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De regreso al laberinto: Fenomenología del sueño mexicano

miércoles 12 de agosto de 2026, 11:10h

Schopenhauer y Berkeley lo teorizaban. Calderón de la Barca lo ponía en escena: La vida es sueño… el sueño, a lo mejor, del idealismo de Platón, de sus ideas inmutables y de la resiliencia a lo eterno. Quizás era así. O quizás, después de siglos, las ideas parecen no ser tan perennes, sino más bien como el río de Heráclito: cambiante, mutable, serpiente.

Schopenhauer y Berkeley pensaban lo mismo que Calderón de la Barca ponía en escena "La vida es sueño"… el sueño, a lo mejor, del idealismo de Platón, de sus ideas inmutables y de la resiliencia a lo eterno. Quizás era así. O quizás, después de siglos, las ideas parecen ser no tan perennes, sino más bien, como el río de Heráclito: cambiante, mutable, serpiente.

¿Es México un sueño? ¿O es el sueño de un sueño? ¿Es un sueño virtuoso? ¿Uno desagradable? ¿O es el sueño de aquel día que solo se sueña con Dios? ¿Es un sueño que nunca comprenderemos? ¿O más bien, que no queremos comprender?

¿Son esos sueños, máscaras que tapan todas nuestras miserias? ¿Es la fenomenología del desmadre, incomprensible para el resto del mundo? ¿O es el sueño de ganar algo para olvidarnos de nuestra soledad? ¿Vitorear laureles hasta que se vuelvan campanas de violencia? ¿El sueño de una energía reprimida? ¿O la liberación de nuestras desgracias? ¿Y dónde queda aquel dios que sueña con ser dios? ¿Pero cuál de todos? ¿Los prehispánicos? ¿O el de nuestros conquistadores? ¿La madre se llama Tonantzin? ¿O Guadalupe? ¿Y el padre?

Y con esas interrogantes llegamos a la fiesta… mexicana, que no sabe si es indígena, española, negra o mestiza. Aquella que roza constantemente con el peligro, la riña y con la figura que finge amar con su máscara, pero que en realidad teme como todos, o incluso, aún más que los demás: la muerte.

Y en ese sueño de ganar “algo” o “lo que sea”, se viste de gala. Pero dicho anhelo nunca llega. Lo que sí llega es el alba, con resaca, dolor, y lo más importante, con un golpe: duro, seco, de pugilista: un golpe de verdad, un golpe de realidad. Se caen las máscaras, se acaban los sueños (si es que sabemos a qué soñamos).

El dios que sueña ya no se encuentra. Y el mexicano, en aquella baladí fiesta, se desnudó, se quitó la máscara y reveló su verdadera esencia —confusa y agresiva—, so pretexto del desmadre y de festejar cualquier cosa, en complicidad con miles o millones más que sufren como él, sin importar si viola la ley, sin importar su integridad, sin importar la vida de los demás.
Lo anterior solo para regresar al laberinto de Asterión, del fauno, de Calderón o de Platón.

Para regresar, como decía Paz,
al laberinto de la soledad.

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