Ediciones Vitruvio. 2015
06/08/2026@21:21:00
Un libro, por definición, es una sucesión, una flecha que va de la primera a la última página, y toda flecha, ya lo sabía cierto griego perplejo ante una tortuga, es una forma de dudar sobre si el movimiento existe. Martínez-Conde no ignora esta forma de especulación. Sus poemas avanzan y, al mismo tiempo, se demoran en la posibilidad de no haber avanzado nunca, como si cada composición fuera una variación sobre un único poema inmóvil, anterior al libro, del cual estas páginas fuesen su sombra proyectada. En su refinado sentido de la composición, las piezas que componen el libro no obedecen a una acumulación arbitraria: determinados motivos reaparecen, cambian de tonalidad, se enriquecen con nuevos matices y terminan construyendo una unidad profunda que el lector percibe incluso antes de identificarla racionalmente No sería impropio imaginar que este libro ha existido siempre y que el autor no ha hecho sino descubrirlo lentamente, como quien reconoce un sendero oculto en un bosque frecuentado durante toda la vida.