calderón de la Barca
Calderón de la Barca

"La intuición y la sensibilidad del artista" por Edvardo Zeind Palafox

Por Eduardo Zeind Palafox
jueves 23 de octubre de 2014, 13:23h

Ya sólo encuentro sosiego y goce en los clásicos latinos y griegos, en la "Biblia de Jerusalén" y en los clásicos castellanos. Ciertamente me place más Calderón de la Barca, queridísimo en Alemania, que Lope de Vega, más gustado en países como Francia y España, donde nació. También soy aficionado a los intrincados axiomas y conceptos de Kant, que a pesar de ser difíciles de intelegir, "enseñan a pensar", como dice mi maestro el doctor Óscar Villarreal Reyna, teólogo, pedagogo y ensayista al que debo mi sólida formación filosófica.

Y sepan cuantos me lean que Kant, más que serme un instructor, es para mí un inspirador. Su filosofía es mi musa. Dice Kant en su siempre citada por mí "Crítica de la razón pura" que la "sensibilidad" es un espacio y que la "intuición" un acto. No hay una "intuición", mas sí un intuir; no hay "sentir", pero sí un lugar llamado sensibilidad.

Se comprende así el éxito de los clásicos universales, tales como Shakespeare, Cervantes, Dante o Goethe, artífices que lograron asir con el entendimiento "lo" humano, su espaciosa consciencia… sus tuétanos.

La sensibilidad, aunque una, no es unívoca. ¡Distinguid, lector, y ayudadme a pensar! Heidegger frecuentaba a los clásicos griegos para entender, cual etnólogo que busca sociedades rudimentarias, no sobrecargadas de técnica, el mundo; Larra, para no andar embaído en falsos valores éticos, sabía de memoria, se nota en los artículos de Fígaro, a Cervantes; Karl Kraus, para razonar desde las alturas, desde la "genericidad", dominaba la obra de Shakespeare; y Spinoza, que buscó la heterodoxia para pensar libremente, se solazaba con la poesía de Góngora, intrincado hipérbaton que muda la substancia en accidente y al revés.

Todos los autores mentados, tanto lectores como leídos, han "intuido" la "sensibilidad" humana, la han tocado con el idioma. El pensamiento puede tocar el tacto, el gusto, la vista, expresémonos a lo Rimbaud, mientras que la vista no puede mirar el pensamiento.

Los idiomas usan nombres para clasificar a las cosas, para saber cómo sentirlas, y adjetivos para distinguirlas, para intuirlas. Los adjetivos, los predicados, son modos que tienen las cosas para representarse, para presentarse, para estar en el "presente". Es por vía adjetival como podemos empezar a pensar (pensar, diría el neokantiano Natorp, es hacer conceptos y juicios sobre objetos) en las cosas, en la "mujer insulsa", sin sal o desabrida, o en el "hombre alicaído", o "exangüe", sin sueños y sin sangre.

Santo Tomás, en el capítulo XXXIV de su "Suma contra los gentiles", apunta que todo nombre es al mismo tiempo unívoco y equívoco. Unívoco porque aduna cosas dispares que por accidente se parecen, como la "pasión" y la "emoción" bajo la palabra "amor" o como los "ojos" y la "claridad" que dan la idea de "serenidad"; equívocos porque siempre son parciales, porque sólo tratan de fragmentos de las cosas, como el oro, que siendo sólo rico pasa por bello.

Los grandes autores saben que la lengua es instrumento precioso para acercarnos al alma, que como el espejo tiene tacto y vista. Veamos…

Según dice el bardo peruano Chocano en una poesía citada en un libro de Mistral que se titula "Lectura para mujeres", la lengua griega de Homero, fundida en hexámetros, es de "acero", así como la mirada de uno de los personajes de la susodicha obra tiene la "mirada" como un "rayo", que a su vez parece "la hoja de una espada". También tengo a la vista artículos de Leopoldo Alas, y en uno llamado "Los trofeos. Por José María de Heredia", del 12 de julio de 1893, Clarín, nuestro autor, afirma que los poetas parnasistas sabrán convertir "el metal precioso de la lengua en cosa tan flexible que compita con la idea y hasta la reemplace, sin detrimento de la plasticidad, el color y el brillo". Tal conjunto de aseveraciones e imágenes recuérdanos la teoría estética de Platón, para quien la idea era primero ("mirada"), el objeto que la materializa lo segundo ("rayo") y sus imitaciones lo tercero ("hoja de una espada").

¿Entonces la sensibilidad humana, que es espacio, según Kant, o idealidad, o creencia, o dogma, nada intuye si no hay adjetivos, "rayos", "aceros", "colores"? No, por cierto. El buen poeta, entonces, cual alquimista hace substancias con los adjetivos y predicados con los sujetos. El buen poeta distingue entre preceder ("anagnórisis") y producir ("peripecia"), como buen aristotélico (ver su "Poética").

"Aceros", en nuestro Siglo de Oro, significaba "ánimos", "fuerza", "valentía", cuenta Américo Castro en su obra imprescindible. Los análisis diacrónicos del lenguaje nos enseñan que adjetivo y verbo, azul y azulear, acero y acerar, brillo y brillar, se distinguen por ser los primeros quietos ("arithmetica", digamos) y los segundos dinámicos ("dynamis", música, que dirían los griegos). Mientras el público grosero y contentadizo se regodea oyendo y viendo dislates, "intuyendo" sin juicio, quedándose en la superficie de ropajes, pelucas, afectaciones idiomáticas y "modernísimos solecismos", el culto quiere músculos, venas, sangre real.

El conocido canónigo del "Quijote", en el capítulo XLIII, quéjase así del gran disparate del artista jamás mejorado por el estudio: "¿Qué mayor que pintarnos un viejo valiente y un mozo cobarde, un lacayo retórico, un paje consejero, un rey ganapán y una princesa fregona?". "Valentía", "cobardía", "ergotismo", "sabiduría", "baja estirpe" y "fregonería" y "principalidad", son todos adjetivos, cualidades agregadas a lo humano, sí, pero unas distintas, unas que primero se "sienten" y luego se "intuyen", que más se entienden que se miran.

Es tarea del poeta español, terminemos exigiéndolo, purificar su instrumento, el español, que tiene "la gracia y gentileza", como afirma Juan de Valdés en su "Diálogo de la lengua", de "hablar por metáforas", que casi siempre es hablar del accidente, costumbre que no hace posible una profunda y vasta Española, sí esencialmente Española Filosofía, una que pueda pensarse, como la alemana, en cualquier idioma.

Pueden leer más artículos del autora en: 

Blog personal: http://www.donpalafox.blogspot.com

Diario judío: http://diariojudio.com/autor/ezeind/

El Cotidiano: http://www.elcotidiano.es/category/columnistas/critica-paniaguada/

Leonardo: http://leonardo1452.com/author/eduardo_palafox/

Deliberación: http://www.deliberacion.org/?s=Eduardo+Zeind+

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