Colapso del poder mágico de los números. Incluidas nuestras políticas docentes presuntamente avanzadas, incluida la de inmersión lingüística, con un acento especial en la competencia tecnológica del alumnado y su derivada contable: crear un mundo de profesionales altamente rentables para el mercado. ¿Qué está fallando? Tal vez un factor latente pero no computable. ¿Cuál? El valor de la cultura en nuestra sociedad, qué entendemos por educación y cómo la administramos.
Tras reconocer los pésimos resultados, la consejera vasca de Educación, Begoña Pedrosa, ha avanzado dos respuestas inefables: la promesa de “contextualizar” esos datos y -echémonos a temblar- convocar un “foro de expertos”. Seis expertísimas leyes de Educación en veinte años, sumadas a la última vasca. Todos construidas sobre un mantra lisérgico: estamos fraguando la generación mejor preparada de la historia.
¿Preparada para qué? ¿Para recurrir en todo a la IA y ser incapaz de entender un texto mínimamente complejo? ¿Qué decir de su pobreza expresiva cuando les toca comentarlo? ¿Hay alguien ahí que haya advertido la relación entre palabra y pensamiento, entre debilidad expresiva y precariedad intelectual? Por supuesto que no: prima la política de resultados, el algoritmo triunfal, la competencia tecnológica. Aunque no pase de remedar la de aquel simio informatizado que anticipó Román Gubern, antítesis del mono gramático entrevisto por Octavio Paz en la figura de Hanuman, el dios simio de la mitología hindú. ¿Qué simboliza en lo humano? La criatura animal que busca ordenar el caos del mundo mediante el lenguaje. La palabra da sentido al mundo, la selva se vuelve texto. El mono deja de serlo cuando aprende a escribir. Desde el autoconocimiento, y con un sentido.
Un dato más, paralelo a todo lo previo. De pronto, según constata PISA, esa generación mejor preparada es igualmente la más desmotivada. Ni curiosidad ni perseverancia, deserción de la cultura del esfuerzo, deserción de la excelencia. ¿En los alumnos, o también en los profesores? Y los padres ¿qué?
La educación, antes que en la escuela se funda en la familia, en la vida social. Es lo que defendía el Informe Delors promovido por la UNESCO en 1996. Dos puntales: aprender a ser, aprender a conocer. Título: La Educación encierra un tesoro. El tesoro oculto de aprender a leerse por dentro. Una formación integral que comience por enseñar a ser. Pero eso, ¿en qué rimbombante nuevo plan estratégico se contempla? ¿Quién está facultado para impartir tantas asignaturas pendientes?
La torre de Pisa se inclina, pero de momento no se desploma. El Informe homónimo no deja de caer como una lluvia de piedras sobre nosotros y seguimos encomendando rogativas a los expertos. El día en que se publicó, coincidía con el de la Virgen de los Dolores, de la Amargura y de las Angustias. Seguro que aciertan.
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