Barrio de las Letras de Madrid. Calle Lope de Vega, el triunfador. Un convento, el de las Trinitarias Descalzas. Una cripta común. Los restos entremezclados e indiferenciados de diecisiete difuntos, entre ellos los de un escritor pobre y su esposa. Un entierro de caridad, con el hábito franciscano y una sencilla cruz de madera en la mano. Nada de eso existe ya. Ni siquiera el final queda ya. La muerte ha hecho bien su trabajo de desintegración. La verdad de la verdad no la reflejan los espejos de la vanidad.