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Ángel Gil Cheza
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Entrevista a Ángel Gil Cheza, autor de “Pez en la hierba”

“Mi libro es la fotografía de una sociedad enferma no puede sino ser una crítica”

viernes 26 de junio de 2015, 07:58h
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Con tan solo tres novelas, el escritor castellonense Ángel Gil Cheza se está consolidando como uno de los autores más originales de nuestro panorama literario. “Pez en la hierba” es una soberbia novela negra donde el autor plantea cuestiones muy espinosas y actuales, como la violencia contra la mujer y las investigaciones policiales que se cierran en falso, dando una fotografía de una sociedad que el autor califica de enferma con toda la razón.

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Ángel Gil Cheza
Ángel Gil Cheza (Foto: Javier Velasco)

Si su anterior novela “El hombre que arreglaba las bicicletas” era una obra intimista y hasta cierto punto sentimental, en esta nueva obra, Ángel Gil Cheza, toca temas polémicos, algunos de ellos giran en torno al mundo futbolístico. Su escritura se ha ido haciendo con el tiempo más madura y ruda. Acomete las cuestiones espinosas con dureza pero con un punto de vista muy moderno. En la entrevista nos descubre sus motivaciones para escribir su novela.

¿Cómo surgió la idea de escribir “Pez en la hierba
Todas mis novelas surgen de una pregunta. En este caso, esa cuestión era: ¿Qué pasaría si el mejor jugador de fútbol del mundo fuese una mujer? A partir de ahí la ambientación en mi localidad natal, Vila-real, era más que obligada, pero también una tarea apetecible para alguien que dejó el pueblo hace casi veinte años.

¿Está basado en hechos reales?
No, en absoluto. Los crímenes que trato en la novela nunca han ocurrido, e intenté que no se asemejaran a ningún otro ocurrido recientemente. Es una ficción, nada más, pero por desgracia nos puede resultar real porque la violencia contra la mujer en todas sus formas impregna nuestra sociedad. No importa si este caso es real o no —aunque ya ha quedado claro que no—, importa que cientos de casos tan o más terribles que éste sí lo son.

¿Cuánto tiempo dedicó a documentarse?
La documentación acompañó todo el proceso de escritura, desde el primer minuto hasta el último. Recuerdo que a un par de capítulos del final decidí dejar de escribir y localizar a un testimonio que no había podido entrevistar todavía. Y lo cierto es que era la pieza que faltaba. Porque en la novela no sólo se resuelve la trama, también he intentado resolver el enigma de la leyenda de la cueva que apasiona a los vecinos de Vila-real desde siempre.

¿La investigación histórica fue difícil?
Como en toda investigación, y en el caso de las históricas más si cabe, la sensación de que no se puede abarcar con todo, de que siempre hay elementos que se nos escapan es un desasosiego continuo, pero cuando caes en una trama sin remedio hay un empuje natural, una fuerza de arrastre que te lleva hasta el último dato que necesitas. Entonces miras las cartas que tienes y juegas tu partida.

¿Tuvo ayuda para traducir los documentos de la época medieval?
Sí, por supuesto. El archivero municipal se prestó a ayudarme desde el principio. Y lo cierto es que me facilitó mucha información y me atendió siempre que aparecí por el archivo cargado con docenas de preguntas e hipótesis. Él, y otras personas —cada una experta en su mundo— y su gran amabilidad han hecho posible una novela tan complicada de montar.

¿Cuántas de sus vivencias ha utilizado para escribir la novela?
En esta novela me he permitido muchos guiños a la realidad, a mi pasado, a mis amigos, al pueblo. Es una ficción, los personajes no son reales y los hechos tampoco, pero hay un sembrado de pequeñas informaciones que sí lo son, cosas sin importancia, licencias de escritor que a veces no he sido consciente siquiera de haber introducido hasta varias lecturas después. Y otras sí.

¿Es más fácil escribir sobre lo que se conoce tan íntimamente?
Sobre lo que se conoce, o sobre lo que se está dispuesto a investigar hasta el final. Sólo dominando una materia podemos disponer de los recursos para desplegar una ficción verosímil y que atrape al lector. Hay muchos detalles que no se aprecian durante la lectura pero que forjan la ambientación y la solidez de una novela. Y esto se consigue sabiendo qué se quiere contar y teniendo las herramientas para ello.

¿Cuántos misterios quedan por desentrañar en las cuevas de Vila-real?
Son ocho siglos de una población fundada sobre una cueva de varios kilómetros de largo y oquedades de cientos de metros cuadrados. Entradas desde la iglesia Arciprestal, desde las antiguas mazmorras y desde innumerables casas privadas nos hacen pensar en cualquier hecho novelesco que se nos ocurra. Lamentablemente, como ex arqueólogo, hace tiempo que asumí la frustración de no poder más que arañar unos pocos hechos del pasado con los pocos vestigios que encontramos. La cueva encierra, supongo que para siempre, docenas de misterios y secretos.

¿Es el fútbol tan importante en su ciudad como cuenta?
Sí. Es algo natural. Hay que pensar que es fácil que un pueblo de estas dimensiones se vuelque en su equipo cuando disputa las competiciones europeas más importantes y la Liga. Llega una noche de partido y de repente la ciudad está tomada por equipos de televisión y radio de medio mundo. Y en el campo se juega al fútbol contra los grandes. Es fácil que la gente de una ciudad pequeña se movilice como lo hace.

¿Siguen confraternizando con la ciudad de Glasgow?
Sí, incluso hay una peña de fútbol, el Celtic Submarí, que organiza todos los años encuentros amistosos entre aficiones. Además de hacer una gran labor de recaudación de fondos para la asociación de niños con cáncer Aspanion con diferentes iniciativas, en las que ambas aficiones participan.

Por otra parte, en las fiestas patronales, es fácil ver a algún grupo de escoceses con sus kilts y sporrans que han sido invitados por algún vecino y participan de la celebración como cualquiera.

En un principio puede parecer una novela negra que trata ciertos temas sociales, ¿cómo definiría su novela?
Pez en la hierba es una novela negra, dura, pero a la vez es una fotografía social, y como tal, la fotografía de una sociedad enferma no puede sino ser una crítica. Pero detrás de eso hay unas historias de vida que la hacen una novela de personajes. Unas vidas que se mueven por la atracción y el rechazo a los demás, al amor, al pasado, a los recuerdos, al porvenir… como la de cualquiera de nosotros.

¿Se siente a gusto en ese género?
Me siento a gusto en mi propia interpretación del género. No soy un entendido en la materia y no he pretendido más que acercarme al género desde mi propia prosa, desde mi forma de escribir y de ver el mundo.

¿Se dan muchos casos, en el mundo policial, de cerrar en falso las investigaciones criminales?
Bueno, por todos es sabido que sí se dan casos, bien por torpeza, bien porque hay intereses en encontrar culpables pronto o incluso por despistar la investigación. La ficción, la literatura y el cine están plagados de casos, algunos de ellos reales. Consumimos mucha ficción criminal y vemos esto todo el tiempo. Como espectadores es una premisa con la que contamos.

Todos sus policías son personajes muy cercanos, incluso hay alguno que se da la vuelta cuando hay problemas. ¿Es realmente así o lo ha ficcionado?
Es una ficción. Te refieres a Pep, el policía local. Me interesaba, con este personaje, mostrar cómo en un pueblo pequeño las distancias son más cortas. Un vínculo de algún tipo nos une con todos y cada uno de los ‘agentes’ públicos o populares. Conoces a tal concejal porque estudiaba con tu hermano o al policía local porque jugaba contigo al fútbol-sala, o el alcalde es el padre de una chica que conocías en el instituto. Todo es más humano, más real, para bien y para mal. Quien saca una oposición para policía lo hace por cientos de motivos, y en este caso, Pep sólo lo hace por el sueldo y los días libres. Pero no estoy haciendo una doble lectura. De hecho, uno de los colaboradores que he tenido en la investigación de las cuevas y la acequia del Diablo ha sido precisamente un policía rural, una persona que dedica su tiempo libre a buscar y estudiar el patrimonio olvidado y a ayudar a protegerlo. Alguien indispensable en una sociedad local.

Por lo que cuenta, el mundo del fútbol femenino está viciado en origen. ¿En qué o quién se ha basado para dar esa visión tan oscura del fútbol?
Más que viciado de origen resulta malparado por la ley, por el propio organismo futbolístico y por algunos clubs más que otros. Justo sale esta novela cuando el fútbol femenino es noticia, y lo es precisamente por todo lo que yo denuncio, las malas condiciones en las que juegan estas chicas, pero también, con cierto optimismo asistimos a la inclusión de equipos femeninos en el videojuego más conocido de fútbol. Quizá algo ya está cambiando, y me alegro de poner mi granito de arena.

La condición masculina sale mal parada en la novela. Ainara no confía en los hombres, ni en sus instintos. Sin embargo, decide ser madre. ¿El instinto maternal está por encima de esos prejuicios?
Ainara es uno de los personajes más difíciles de entender de la novela. Somos humanos, y como tales, somos contradictorios. Hacemos lo contrario a lo que decimos y decimos lo contrario a lo que pensamos. Esto es así muchas veces. Esto es lo que le otorga complejidad a las relaciones humanas. Muchas veces no sabemos por qué actúa así nuestro hermano, nuestro vecino, es normal que tampoco sepamos por qué actúa así un personaje. Lo importante es que esté vivo. En mi opinión, y ahora que lo dices, para Ainara quedarse embarazada es una forma de boicotear esa cárcel en la que ha decidido vivir, esconderse, y que ello la obligue a salir al exterior.

¿Cuánto de Miquel hay en usted?
Pues es una buena pregunta. Quizá debería hacérmela a fondo y de ese modo me podría conocer un poco mejor. Hay cosas a simple vista. Es evidente. Pero creo que hay más cosas de mí en Pasqual, por ejemplo, y cuando digo de mí digo de mi entorno, de mis seres queridos. Pero sí, uno no puede evitar desparramarse por todos los personajes, incluso por las calles del pueblo… Me he sorprendido en cada lugar.

En la novela, se desplaza en bicicleta. ¿Es un homenaje a su anterior novela, “El hombre que arreglaba las bicicletas”?
Mi padre, mi abuelo, cualquier agricultor del pueblo se solía desplazar en bicicleta (motocicleta en muchos casos) hasta el huerto cada día con su perro de confianza corriendo al lado o sobre un capazo. Puede que sea un homenaje a ellos, a cada labrador que convirtió la piedra en tierra y sembró vida.

Hay una parte muy literaria en la novela. Miquel es editor-corrector de libros. ¿Se ha basado en su experiencia para escribirlo?
Me interesaba mostrar la trastienda de un oficio y de una parte del proceso editorial que conozco bien, y que puede resultar interesante para el lector. Así también podía hacer un sutil análisis de la crisis del sector; una mención más que un análisis, pero dejar constancia.

¿Cuál de los personajes le ha gustado más describir y cuál menos?
He disfrutado mucho con la historia de Pasqual. Es una novela dentro de la novela. Es una subtrama de personajes que podría tener vida propia en otra ficción. Incluso virando un poco el punto de vista del narrador, Pasqual sería un personaje protagonista sin ningún atisbo de duda. Creo que puedo aprender mucho de un personaje así.

¿Cómo surgió el título Pez en la hierba? ¿Es un canto a los desubicados?
Pez en la hierba es la desgracia, es la fatalidad; estar donde no se debe cuando no se debe, y el capricho más tonto del destino puede convertir un minuto cualquiera en el último. En el mundo hay muchos intereses en juego, y un organismo tiene que saber cuál es el riesgo que corre al cambiar de medio. Hay demasiados intereses en que nada cambie, en que todo siga igual, en que el dueño de la caña siga pescando.


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